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jueves, 21 de marzo de 2019

Lección 344 de Un Curso de Milagros

Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mi mismo

1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. Al no comprender lo que significaba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. Y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. ¿Quién puede compartir un sueño? ¿Y qué puede ofrecerme una ilusión? Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. Permite que mis hermanos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. Así se cumple la ley del amor. Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.
2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! ¡Qué cerca está Él de nosotros! ¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!
* * * 
Reflexión: La lección de hoy habla del famoso mandamiento de Jesús, que por algo lo mandaba:

"Este mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros". 
- Juan 13:34 -

En otras palabras: Lo que des será lo que recibirás porque dar y recibir, en lo que respecta a los regalos celestiales, es lo mismo. Estamos hablando de lo que es verdadero. Esta ley no funciona con lo que es ilusorio. En el mundo, si tú consigues tu sueño es a costa de otro. Los regalos o tesoros del mundo no se pueden compartir pues los que das los pierdes, y los que tú recibes le son quitados a otros. 

Hay muchas formas de amar. Sabrás que lo haces porque tu regocijo será también el regocijo del otro, y el del otro será el tuyo. Si aquello que haces o das sólo produce regocijo a uno de los dos, no hay amor que valga. 

* * * 

miércoles, 20 de marzo de 2019

Lección 343 de Un Curso de Milagros

No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios

1. El final del sufrimiento no puede suponer una pérdida. El regalo de lo que lo es todo tan sólo puede aportar ganancias. Tú sólo das. Nunca quitas. Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. Yo también no puedo sino dar. Y así, todas las cosas me son dadas para siempre. Aún soy tal como fui creado. Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. Soy íntegro por ser Tu Hijo. No puedo perder, pues sólo puedo dar, y así, todo es mío eternamente.
2. La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. La salvación no cuesta nada. Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. Y esto es lo que vamos a aprender hoy.

* * * 
Reflexión: El amor es incondicional. ¿Puedes imaginar tener que rezar padres nuestros y aves marías, pagar bula, flagelarte y hacer cualquier otro tipo de penitencia para tu salvación?. ¿Cuánta penitencia?, porque si te quedas corto en tu sacrificio irás igualmente al infierno o al purgatorio. Con este planteamiento entramos en la duda. Eso es lo que quiere el ego, que dudes. Si has leído el chiste de la lección anterior sabrás por qué. El Cielo es una condición mental de certeza absoluta que no requiere que hagas nada especial porque el Cielo es tu estado natural de ser. Pero estando aquí en el mundo sólo puedes recordar tu condición de Hijo de Dios si la compartes, no cuando la regateas o cuando tienes que sacrificar algo que crees de valor, porque esa actitud te aleja de ella.

Vivir en actitud de perdón y en la paz de Dios no puede suponer ningún sacrificio, ningún esfuerzo ni ninguna pérdida, porque tal como la practicas la recibes de vuelta.

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martes, 5 de febrero de 2019

Lección 316 de Un Curso de Milagros

Todos los regalos que les hago a mis hermanos me pertenecen

1. Del mismo modo en que cada uno de los regalos que mis hermanos hacen me pertenece, así también cada regalo que yo hago me pertenece a mí. Cada uno de ellos permite que un error pasado desaparezca sin dejar sombra alguna en la santa mente que mi Padre ama. Su gracia se me concede con cada regalo que cualquier hermano haya recibido desde los orígenes del tiempo, y más allá del tiempo también. Mis arcas están llenas, y los ángeles vigilan sus puertas abiertas para que ni un solo regalo se pierda, y sólo se puedan añadir más. Déjame llegar allí donde se encuentran mis tesoros, y entrar a donde en verdad soy bienvenido y donde estoy en mi casa, rodeado de los regalos que Dios me ha dado.
2. Padre, hoy quiero aceptar Tus regalos. No los reconozco. Mas confío en que Tú que me los diste, me proporcionarás los medios para poder contemplarlos, ver su valor y estimarlos como lo único que deseo.

