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martes, 20 de noviembre de 2018

Lección 275 de Un Curso de Milagros

La sanadora Voz de Dios protege hoy todas las cosas

1. Escuchemos hoy a la Voz que habla por Dios, la cual nos habla de una lección ancestral que es tan cierta hoy como siempre lo fue. Sin embargo, este día ha sido seleccionado como aquel en el que hemos de buscar y oír, aprender y entender. Escuchemos juntos, pues lo que nos dice la Voz que habla por Dios no lo podemos entender por nuestra cuenta, ni aprenderlo estando separados. En esto reside la protección de todas las cosas. Y en esto se encuentra la curación que brinda la Voz que habla por Dios.
2. Tu sanadora Voz protege hoy todas las cosas, por lo tanto, dejo todo en Tus Manos. No tengo que estar ansioso por nada. Pues Tu Voz me indicará lo que tengo que hacer y adónde debo ir, con quién debo hablar y qué debo decirle, qué pensamientos debo albergar y qué palabras transmitirle al mundo. La seguridad que ofrezco me es dada a mí. Padre, Tu Voz protege todas las cosas a través de mí.

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Reflexión: La lección de hoy habla de cómo ser totalmente receptivo y dejarse guiar por la Voz de Dios, el Espíritu Santo. Dice (recuerda que es Jesús quien está dictando la lección): "escuchemos juntos pues lo que dice la Voz no se puede entender por nuestra cuenta, ni aprenderlo estando separados". Ésto es, para oír la Voz hay que unirse a Jesús, o lo que es lo mismo, tienes que abandonar tu personalidad, quien crees que eres, para conectarte con el ser crístico dentro de ti. Luego añade "en esto reside la protección de todas las cosas y se encuentra la curación...", refiriéndose a que tu reconocimiento y unidad con tu Cristo interno te mantiene a salvo de los embates del mundo pues te hacen inmune a él.

En el siguiente párrafo, "Dejo todo en sus manos" significa que te dejas guiar cuando abandonas al ego quien siempre está ansioso y temeroso tratando de saber y controlar lo que ha de suceder. "La seguridad que ofrezco me es dada a mi" te dice que en la misma medida en que confíes y te dejes guiar serás guiado a salvo. La última frase remarca por tanto tu responsabilidad en este proceso: "Padre, Tu Voz protege todas las cosas a través de mí", pues es sólo cuando conectas con el ser crístico dentro de ti que haces valer lo que es eterno. 

Tú eres el custodio y protector del Reino de los Cielos por cuanto que el Cristo reside en ti, pero tienes que hacerlo valer rescatándolo de las garras del ego y de sus ilusiones.

Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla. Pero que sí escuchas a la voz de tu ego lo demuestran tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento. No obstante, eso es lo que quieres.
(T-4.IV.4.1:3)

Jesús es la manifestación del Espíritu Santo, a Quien él invocó para que descendiese sobre la tierra después de su ascensión al Cielo, es decir, después de haberse identificado completamente con el Cristo, el Hijo de Dios tal como Él lo creó. Al ser el Espíritu Santo una creación del Único Creador y al crear junto con Él y a Su semejanza o espíritu, es eterno y nunca ha cambiado. Fue "invocado para que descendiese sobre la tierra", en el sentido de que entonces se hizo posible aceptarle y escuchar Su Voz. Su Voz es la Voz de Dios, y, por lo tanto, ha adquirido forma. Dicha forma no es Su realidad, la cual sólo Dios conoce junto con Cristo, Su verdadero Hijo, Quien es parte de Él.
(C-6.1)

Sólo la Voz de Dios puede decirte cómo sanar. Escucha, y nunca dejarás de ofrecer Su amoroso remedio a aquellos que Él te envía, para que permitan que Él los sane, y para bendecir a todos aquellos que colaboran con Él en nombre de la sanación. 
(S-3.III.6)

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martes, 9 de octubre de 2018

