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viernes, 14 de diciembre de 2018

Lección 287 de Un Curso de Milagros

Tú eres mi única meta, Padre mío, sólo Tú

1. ¿Adónde querría ir sino al Cielo? ¿Qué podría substituir a la felicidad? ¿Qué regalo podría preferir a la paz de Dios? ¿Qué tesoro querría buscar, hallar y conservar que pudiera compararse con mi Identidad? ¿Cómo iba a preferir vivir con miedo que con amor?
2. Tú eres mi meta, Padre mío. ¿Qué otra cosa aparte de Ti podría desear? ¿Qué otro camino iba a desear recorrer sino el que conduce a Ti? ¿Y qué otra cosa sino Tu recuerdo podría significar para mí el final de los sueños y de las substituciones fútiles de la verdad? Tú eres mi única meta. Tu Hijo desea ser como Tú lo creaste. ¿De qué otra manera, sino, podría esperar reconocer a mi Ser y volverme uno con mi Identidad?

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Reflexión: Tu deseo marca tu camino. Deseo y meta es lo mismo. Hoy se te invita a que pongas por deseo a Dios, que es lo mismo que decir que hagas Su Voluntad la cual también es la tuya pues son una misma voluntad. Esa voluntad compartida es que estéis juntos pues eres uno con Dios. Pero mientras sigas prefiriendo los deseos del mundo más que el deseo de Dios vivirás en conflicto porque estarás contraviniendo tu propia voluntad. Mientras quieras seguir separado de Dios tu felicidad fluctuará porque a veces parecerás haber conseguido lo que quieres para perderlo al momento siguiente. Las ilusiones van y viene porque los deseos del ego siempre persiguen lo imposible y por eso no se sostienen. 

He dicho anteriormente que ejercer la voluntad en oposición a Dios es querer que los deseos ilusorios se hagan realidad, pero eso no es realmente ejercer la voluntad. Su Voluntad es una porque la extensión de Su Voluntad no puede ser diferente de sí misma. El verdadero conflicto que experimentas, por lo tanto, es entre los deseos vanos del ego y la Voluntad de Dios, que tú compartes con Él. ¿Cómo iba a ser esto un conflicto real?
(T-11.V.5.3:6)

Mientras tengas por meta el mundo querrás tener control sobre él, querrás "manifestar" tus creencias conscientes, y que las cosas ocurran de determinada manera y en un tiempo. Pero detrás de tus deseos conscientes hay también miedos muy profundos que no puedes ver, y eso será lo que verás manifiesto. Hay mucha literatura al respecto de la manifestación y todo un negocio montado alrededor que no cuenta toda la verdad, pues en el fondo se trata de un juego más del ego para mantenerte entretenido desviando tu atención de la verdad. Creer que puedes manifestar el sueño que quieres te hace sentir especial y, dicho sea de paso, mucha frustración cuando harto de ensayar compruebes que ahora parece funcionar y ahora no. Simplemente no puedes controlar lo que proyectas porque en tu subconsciente hay una mescolanza de creencias que sólo te mostrarán arbitrariedad y caos.

El mundo que percibes es un mundo de separación. Quizá estés dispuesto a aceptar incluso la muerte con tal de negar a tu Padre. Sin embargo, Él no dispuso que fuese así, y, por lo tanto, no es así. Tu voluntad sigue siendo incapaz de oponerse a lo que la Suya dispone, y ésa es la razón de que no tengas ningún control sobre el mundo que fabricaste. No es éste un mundo que provenga de la voluntad, pues está regido por el deseo de ser diferente de Dios, y ese deseo no tiene nada que ver con la voluntad. El mundo que has fabricado es, por lo tanto, completamente caótico, y está regido por "leyes" arbitrarias que no tienen sentido ni significado alguno. Se compone de lo que tú no deseas, lo cual has proyectado desde tu mente porque tienes miedo de ello. Sin embargo, un mundo así sólo se puede encontrar en la mente de su hacedor, junto con su verdadera salvación. No creas que se encuentra fuera de ti, ya que únicamente reconociendo dónde se encuentra es como podrás tener control sobre él. 
(T-12.III.9.1:9)

Dejando de desear las cosas del mundo sí podrás controlar cómo sentirte, lo que es infinitamente más importante que tratar de controlar lo que sucede, pues ya no serás esclavo emocional de las circunstancias. No te preocupará lo que ocurra porque sabrás que es irreal. No te moverán las ilusiones y por ello tampoco te asustará ni te frustrará no conseguirlas. Si ocurren las disfrutas desapegadamente mientras duran, y si no ocurren simplemente te encogerás de hombros. Tus deseos y motivaciones son ahora recordar tu verdadera identidad la cual se encuentra en tu unidad con Dios.