* * *
Reflexión: La lección de hoy es continuación de la anterior (Todos los regalos que mis hermanos hacen me pertenecen). Si los regalos de mis hermanos y los mios me pertenecen no es porque me arrogue el privilegio egoísta de acapararlos todos. Mis regalos también pertenecen a ellos tanto como los suyos. Aquí existe un sentido claro de reciprocidad, de como la naturaleza del regalo es compartido, de cómo nadie es una isla y todos nos afectamos los unos a los otros con nuestra manera de pensar y actuar; y habla también de la unicidad pues todos somos uno. Es por eso que las enseñanzas de UCdM, aunque parezcan dualistas, no es más que para facilitar su entendimiento, pero son de naturaleza advaita pura. 

Todo lo que doy es a mi mismo a quien se lo doy
                                                                                              (L-126)

No voy a repetir la reflexión que ya hice anteriormente. Te invito a que leas la de la lección anterior, si no lo has hecho todavía, para que el tema de hoy cobre sentido (pincha aquí para ir a la lección 315), pues entendiendo el anterior se entiende éste.
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miércoles, 16 de enero de 2019

Lección 297 de Un Curso de Milagros

El perdón es el único regalo que doy

1. El perdón es el único regalo que doy, ya que es el único regalo que deseo. Y todo lo que doy, es a mí mismo a quien se lo doy. Ésta es la sencilla fórmula de la salvación. Y yo, que quiero salvarme, la adoptaré, para regir mi vida por ella en un mundo que tiene necesidad de salvación y que se salvará al aceptar yo la Expiación para mí mismo.
2. Padre, ¡cuán certeros son Tus caminos; cuán seguro su desenlace final y cuán fielmente se ha trazado y logrado cada paso de mi salvación mediante Tu Gracia! Gracias a Ti por Tus eternos regalos, y gracias a Ti también por mi Identidad.

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Reflexión: El perdón es un regalo. ¿Por qué?. Por supuesto no hablamos del perdón del ego. El perdón del ego es del tipo "te perdono pero no lo vuelvas a hacer", "te perdono porque me das lástima", "te perdono porque estoy cansado de todo esto y quiero olvidarlo ya" etc. Es un perdón condicional que cuesta dar porque aún hay resentimiento y culpa, lo que hace que ésta última se mantenga latente en el "perdonado", ya que le estás haciendo un favor al ofrecérselo con condescendencia. En este tipo de perdón existe un sentido de separación (tú y el otro) que hace un efecto espejo, y también de manipulación pues lo que ofreces (tu razón, tu posición dominante, tu orgullo...) te es devuelto reflejado de manera inversa siendo algo diferente; de hecho es lo contrario a lo que das (su error, su sumisión, su vergüenza...).

Mientras el perdón del ego es un favor que preserva la ilusión de separación, el perdón de UCdM es un regalo que la disuelve. Un regalo es algo que se da en señal de afecto o consideración, ésto es, porque brota buenamente desde el corazón sin esperar nada a cambio. Es cuando no esperas nada que "todo lo que das te lo das a ti mismo" (Lección 126) porque no estás proyectando ninguna intención para que se te devuelva. Cuando perdonas según el curso, no existe separación real con el otro (de hecho somos conscientes en ese momento de que no hay eso que llamamos "otro") y eso hace que te quedes con lo que estás dando. Es lo más parecido a un compartir, un milagro, porque lejos de que se te acabe lo que das tal como ocurre con todo lo que es finito y conforme a la manera de pensar del ego, lo que compartes se multiplica como ocurrió en el milagro de los panes y los peces. 

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jueves, 22 de noviembre de 2018

Lección 276 de Un Curso de Milagros

Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta

1. ¿Qué dice la Palabra de Dios? "Mi Hijo es tan puro y santo como Yo Mismo." Así fue como Dios se convirtió en el Padre del Hijo que Él ama, pues así fue como lo creó. Ésta es la Palabra que el Hijo no creó con el Padre, pues nació como resultado de ella. Aceptemos Su Paternidad, y todo se nos dará. Mas si negamos que fuimos creados en Su Amor, estaremos negando nuestro Ser, y así, no tendremos certeza acerca de quiénes somos, Quién es nuestro Padre y cuál es nuestro propósito aquí. No obstante, sólo con que reconozcamos a Aquel que nos dio Su Palabra en nuestra creación, Su recuerdo aflorará de nuevo en nuestras mentes y así podremos recordar a nuestro Ser.
2. Padre, he hecho mía Tu Palabra. Y es ésta la que les quiero compartir a todos mis hermanos, quienes me fueron confiados para que los amara como si fuesen míos, tal como yo soy amado, bendecido y salvado por Ti.