Lección 254 de Un Curso de Milagros

Que se acalle en mi toda Voz que no sea la de Dios

1. Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra oración que ésta: que me des la verdad. Y la verdad no es sino Tu Voluntad, que hoy quiero compartir Contigo.
2. Hoy no dejaremos que los pensamientos del ego dirijan nuestras palabras o acciones. Cuando se presenten, simplemente los observaremos con calma y luego los descartaremos. No deseamos las consecuencias que nos acarrearían. Por lo tanto, no elegimos conservarlos. Ahora se han acallado. Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios se comunica con nosotros y nos habla de nuestra voluntad, pues hemos decidido recordarle.
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Reflexión: Esta lección viene a ser, con otras palabras, una repetición de la nº 106. "Déjame aquietarme y escuchar la verdad". Insiste en la necesidad de acallar la voz estridente del ego, la cual se manifiesta en forma de pensamientos, para poder escuchar la Voz de Dios.

La voz del ego es siempre una alucinación pues responde a la irrealidad de tus pensamientos erróneos. Esa voz siempre está relacionada con la culpabilidad como emoción básica, pues es cuando nos sentimos culpables que nos vemos impelidos a expulsar la culpa afuera, respondiendo y actuando para defendernos, contraatacando si lo vemos necesario, o haciendo cualquier otra cosa que sirva para encubrir nuestro miedo. Es la falta de paz interior, de donde procede la voz del ego, lo que la diferencia de la Voz de Dios, pues cuando escuchamos a ésta última siempre nos sentimos reconfortados. ¿Qué puede reconfortar más que la verdad y saber que seguimos la Voluntad del Padre?

Nunca hay que luchar contra la voz del ego. ¡Resulta imposible acallarla usando la fuerza! Pero podemos observarla y no hacerle caso, y es con la continua observación, sin juicio, que ella misma se va apagando poco a poco.

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lunes, 1 de octubre de 2018

Lección 242 de Un Curso de Milagros

Este día se lo dedico a Dios. Es el regalo que le hago

1. Hoy no dirigiré mi vida por mi cuenta. No entiendo el mundo, por lo tanto, tratar de dirigir mi vida por mi cuenta es una locura. Mas hay Alguien que sabe qué es lo que más me conviene. Y Él se alegra de tomar por mí únicamente aquellas decisiones que me conducen a Dios. Pongo este día en Sus manos, pues no quiero demorar mi regreso al hogar, y es Él el que conoce el camino que me conduce a Dios.
2. Y así, ponemos este día en Tus Manos. Venimos con mentes completamente receptivas. No pedimos nada que creamos desear. Concédenos tan sólo lo que Tú deseas que recibamos. Tú conoces nuestros deseos y necesidades. Y nos concederás todo lo que sea necesario para ayudarnos a encontrar el camino que nos lleva hasta Ti.

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Reflexión: No sabes lo que te conviene en ninguna situación. ¿Puedes entregar entonces todos tus asuntos al E.S. Quien los conoce y sabe qué es mejor para ti, qué debes decir, a dónde dirigirte y qué hacer con ellos? Posiblemente quieras preguntar cómo se deja uno guiar por Él pues no puedes escuchar Su Voz. Como dice el párrafo segundo del ejercicio, sin tener deseos ni juicios predefinidos acerca de las cosas, hay que tener una mente completamente receptiva y confiar en lo que surja. Tener una mente receptiva es hacer uso del instante santo para situarte en tu mente recta, pues es dejando la mente errónea atrás (lo que tu llamas tu entendimiento) y con ella tu estado de sueño, que puedes conectar con Él.

(...) Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. No usurpes Su función. Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas aprender cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo.
Esto es lo que hace que el instante santo sea algo tan fácil y natural. Tú haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. Y te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. Todavía estás convencido de que tu entendimiento constituye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. Mas hemos subrayado que no tienes que comprender nada. La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo.
(T-18.IV.6:7)

El E.S. no interviene en el mundo para cambiar ninguna circunstancia porque la reconoce como ilusión y Él no se mezcla con ella, pero se vale de ella para enseñarte lo que es verdad. El E.S. no solucionará ninguno de los problemas que crees tener (falta de trabajo o de dinero, una enfermedad, disputas o falta de pareja, etc.), así que es posible que te desilusiones si estabas esperando que una intervención divina te sacase de algún apuro. Él no responde a expectativas. Esperar que el E.S. resuelva tus problemas aquí es tratar de hacer realidad las ilusiones, lo que no es posible. Él sabe que depositar tu fe en ilusiones terminará quitándote la paz que anhelas, pero sí te ayudará a que aprendas a identificarlas como falsas y a que las perdones, llevando esas ilusiones ante la verdad, y recordándote que tú eres espíritu compartiendo su voluntad con la de Dios.