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miércoles, 3 de octubre de 2018

Lección 246 de Un Curso de Milagros

Amar a mi Padre es amar a Su Hijo

1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.
2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre Mío. Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Voluntad. Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. Amén.
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Reflexión: 

"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas." 
Mateo 22:36-40

El camino hacia Dios parte de ti y pasa por tu Hermano inevitablemente. No puedes amar a Dios, odiarte tú y odiar a tu hermano porque ambos sois la misma creación de Dios. Y aunque creas que tú puedes amarte a ti mismo pero no amar a uno sólo de tus hermanos, tu amor por ti mismo no será amor, será egoísmo; y eso porque aún existe una base de miedo de dimensiones desconocidas oculta dentro de ti. Entonces es necesario desenterrarla observando lo que sientes y poniéndote bajo la guía del Espíritu Santo para que Él la deshaga.


Tal vez te preguntes por qué es tan crucial que observes tu odio y te des cuenta de su magnitud. Puede que también pienses que al Espíritu Santo le sería muy fácil mostrártelo y desvanecerlo sin que tú tuvieses necesidad de traerlo a la conciencia. Hay, no obstante, un obstáculo adicional que has interpuesto entre la Expiación y tú. Hemos dicho que nadie toleraría el miedo si lo reconociese. Pero en tu trastornado estado mental no le tienes miedo al miedo. No te gusta, pero tu deseo de atacar no es lo que realmente te asusta. Tu hostilidad no te perturba seriamente. La mantienes oculta porque tienes aún más miedo de lo que encubre. Podrías examinar incluso la piedra angular más tenebrosa del ego sin miedo si no creyeses que, sin el ego, encontrarías dentro de ti algo de lo que todavía tienes más miedo. No es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo. Lo que verdaderamente te aterra es la redención.
(T-13.III.1)

Lo que la Voluntad de Dios dispone es que ames al Hijo en su totalidad, pero esa Voluntad empieza por reconocerte tú como Su Hijo sabiendo que tu voluntad es la misma que la del Padre. Por eso no aceptes ser otra cosa. En esto no cabe excepciones.

Tú eres la Voluntad de Dios. No aceptes nada más como tu voluntad, pues, de lo contrario, estarás negando lo que eres. Niega lo que eres y atacarás, al creer que has sido atacado. Mas ve el Amor de Dios en ti y lo verás en todas partes porque está en todas partes. Ve Su abundancia en todos y sabrás que estás en Él junto con todos tus hermanos. Ellos forman parte de ti, tal como tú formas parte de Dios. Cuando no entiendes esto, te sientes tan solo como se siente Dios Mismo cuando Sus Hijos no lo conocen. La paz de Dios radica en entender esto. Sólo hay una manera de escaparse del pensamiento del mundo, del mismo modo en que sólo hubo una manera de adentrarse en él: entendiendo totalmente al entender la totalidad.
(T-7.VII.7)

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viernes, 7 de septiembre de 2018

Lección 231 de Un Curso de Milagros

Padre, mi voluntad es únicamente recordarte

1. ¿Qué puedo buscar, Padre, sino Tu Amor? Tal vez crea que lo que busco es otra cosa; algo a lo que le he dado muchos nombres. Mas lo único que busco, o jamás busqué, es Tu Amor. Pues no hay nada más que jamás quisiera realmente encontrar. Quiero recordarte. ¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo?
2. Ésa es tu voluntad, hermano mío. Y compartes esa voluntad conmigo así como con Aquel que es nuestro Padre. Recordarlo a Él es el Cielo. Esto es lo que buscamos. Y esto es lo único que nos será dado hallar.

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Reflexión: Si te pregunto cuál es tu voluntad cuando estás bebiendo un vaso de agua la respuesta correcta sería que es beber el agua, pero nos solemos complicar la vida con respuestas complejas y podemos contestar que tomar 2 litros de agua diarios, quitarte la sed, mantenerte hidratado, etc. Estas últimas son sólo metas, no son voluntades. La voluntad se manifiesta en el acto mismo de hacer algo y es siempre ahora. Pues la voluntad tuya y la del Padre es la misma, y es estar juntos porque de hecho, no se produjo ninguna separación nada más que en el sueño. Seguís juntos los dos. Lo único que te lo impide saber son tus pensamientos ilusorios que te han hecho olvidarlo. Por eso se habla de tu voluntad es recordar porque "recordar" es restaurar la unidad, es volver a estar juntos. 

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...