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Reflexión: Hoy se me ha venido a la mente este pasaje de la Biblia:

"Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza"
- Génesis 1:26 -


Y también este otro:

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.2 Este era en el principio con Dios.3 Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron. 
(Juan 1:1-5)

Pero vayamos por partes. La "Palabra" (el Verbo) habla de la naturaleza o la idiosincrasia de Dios. El párrafo primero de la lección viene a decir que el Hijo fue creado conforme a la Palabra de Dios:

¿Qué dice la Palabra de Dios?: "Mi Hijo es tan puro y santo como Yo Mismo." Así fue como Dios se convirtió en el Padre del Hijo que Él ama, pues así fue como lo creó. Ésta es la Palabra que el Hijo no creó con el Padre, pues (el Hijo) nació como resultado de ella. Aceptemos Su Paternidad, y todo se nos dará.

O sea, que fuimos creados como consecuencia de la Palabra a imagen y semejanza de Dios, pues es condición de Dios compartir con su Creación todo lo que Él Es, sin límites, sin condiciones, totalmente puros y santos. Y añade que si aceptamos ésto, si aceptamos quienes somos, todo se nos dará pues se trata del simple reconocimiento de una condición la cual olvidamos con el sueño del mundo. Ese es el significado del último párrafo de Juan ("Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron."). Ésto se confirma a continuación cuando se dice:

Mas si negamos que fuimos creados en Su Amor, estaremos negando nuestro Ser, y así, no tendremos certeza acerca de quiénes somos, Quién es nuestro Padre y cuál es nuestro propósito aquí.

...pues una vez nos negamos a reconocer quienes somos, nos olvidamos de nosotros mismos entrando en confusión y perdiendo la certeza de todo. Está describiendo nuestra situación aquí en el mundo. Y a continuación nos dice como recobrar nuestra condición original:

No obstante, sólo con que reconozcamos a Aquel que nos dio Su Palabra en nuestra creación, Su recuerdo aflorará de nuevo en nuestras mentes y así podremos recordar a nuestro Ser.

Por último, en el segundo párrafo se nos dice que compartamos nuestra naturaleza (La Palabra) como la compartió Dios con nosotros, pues es dando (viviendo desde nuestro ser crístico) que se recibe, pues de esta manera recobramos la memoria de quien verdaderamente somos.

Padre, he hecho mía Tu Palabra. Y es ésta la que les quiero compartir a todos mis hermanos, quienes me fueron confiados para que los amara como si fuesen míos, tal como yo soy amado, bendecido y salvado por Ti.