Permítele, por lo tanto, ser el único Guía que sigues hacia la salvación. Él conoce el camino y te conduce gustosamente por él. Con Él no podrás sino aprender que lo que Dios desea para ti es tu voluntad. Sin Su dirección pensarás que puedes saber por tu cuenta lo que debes hacer, y decidirás contra tu paz tan irremediablemente como decidiste que la salvación residía solamente en ti. La salvación está en manos de Aquel a Quien Dios se la confió para ti. Él no se ha olvidado de ello. No te olvides de Él y Él tomará todas tus decisiones por ti, las cuales serán en favor de tu salvación y de la paz de Dios en ti.
(T-14.III.14)

La respuesta del E.S. en cualquier situación entonces será lo que te sientas inclinado a decir y/o hacer que te aporte paz. La comunicación con Él viene desde la mente recta, entonces confías en que lo que te sientas inclinado a hacer o decir desde tu paz interna proviene del E.S. No esperes escuchar palabras, pues más bien serán ideas que te vengan de golpe y te sientas inclinado a hacer, o leerás o escucharás algo que te inspirará para actuar. Pero si dudas aún estás en el ego; si no estás seguro sigues en el ego; si lo que haces o dices no te aporta paz, te estás dejando llevar por el ego. 

Siempre que tengas dudas acerca de lo que debes hacer, piensa en Su Presencia y repite para tus adentros esto, y sólo esto: Él Me guía y conoce el camino que yo no conozco. Mas nunca me privará de lo que quiere que yo aprenda. Por eso confío en que me comunicará todo lo que sabe por mí. Déjale entonces que te enseñe quedamente cómo percibir tu inocencia, la cual está ya ahí.
(T-14.III.19)

Elegir la paz de antemano, cuando te despiertas por la mañana, es ponerte bajo Su guía, así que sólo te tienes de preocupar de estar en paz más que de escuchar Su Voz. No tienes que esperar a que Él te diga a cada momento todo lo que tienes que hacer ni decir. Más bien, lo que haces es que te programas bien temprano para la paz diciéndote a ti mismo que quieres pasar un día de paz profunda y que quieres dejarte guiar por Él, y eso te sitúa ya en un estado de alerta y predisposición para que así suceda. Entonces empiezas a hacer todo desde tu paz interna y eso mismo produce más paz. 

Hemos dicho que puedes comenzar el día felizmente sí decides no tomar ninguna decisión por tu cuenta. Esto de por sí parece ser una decisión. Sin embargo, tú no puedes tomar decisiones por tu cuenta. La única cuestión es entonces con quién eliges tomarlas. Eso es todo. La primera regla, pues, no es una coacción, sino la simple afirmación de un simple hecho. No tomas decisiones por tu cuenta, independientemente de lo que decidas. Pues o bien se toman con ídolos o bien con Dios. Y le pides ayuda al anti-Cristo o a Cristo, y aquel que elijas se unirá a ti y te dirá lo que debes hacer.
(T-30.I.14)

Tomar decisiones por tu cuenta sobre cómo han de resolverse o darse las cosas en tu jornada es tomar decisiones desde el ego o personalidad, evaluando pros y contras, analizando sin tener en cuenta tu paz interior, sino solamente el juicio acerca de lo que parece conveniente para ti como persona. Lo haces desde tu mente racional, con sus limitaciones y creencias, por lo que muchas veces tus palabras y acciones te conducen a consecuencias que no siempre prevés y que luego se repiten.