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viernes, 18 de mayo de 2018

Lección 187 de Un Curso de Milagros

Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo

1. Nadie puede dar lo que no tiene. De hecho, dar es la prueba de que se tiene. Hemos hecho mención de esto anteriormente. Mas no es eso lo que hace que sea difícil de creer. Nadie duda de que primero se debe poseer lo que se quiere dar. Es en la segunda parte de la afirmación donde el mundo y la percepción verdadera difieren. Si has tenido y has dado, el mundo afirma que has perdido lo que poseías. La verdad mantiene que dar incrementa lo que posees.
2. ¿Cómo va a ser posible esto? Pues es seguro que si das una cosa finita tus ojos físicos dejarán de percibirla como tuya. No obstante, hemos aprendido que las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas. Y no careces de pruebas de que cuando compartes tus ideas, las refuerzas en tu propia mente. Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. Tiene que ser más.
3. Las ideas tienen primero que pertenecerte antes de que las puedas dar. Y si has de salvar al mundo, tienes que primero aceptar la salvación para ti mismo. Mas no creerás que ésta se ha consumado en ti hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples. Con esto, la idea de dar se clarifica y cobra significado. Ahora puedes percibir que al dar, tu caudal aumenta.
4. Protege todas las cosas que valoras dándolas, y así te asegurarás de no perderlas nunca. Y con ello queda demostrado que lo que no creías tener te pertenece. Mas no le atribuyas valor a su forma. Pues ésta cambiará, y con el tiempo no será reconocible por mucho que trates de conservarla. Ninguna forma perdura. El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.
5. Da gustosamente, pues con ello sólo puedes beneficiarte. El pensamiento sigue vivo y su fuerza aumenta a medida que se refuerza al darse. Los pensamientos se extienden al compartirse, pues no se pueden perder. No hay un dador y un receptor en el sentido en el que el mundo los concibe. Hay un dador que conserva lo que da, y otro que también habrá de dar. Y ambos ganarán en este intercambio, pues cada uno de ellos dispondrá del pensamiento en la forma que le resulte más útil. Lo que aparentemente pierde es siempre algo que valorará menos que aquello que con toda seguridad le será devuelto.
6. Nunca olvides que sólo te das a ti mismo. El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse, de la idea del sacrificio. Tampoco puede dejar de reconocer las múltiples formas en que se puede manifestar el sacrificio. Se ríe asimismo del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte. Reconoce que el sacrificio sigue siendo la única idea que yace tras todo esto, y con su dulce risa todo ello sana.
7. Una vez que una ilusión se reconoce como tal, desaparece. Niégate a aceptar el sufrimiento, y eliminarás el pensamiento de sufrimiento. Cuando eliges ver todo sufrimiento como lo que es, tu bendición desciende sobre todo aquel que sufre. El pensamiento de sacrificio da lugar a todas las formas que el sufrimiento aparenta adoptar. Mas el sacrificio es una idea tan demente que la cordura la descarta de inmediato.
8. Jamás creas que puedes hacer sacrificio alguno. No hay cabida para el sacrificio en lo que tiene valor. Si surge tal pensamiento, su sola presencia demuestra que se ha cometido un error, el cual es necesario corregir. Tu bendición lo corregirá. Habiéndosete dado a ti primero, ahora es tuya para que tú a tu vez la des. Ninguna forma de sacrificio o de sufrimiento puede prevalecer por mucho tiempo ante la faz de uno que se ha perdonado y bendecido a sí mismo.
9. Las azucenas que te ofrece tu hermano se depositan ante tu altar, junto con las que tú le ofreces a él. ¿Quién podría tener miedo de contemplar una santidad tan hermosa? La gran ilusión del temor a Dios queda reducida a la nada ante la pureza que aquí has de contemplar. No tengas miedo de mirar. La bendición que has de contemplar eliminará todo pensamiento de forma, y en su lugar dejará allí para siempre el regalo perfecto, el cual aumentará eternamente, será por siempre tuyo y será por siempre dado.
10. Ahora somos uno en pensamiento, pues el miedo ha desaparecido. Y aquí, ante el altar a un solo Dios, a un solo Padre, a un solo Creador y a un solo Pensamiento, nos alzamos juntos como el único Hijo de Dios. No estamos separados de Aquel que es nuestra Fuente ni distanciados de los hermanos que forman parte de nuestro único Ser, Cuya inocencia nos ha unido a todos cual uno solo, sino que nos alzamos en gloriosa bendición y damos tal como hemos recibido. Tenemos el Nombre de Dios en nuestros labios. Y cuando miramos en nuestro interior, vemos brillar la pureza del Cielo en nuestro reflejo del Amor de nuestro Padre.
11. Ahora somos bendecidos y ahora bendecimos al mundo. Queremos extender lo que hemos contemplado porque queremos verlo en todas partes. Queremos verlo refulgir con la gracia de Dios en todos nuestros hermanos. No queremos que se le niegue a nada de lo que vemos. Y para cerciorarnos de que esta santa visión es nuestra, se la ofrecemos a todo lo que vemos. Pues allí donde la veamos, nos será devuelta en forma de azucenas que podremos depositar sobre nuestro altar, convirtiéndolo así en un hogar para la Inocencia Misma, la cual mora en nosotros y nos ofrece Su Santidad para que sea nuestra.

* * *
Reflexión: Seguimos hablando del tema de la salvación pero recuperando algunas de las ideas vistas en lecciones anteriores, como la 108 que dice que "Dar y Recibir son en verdad lo mismo", lo cual viene a significar que para dar algo, primero tienes que tenerlo. Conforme a lo anterior, para bendecir al mundo primero tienes que bendecirte a ti mismo. Esa es la idea básica de la salvación también. No puedes salvar al mundo mientras tú te condenas porque el mundo está en ti, es tu proyección. Esto también lo hemos hablado refiriéndonos a que causa y efecto son lo mismo y de efecto simultáneo (no es que primero sea la causa y luego el efecto, no; son las dos cosas a la vez). Y por la misma regla anterior, nadie se puede salvar solo. Ahora quizás encuentres sentido, si has leído mi lección anterior, al por qué Jesús, pudiendo bajar de la cruz, no lo hizo. Tú no puedes salvarte y que el mundo se condene desde el punto de vista de la verdad absoluta, pero no ocurre lo mismo desde el punto de vista del ego y de la ilusión. El ego creerá salvarse él solo desentendiéndose del resto.

Aquí llega ahora un punto importante en esta lección. Dice: 

“Mas no creerás que ésta se ha consumado en ti (la salvación) hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples.” 

Esto viene a confirmar lo que hemos hablado cerca de que causa y efecto son lo mismo, pues es viendo tu propia proyección que te darás cuenta si la salvación ha funcionado en ti. Pongamos por caso que estás de malas con alguna persona y que practicas (o tratas de practicar) el perdón de UCdM pero vuestra relación sigue yendo mal. Esto querrá decir que aún hay culpa por sanar. Un día de pronto la situación cambia, pasa algo inesperado, y te empiezas a llevar maravillosamente bien con esa misma persona, lo que indicará que has sanado la culpa, al menos en lo que te afectaba de esa relación. Entonces es cuando te convences de que tu perdón a funcionado pero no antes. El que parezca que transcurre tiempo entre que perdonas y ves un milagro no es más que el mecanismo como funciona la ilusión que lo hace de manera lineal para poder manifestarse, pero si hay que hacer caso a lo que dice Jesús, todo ocurre simultáneamente; así que no vale de nada inquietarse si practicas el perdón y ves que no parece funcionar. Un buen consejo es desapegarse de los resultados porque inhiben la acción de dar (Acerca de la preocupación y la duda por los resultados de practicar el perdón, recomiendo leer el apartado 7. ¿Debe repetirse la curación? en el Manual para el Maestro); o quizás, y esto es otra cosa importante, el milagro ha sucedido ya, pero tu esperas que se manifieste de una determinada forma que no espera. Ya hemos dicho que la forma es cambiante e irrelevante en la ilusión y que no tiene ninguna importancia. Así que es posible que no te hayas dado cuenta de su efecto y eso te lleve a empezar a dudar de su funcionamiento. Dice la lección de hoy: 

“Mas no le atribuyas valor a su forma. Pues ésta cambiará, y con el tiempo no será reconocible por mucho que trates de conservarla. Ninguna forma perdura. El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.” 

Tu perdón es inmutable pero el milagro puede adoptar cualquier aspecto irreconocible. Tienes que confiar ciegamente (nunca mejor dicho). Llegamos ahora a otro punto interesante:

“Nunca olvides que sólo te das a ti mismo. El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse de la idea del sacrificio...”

No estamos hablando de dar cosas físicas sino efectuar acciones, en concreto el perdón. El sacrificio solo se produce cuando está en juego la forma. Digamos, p.e., que accedes a hacer la guardia de un compañero de trabajo a regañadientes, o das de mala gana una cantidad de dinero a un familiar que lo necesita, o dejas tu precioso vehículo con mucho esfuerzo a un amigo quien te lo pide prestado... En todos estos casos accedes con sacrificio porque, si no lo haces, sientes culpa. Lo realmente valioso no exige sacrificio y por lo tanto no debes sentirlo como tal. Salvar el mundo no supone ningún sacrificio, por eso no tiene sentido que la gente se apegue a la cruz, al dolor, a relaciones tóxicas que les hacen daño, pensando que por todo ese sufrimiento que están soportando Dios les va a premiar finalmente con el cielo. ¡Es absurdo! Estas son ideas descabelladas de ego para retro-alimentarse.