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miércoles, 1 de agosto de 2018

Lección 49 de Un Curso de Milagros

La Voz de Dios me habla durante todo el día

1. Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin que ello interrumpa para nada tus actividades normales. 2La parte de tu mente donde reside la verdad está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no. 3Es la otra parte de tu mente la que opera en el mundo y la que obedece sus leyes. 4Ésa es la parte que está constantemente distraída, y que es desorganizada y sumamente insegura. 
2. La parte que está escuchando a la Voz de Dios es serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad. 2Es la única parte que realmente existe. 3La otra es una loca ilusión, frenética y perturbada, aunque desprovista de toda realidad. 4Trata hoy de no prestarle oídos. 5Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre. 6Trata de oír la Voz de Dios llamándote amorosamente recordándote que tu Creador no se ha olvidado de Su Hijo. 
3. Hoy necesitaremos por lo menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos cada una, e incluso más si es posible. 2De hecho, trataremos de oír la Voz de Dios recordándote a Dios y a tu Ser. 3Abordaremos el más santo y gozoso de todos los pensamientos llenos de confianza, sabiendo que al hacer esto estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. 4Él quiere que oigas Su Voz. 5Te la dio para que la oyeses. 
4. Escucha en profundo silencio. 2Permanece muy quedo y abre tu mente. 3Ve más allá de todos los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios: 4Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente. 5No vives aquí. 6Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar. 7Estamos tratando de llegar al lugar donde eres verdaderamente bienvenido. 8Estamos tratando de llegar a Dios. 
5. No te olvides de repetir la idea de hoy frecuentemente. 2Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos siempre que sea posible. 3Y asegúrate de sentarte quedamente y de repetir la idea cada vez que puedas, cerrando los ojos al mundo, y comprendiendo que estás invitando a la Voz de Dios a que te hable.

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Reflexión: Igual que cuando hablamos de la Visión (espiritual) en Un Curso de Milagros (UCdM) no nos referimos a la visión física, escuchar la Voz de Dios no ha de entenderse necesariamente como oír la voz de alguien que se dirige a nosotros; aunque quien ha manifestado escucharla la describe de esa manera sorprendente, ¡sin haber nadie a su alrededor!. Ahora, lo que no se puede negar es la experiencia de escuchar la voz del ego resonando en el interior de nuestras cabezas, la cual nos habla literalmente de forma insistente y chillona para criticar y advertirnos, creándonos desconfianza y desasosiego. La conclusión mayoritaria es que es raro que alguien escuche una voz dándole un buen consejo pues seguramente proceda de su ego. 

Tanto la vista como el oído pertenecen al ámbito de la percepción y de la mente errónea, aquella parte que sueña y proyecta creencias. Sin embargo, el Espíritu Santo (E.S.) puede servirse de la percepción para dirigirse a ti. La Visión (espiritual) y la Voz son fruto de un estado de conexión interna con la mente recta, porque es en ella que se aloja el E.S. 
woman - Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La Voz es lo que normalmente se ha venido a llamar como la intuición y también la voz de la consciencia, y no es más que la memoria amorosa que te habla en favor de Dios y de su Hijo (el Cristo) en nosotros, la cual trajimos acompañándonos a este exilio. Así que ella habla siempre en favor de la verdad, sirviéndote de guía a través de las trampas de la percepción para sacarte de ésta última y conducirte de vuelta a casa, al estado de conocimiento.

Una propiedad de la Voz es que siempre está disponible, a cualquier hora y en cualquier sitio, y el escucharla es sólo cuestión de querer hacerlo. La condición es que te sitúes interiormente en la parte de tu mente que es receptiva, que está tranquila y permanece abierta a escuchar. Esto no se puede hacer o es muy difícil desde un estado alterado o de incredulidad como es el ego, pues al igual que ocurre con el sentimiento de miedo, escuchar la Voz es por encima de todo una cuestión de con quien te identificas, sin con el ego o con el Cristo. 

Por supuesto que tú puedes ser uno de esos casos que escuchan la Voz como si estuviese escuchando a una persona hablándole a su lado (entonces estarías sonriendo al leer ésto), pero casi nadie lo hace de esa manera. Lo que es seguro es que, si se manisfetara de esa manera, lo haría siempre sin causarte miedo y dándote buenos consejos los cuales sólo te aportarían paz.