Dice la lección de hoy que bendices al mundo porque te bendices tú, pero, ¿cómo se bendice uno? Podrías decirte “me bendigo a mi mismo”, o podrías persignarte o irte una mañana a la plaza de San Pedro del Vaticano a que el mismo Papa te bendiga antes de tú empezar a bendecir a otros, pero eso no te servirá de nada. Dice un refrán que “Obras son amores y no buenas razones”. Lo que quiero decir es que uno se bendice por las obras que hace y no por la charlatanería ni por la práctica de rituales, juegos de manos o prestidigitación, a no ser que haya un cambio de pensamiento profundo y poderoso detrás de todo ésto. El pensamiento del que estamos hablando es la negación del sufrimiento. ¡Uf! Eso significa que no debes ver primero motivo de sufrimiento en ti, pero me levanto todos los días dándome lástima, arrastrando los pies, con malestar, preocupado, iracundo, desganado, triste y depresivo... ¿Te suena? Habrá que arreglar eso ¡sin sacrificarse!. ¿Qué tal dando gracias por todo con más frecuencia, perdonándose uno repetidamente por ese grado de locura que uno porta encima, por los propios errores, quitándose uno importancia y riéndose uno más de sí mismo? El camino de la espiritualidad no es fácil.

“Cuando eliges ver todo sufrimiento como lo que es (un sinsentido), tu bendición desciende sobre todo aquel que sufre.”

Un poco más abajo, en la lección, vengo a leer con otras palabras lo que ya decía anteriormente:

“Jamás creas que puedes hacer sacrificio alguno. No hay cabida para el sacrificio en lo que tiene valor. Si surge tal pensamiento, su sola presencia demuestra que se ha cometido un error, el cual es necesario corregir. Tu bendición lo corregirá.”

Donde antes veías sufrimiento y miedo y desdicha y sacrificio y dolor..., miras ahora con compasión. No confundas mirar con compasión con mirar con lástima, ¡no! De esa manera estarías haciendo real lo que ves. A mirar con compasión me refiero a mirar sin ver todo eso que causa sufrimiento, miedo, desdicha, dolor... Me refiero a mirar, más allá de cualquier forma, la inocencia y santidad de tu hermano, con aprecio y comprensión, con amor, mirar con los ojos del Cristo. Cuando lo haces así estás reconociendo esa misma inocencia y santidad en ti, porque no hay nadie más. Bendices así a tu hermano porque te bendices a ti mismo.

Y ahora para acabar, un chiste viejo sobre el sufrimiento:

Va un labriego por la carretera sentado en lo alto de su carreta tirada por un mulo viejo, y junto a él, una cabra y una jaula con varias gallinas. En esto que llega a una curva sin visibilidad y cuando la empieza a tomar llega un tipo subido en un mercedes a toda velocidad y enviste a la carreta en un golpe descomunal. El conductor se baja rápidamente y comprueba daños. Su auto está intacto pero la carreta está hecha trizas. Se asoma a la cuneta y ve a las pobres gallinas todas sufriendo así que en un acto de humanidad (o animalidad) exclama:

- Pobres gallinitas. No vais a sufrir más.

Y a continuación se vuelve al coche, abre el maletero, coge una escopeta, se vuelve para donde las gallinas y les pega un tiro. Sigue buscando y encuentra la cabra malherida y dice:

- Pobre cabra. No vas a sufrir más.

Y le pega un tiro. Más allá ve el mulo resoplando de dolor y patas arriba, y el hombre le dice:

- Tranquilo. Pobre mulo. No vas a sufrir más.

Y le pega otro tiro. Por último advierte que el labriego está en lo alto de un árbol contemplando aterrorizado toda la escena, destrozado y desangrándose vivo, y  éste le dice con voz temblorosa al hombre de la escopeta:

- Ooooye tú, nono te lo vas a creer, pepepero estoy de puputa madre, ¡no me duele náaa! 