Son muy pocos los que pueden oír la Voz de Dios, y ni siquiera éstos pueden comunicar Sus mensajes directamente por medio del Espíritu que se los dio. (M-12.3.3)

Esa Voz tomará con mucha más probabilidad, como digo, otras formas como un mensaje que te llega por teléfono o cualquier otro medio, como la letra de una canción, un letrero en la calle, una intuición, un encuentro casual, un sueño, etc; pero no cualquier mensaje ni cualquier letra sino justo lo que precisas saber. Cuando te llegue sabrás con seguridad que es la respuesta a una inquietud que tenías y que habías pedido te fuera revelada.

Sea - Imagen de Comfreak en Pixabay


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jueves, 17 de mayo de 2018

Lección 186 de Un Curso de Milagros

De mí depende la salvación del mundo

1. Ésta es la afirmación que algún día habrá de erradicar de toda mente todo vestigio de arrogancia. Éste es el pensamiento de la verdadera humildad, que no te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado. Dicho pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir en que se te asigne otro. No se detiene a considerar qué papel es el que es adecuado para ti. Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la tierra como en el Cielo. Une a todas las voluntades de la tierra en el plan celestial para la salvación del mundo, y les restituye la paz del Cielo.
2. No nos opongamos a nuestra función. No fuimos nosotros quienes la establecimos. No fue idea nuestra. Se nos han proporcionado los medios para llevarla a cabo perfectamente. Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide llevar a cabo. Nuestras mentes están perfectamente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien.
3. Mientras no entiendas su significado, puede que la idea de hoy te parezca muy ardua. Lo único que dice es que tu Padre te recuerda todavía y te ofrece la perfecta confianza que tiene en ti, Su Hijo. No te pide que seas diferente de como eres en modo alguno. ¿Qué otra cosa sino esto podría pedir la humildad? ¿Y qué otra cosa sino esto podría negar la arrogancia? Hoy no dejaremos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un insulto a la modestia. Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada del Propio Dios.
4. Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para poder escuchar la Voz de Dios revelarnos lo que desea que hagamos. No pondremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que Él nos ofrezca. Sólo estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y nuestra santidad. Y si Él nos considera dignos, es que lo somos. Es sólo la arrogancia la que opina de otra manera.
5. Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al que te ha llevado tu plan de probar que lo falso es verdadero. Acepta en lugar de él el plan que tú no trazaste. No juzgues si eres o no merecedor de él. Si la Voz de Dios te asegura que la salvación necesita que tú desempeñes tu papel y que la totalidad depende de ti, ten por seguro que así es. Los arrogantes tienen que aferrarse a las palabras, temerosos de ir más allá de ellas y de experimentar lo que podría poner en entredicho su postura. Los humildes, en cambio, son libres para oír la Voz que les dice lo que son y lo que deben hacer.
6. La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. Ésa es la imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más allá de toda imagen. Tú, a diferencia de la imagen de ti mismo, no eres débil. No eres ignorante ni impotente. El pecado no puede mancillar la verdad que mora en ti, ni la aflicción puede acercarse al santo hogar de Dios.
7. Esto es lo que te dice la Voz que habla por Dios. Y según Él te habla, la imagen se estremece e intenta atacar la amenaza que le resulta desconocida, al sentir que sus cimientos se derrumban. Abandónala. La salvación del mundo depende de ti, y no de ese pequeño montón de polvo. ¿Qué podría esa imagen decirle al santo Hijo de Dios? ¿Por qué tiene él que preocuparse por ella en absoluto?
8. Y así hallamos nuestra paz. Aceptaremos la función que Dios nos encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos inventar otra función para nosotros. Los papeles que nosotros mismos nos hemos auto-otorgado son inestables y parecen oscilar entre la aflicción y la dicha extática del amor y de amar. Podemos reír o llorar, recibir el día de buen grado o bien recibirlo con lágrimas. Nuestro propio ser parece cambiar según experimentamos múltiples cambios en nuestro estado de ánimo, y nuestras emociones nos remontan hacia lo alto o nos estrellan contra el suelo sumiéndonos en la desolación.
9. ¿Es éste el Hijo de Dios? ¿Habría podido Él crear semejante inestabilidad y llamarla Su Hijo? Aquel que es inmutable comparte Sus atributos con Su creación. Ninguna de las imágenes que Su Hijo aparenta forjar afecta lo que él es. Dichas imágenes revolotean por su mente como hojas arrastradas por el viento, que forman diseños fugaces y se desbandan para volverse a agrupar hasta finalmente dispersarse. O como los espejismos que se ven en el desierto.
10. Estas imágenes insubstanciales desaparecerán y dejarán tu mente libre y serena cuando aceptes la función que se te ha encomendado. Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas conflictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. ¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner todas sus energías y empeño en metas como éstas? Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo menos diez veces por hora. ¿Qué se puede esperar de metas como éstas?
11. Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e inequívocamente. No hay duda acerca de su validez. Pues procede de Uno que no conoce el error y Cuya Voz está segura de Sus mensajes. Éstos nunca cambiarán ni estarán en conflicto. Todos ellos apuntan hacia un solo objetivo, el cual puedes alcanzar. Puede que tu plan sea imposible, pero el de Dios jamás puede fracasar porque Él es su Fuente.
12. Haz lo que la Voz de Dios te indique. Y si te pide que hagas algo que parece imposible, recuerda Quién es el que te lo pide y quién el que quiere negarse. Luego considera esto: ¿Quién de los dos es más probable que esté en lo cierto, la Voz que habla por el Creador de todas las cosas y que las conoce exactamente como son o la distorsionada imagen de ti mismo, que es inconsistente y está confundida, perpleja e insegura de todo? No permitas que su voz te dirija. Oye en su lugar una Voz que es inequívoca y que te habla de la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que te acuerdes de Él ahora.
13. Su dulce Voz llama desde lo conocido a lo que no conoce. Él quiere consolarte, aunque no conoce el pesar. Él quiere hacer una restitución, si bien goza de absoluta plenitud; Él quiere hacerte un regalo, si bien sabe que ya lo tienes todo. Él tiene Pensamientos que satisfacen cualquier necesidad que Su Hijo perciba, si bien Él no las ve. Pues el Amor sólo puede dar, y lo que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo de formas.
14. Ésas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proceden de la Amorfía Misma. El perdón es una forma terrenal de amor, que, como tal, no tiene forma en el Cielo. No obstante, lo que aquí se necesite, aquí se concederá. Valiéndote de esta forma puedes desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor significará mucho más para ti cuando se haya restaurado en ti el estado de amorfía. La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. Ésa es tu función aquí.

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Reflexión:

"La gente que pasaba por allí gritaba insultos y movía la cabeza en forma burlona. «¡Pero mírate ahora! —le gritaban—. Dijiste que ibas a destruir el templo y a reconstruirlo en tres días. Muy bien, si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz».  Los principales sacerdotes, los maestros de la ley religiosa y los ancianos también se burlaban de Jesús. «Salvó a otros —se mofaban—, ¡pero no puede salvarse a sí mismo!"
Mateo 27, 39-42
Posiblemente tu ego haya exclamado con incredulidad al leer el título de la lección de hoy "¿¡Yo salvador del mundo!?", y no es de extrañar. Se nos ha educado desde pequeños en este sistema basado en la dualidad y en el cuerpo, con todas las limitaciones que conllevan. Pero en lo que respecta a la salvación del mundo incluso el ego puede pensar con propósitos nobles:

 - Mira Pepito, puedes aspirar a convertirte en un científico prestigioso que descubra la solución al hambre. Eso sería una pasada... pero es más fácil hacerte político y tratar de hacer bien a la comunidad, y de paso a ti mismo, a toda tu familia, a todos tus parientes y amigos. 

No escribo con ironía. Es lo que hay. Personajes ilustres que aportaron un verdadero beneficio a la humanidad los has habido y los habrá siempre, pero ¿por qué el mundo no deja de tener problemas? El mundo es el hogar creado por el ego así que no puedes esperar mejorarlo con la pretensión de quedarte perpetuamente en él; si no sería el cielo. Lo mejor que puedes hacer es no tratar de cambiar el mundo y dedicarte, sin embargo, a deshacer el ego sin miramientos, pues el ego no va a tener piedad contigo. A Jesús lo crucificaron y contigo el ego no va a hacer ningún trato de favor si vas pregonando por ahí que tu función es salvar al mundo. Poca gente te va a entender y respetar excepto los que de verdad estén un poco despiertos y conscientes de qué va realmente el asunto. 