* * *

viernes, 27 de abril de 2018

Lección 159 de Un Curso de Milagros

Doy los milagros que he recibido

1. Nadie puede dar lo que no ha recibido. Para dar algo es preciso poseerlo antes. En este punto las leyes del Cielo y las del mundo coinciden. Pero en este punto difieren también. El mundo cree que para poseer una cosa, tiene que conservarla. La salvación enseña lo contrario. Al dar es como reconoces que has recibido. Es la prueba de que lo que tienes es tuyo.
2. Comprendes que estás sano cuando ofreces curación. Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas. En tu hermano te reconoces a ti mismo, y así, te das cuenta de que eres pleno. No hay milagro que no puedas dar, pues todos te han sido dados. Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran y dándoselos al mundo.
3. La visión de Cristo es un milagro. Viene de mucho más allá de sí misma, pues refleja el Amor Eterno y el renacimiento de un amor que, aunque nunca muere, se ha mantenido velado. La visión de Cristo representa el Cielo, pues lo que ve es un mundo tan semejante al Cielo que lo que Dios creó perfecto puede verse reflejado en él. En el espejo tenebroso que el mundo presenta sólo se pueden ver imágenes distorsionadas y fragmentadas. El mundo real representa la pureza del Cielo.
4. La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. Es el vínculo mediante el cual el que da y el que recibe se unen en el proceso de extensión aquí en la tierra, tal como son uno en el Cielo. Cristo no ve pecados en nadie. Y ante Su vista, los que son incapaces de pecar son todos uno. Su santidad les fue otorgada por Su Padre y por Cristo.
5. La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos. Y tú puedes tener absoluta confianza de que su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón. Las cosas que aquí parecen completamente sólidas, allí son meras sombras, transparentes, apenas visibles, relegadas al olvido a veces e incapaces de poder opacar la luz que brilla más allá de ellas. A la visión se le ha restituido la santidad, y ahora los ciegos pueden ver.
6. Éste es el único regalo del Espíritu Santo, el tesoro al que puedes recurrir con absoluta certeza para obtener todas las cosas que pueden contribuir a tu felicidad. Todas ellas ya se encuentran aquí, y se te dan sólo con que las pidas. Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante. No hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo.
7. Aquí es donde el mundo recuerda lo que perdió cuando fue construido. Pues aquí se le repara y se le renueva, pero bajo una nueva luz. Lo que estaba destinado a ser la morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia, donde se cura a todos los que sufren y donde se les da la bienvenida. A nadie se le niega la entrada en este nuevo hogar donde le aguarda su salvación. Nadie es un extraño aquí. Nadie le pide nada a otro salvo el regalo de aceptar la bienvenida que se le ofrece.
8. La visión de Cristo es la tierra santa donde las azucenas del perdón echan raíces. Ése es su hogar. Desde ahí se pueden llevar hasta el mundo, pero jamás podrán crecer en sus tierras estériles y superficiales. Tienen necesidad de la luz y del calor, así como del amoroso cuidado que la caridad de Cristo les provee. Necesitan el amor con el que Él las contempla. Y se convierten en Sus emisarios, que dan tal como recibieron.
9. Toma lo que quieras de Su depósito, para que sus tesoros puedan multiplicarse. Las azucenas no abandonan su hogar cuando se traen al mundo. Sus raíces siguen aún allá. No abandonan su fuente, sino que llevan su beneficencia consigo, y convierten al mundo en un jardín como aquel del que vinieron, y al que retornarán con una fragancia todavía mayor. Ahora son doblemente benditas. Han transmitido los mensajes de Cristo que traían y éstos les han sido devueltos. Y ellas se los llevan de vuelta gustosamente a Él.
10. Contempla el caudal de milagros desplegados ante ti para que los des. ¿No eres acaso merecedor de esos mismos regalos cuando Dios Mismo dispuso que se te concediesen? No juzgues al Hijo de Dios, sino sigue el camino que Dios ha señalado. Cristo ha soñado el sueño de un mundo perdonado. Ése es Su regalo, a través del cual puede tener lugar una dulce transición de la muerte a la vida; de la desesperación a la esperanza. Permitámonos por un instante soñar con Él. Su sueño nos despierta a la verdad. Su visión nos provee de los medios por los que regresar a nuestra santidad eterna en Dios, la cual nunca perdimos. 