El ego no sabe lo que es la salvación, sino la condenación, ni perdonar sino vengarse, ni la humildad sino la arrogancia. Y la salvación no es tratar de mejorar el mundo sino perdonarlo, así que cuando termines de hacerlo por completo éste desaparecerá. Eso al ego le suena treméndamente fantástico o treméndamente amenazador, de ahí que reaccione con burla en el primer caso y atacándote en el segundo, pues el ego quiere mantener el mundo como es, su hogar en conflicto. Por lo tanto, no esperes que nadie vaya a salvar el mundo por ti, eso depende de tu perdón lo cual no es más que una forma de reconocimiento. El reconocimiento es lucidez. La lucidez es sinceridad. La sinceridad es humildad. Cuando seas humilde escuchando la Voz que habla por Dios en ti, reconocerás que realmente no hay nada que valga la pena en el mundo y no querrás nada más que la paz de Dios, regresar a Él. Esta es la mayor humildad, reconocer que te equivocaste al venir aquí y que tu lugar está al lado de tu Padre.

Volviendo al pasaje conque comenzaba este post, quiero recalcar que Jesús no se bajó de la cruz. Pudo bajarse y haberse salvado, él sólo, pero lo que hizo fue quedarse allí colgado haciéndole frente a lo que le tocaba en aquel momento y así enseñó el camino de la salvación a todos (y no me refiero a que el camino sea dejarse crucificar sino a lo que vino después, su resurrección). Tú puedes hacer igual. Puedes tratar de huir del que sea tu calvario para salvarte tu sólo; quiero decir que puedes quejarte, lamentarte, maldecir, gritar, revolcarte de rabia, taparte los ojos y los oídos para negar las circunstancias que estás viviendo, y aún así tu cruz seguirá estando ahí. O puedes aceptar buenamente lo que te ha tocado vivir y no dejarte afectar volviéndote un mártir de la vida, sin regodearte en ello y sin echar la culpa a otros de tus males. Esto no significa que no hagas nada sino que sigues para adelante haciendo lo que buenamente puedes con los medios que tienes a mano y punto. No juzgas, no sabes ciertamente por qué ocurren esas cosas en tu vida (tu ego se empeñará en repetirte hasta la saciedad que lo sabe, que sabe quien tiene la culpa y que además sabe como solucionarlo), así que te encoges de hombros y humildemente entregas tu dolor, tu miedo y tu inquietud al E.S. para que Él los disuelva, y perdonas con la confianza de saber que tu Ser permanecerá íntegro a pesar de todo y pase lo que pase. 

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viernes, 6 de abril de 2018

Lección 125 de Un Curso de Milagros

En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios

1. Deja que hoy sea un día de quietud y de sosegada escucha. La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra. Por eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora. Óyele hoy. No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída por todos los rincones del mundo, y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír para que pueda dar comienzo la serena hora de la paz.
2. Este mundo cambiará gracias a ti. Ningún otro medio puede salvarlo, pues el plan de Dios es simplemente éste: el Hijo de Dios es libre de salvarse a sí mismo, y se le ha dado la Palabra de Dios para que sea su Guía, y Ésta se encuentra para siempre a su lado y en su mente, a fin de conducirlo con certeza a casa de Su Padre por su propia voluntad, la cual es eternamente tan libre como la de Dios. No se le conduce a la fuerza, sino con amor. No es juzgado, sino santificado.
3. Hoy oiremos la Voz de Dios en la quietud, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra. Tampoco nos juzgaremos a nosotros mismos hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado. Nos hallamos mucho más allá de todos los juicios que el mundo ha formado contra el Hijo de Dios. El mundo no lo conoce. Hoy no prestaremos oídos al mundo, sino que aguardaremos silenciosamente la Palabra de Dios.
4. Santo Hijo de Dios, oye a tu Padre. Su Voz quiere darte Su santa Palabra para que disemines por todo el mundo las buenas nuevas de la salvación y de la santa hora de la paz. Nos congregamos hoy en el trono de Dios, en el sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre en la santidad que creó y que nunca ha de abandonar.
5. Él no ha esperado a que tú le devuelvas tu mente para darte Su Palabra. Él no se ocultó de ti cuando tú te alejaste por un breve período. Para Él, las ilusiones que abrigas de ti mismo no tienen ningún valor. Él conoce a Su Hijo, y dispone que siga siendo parte de Él a pesar de sus sueños y a pesar de la locura que le hace pensar que su voluntad no es su voluntad.
6. Él te habla hoy. Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente no se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados. Aguarda Su Palabra en silencio. Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su Creador.
7. En tres ocasiones hoy, y en aquellos momentos que sean más conducentes a estar en silencio, deja de escuchar al mundo durante diez minutos y elige en su lugar escuchar plácidamente la Palabra de Dios. Él te habla desde un lugar que se encuentra más cerca de ti que tu propio corazón. Su Voz está más cerca de ti que tu propia mano. Su Amor es todo lo que eres y todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo que Él es.
8. Es tu voz la que escuchas cuando Él te habla. Es tu Palabra la que Él pronuncia. Es la Palabra de la libertad y de la paz, de la unión de voluntades y propósitos, sin separación o división en la única Mente del Padre y del Hijo. Escucha hoy a tu Ser en silencio, y deja que te diga que Dios nunca ha abandonado a Su Hijo y que tú nunca has abandonado a tu Ser.
9. Sólo necesitas estar muy quieto. No necesitas ninguna otra regla que ésta para dejar que la práctica de hoy te eleve muy por encima del pensamiento del mundo y libere tu visión de lo que ven los ojos del cuerpo. Sólo necesitas estar quieto y escuchar. Oirás la Palabra en la que la Voluntad de Dios el Hijo se une a la Voluntad de su Padre en total armonía con ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente indivisible y verdadero. A medida que transcurra cada hora hoy, detente por un momento y recuérdate a ti mismo que tienes un propósito especial en este día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.


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Reflexión: Seguimos con el símil utilizado en los comentarios de los ejercicios anteriores. Estás inmerso en un profundo bosque pero has descifrado que se trata de una construcción ficticia, de un juego. Ahora sabes quien eres realmente o, cuanto menos, lo intuyes, y estás buscando la salida. Has averiguado que la puedes encontrar fácil trepando a las copas de los árboles, pero eso requiere que te detengas en el camino, que hagas un alto. Si solamente caminaras y caminaras por la espesura, empezarías a dar vueltas en círculo y no avanzarías, así que de vez en cuando tienes que detener la marcha para trepar, echar una ojeada y re-orientarte antes de proseguir. Eso es el equivalente a aquietarse para recibir la Palabra de Dios. De esa manera el camino es seguro. Al principio te podrá costar mucho trabajo, pero con la práctica vas adquiriendo una habilidad especial para hacerlo con soltura. Cada vez lo haces con más facilidad porque has desarrollado músculo mental y puedes, si quieres, permanecer más tiempo arriba, colgado deleitándote de la hermosa visión de lo que te espera a la salida, con la finalización del juego. Pero al cabo adquieres la habilidad única de aquietarte sin necesidad de hacer nada más para saber todo lo que necesitas saber.
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lunes, 11 de septiembre de 2017

Lección 254 de Un Curso de Milagros

Que se acalle en mí toda voz que no sea la de Dios


1. Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra oración que ésta: que me des la verdad. Y la verdad no es sino Tu Voluntad, que hoy quiero compartir Contigo. 2. Hoy no dejaremos que los pensamientos del ego dirijan nuestras palabras o acciones. Cuando se presenten, simplemente los observaremos con calma y luego los descartaremos. No deseamos las consecuencias que nos acarrearían. Por lo tanto, no elegimos conservarlos. Ahora se han acallado. Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios se comunica con nosotros y nos habla de nuestra voluntad, pues hemos decidido recordarle.
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Explicación: Siempre se juzga en base a una creencia lo cual denota que no sabes quien eres verdaderamente. Juzgar es arrogancia porque das por hecho algo que no es cierto atribuyéndote la razón o la posibilidad de tenerla. Absolutamente todas las creencias son falsas, incluso las que apuntan a la verdad pues no son la verdad misma. Para no juzgar hace falta verdadera humildad. El estado más elevado de la mente es aquel en el que no sabe nada. Solamente entonces se puede oír la Voz de Dios.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...