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Reflexión: Hay quien no soporta UCdM porque su vocabulario le recuerda demasiado a la religión. A mí lo que no me gusta es su lenguaje florido y redundante. Prefiero lo simple y práctico y me adormece todo el engalanamiento que acompaña, lo cual no hace sino añadir dificultad a su comprensión. En el libro "Las preguntas más comunes en torno a UCdM" de la editorial Grano de Mostaza (del que ya he hablado con anterioridad en otros artículos), la pregunta 68 dice: "¿Por qué el lenguaje de UCdM es tan difícil de leer y entender? ¿Por qué no pudo Jesús escribirlo más sencillo" La respuesta de Kenneth Wapnick es que Jesús lo escribió así para que el estudiante tenga de descifrarlo y descubra un nivel de significado que una lectura rápida no consigue ofrecer; de este modo se garantiza que los estudiantes más serios estén comprometidos con la atención y dedicación que el curso requiere. ¡Es una criba!, pero no una criba para escoger a unos pocos elegidos de entre todos los demás, no, sino una criba de tiempo, pues lo que quiere asegurar Jesús es que cojas el curso con ganas y no lo dejes. Su plan de estudios es universal y, tarde o temprano lo que enseña, todos tendremos que aprenderlo, bien a través de UCdM, bien con otros maestros y enseñanzas diferentes. 

Así que UCdM no es para leerlo ni para hacer los ejercicios durante un año y san se acabó; es un compromiso de "por vidas" (lo escribo en plural porque te puede llevar más de una). Y como dice en alguna parte el libro, una vez que lo empiezas, cualquier detención ahora será especialmente dolorosa porque caminarás entre dos sistemas diferentes de pensamiento lo cual te mantendrá confundido y dividido (¡doy fe de ello!). Entiendo que es lo que se quiere también dar a entender en Marcos 3,25: "Si una casa está divida contra sí misma, tal casa no puede permanecer... acabará por destruirse", que es lo que se trata de evitar. Dicho lo anterior y para regresar a la lección de hoy, en el esfuerzo por estudiar el curso no se te pide lo que no puedes dar porque ya lo tienes. Depende de tu decisión y voluntad.

Nadie puede dar lo que no ha recibido... arranca la lección. En este punto coinciden las leyes del cielo y del mundo, pero el mundo cree que para poseer algo hay que retenerlo mientras que el Cielo enseña lo contrario, que dándolo es como demuestras que eso es tuyo. Aquí se está claramente discriminando entre lo que tiene y no tiene valor.

Luego continúa... en tu hermano te reconoces y comprendes que has sanado cuando le ofreces sanación a través de la visión de Cristo, la cual es un milagro (ya hemos hablado de la visión en la lección anterior y se supone que el lector ya la experimenta y sabe de qué trata. Sin esa comprensión es vano seguir leyendo). La visión es el milagro que hace posible todos los demás milagros y es el puente entre el mundo (con juicios) y el mundo real (sin juicios). La visión es el regalo del E.S. al que se puede recurrir para obtener todas las cosas que pueden contribuir a tu felicidad (y no nos referimos a las cosas con forma y externas a ti, trabajo, dinero, casa, pareja... sino a valores como la confianza, el sentimiento de seguridad, el perdón, el amor y sobre todo la paz interna); todas son ya tuyas y se te dan conque las pidas porque la visión las reconoce en ti. En la visión (cuando estás consciente de tu Ser o en estado Crístico) a nadie se le niega la más mínima petición ni la necesidad más apremiante, y eso porque el Ser que es tu auténtica naturaleza, lo ha recibido todo; y cuando te sabes el Ser, reconoces que lo tienes todo y entonces puedes dar y compartir todos tus dones, todos tus milagros.

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jueves, 26 de abril de 2018

Lección 158 de Un Curso de Milagros

Hoy aprendo a dar tal como recibo

1. ¿Qué se te ha dado? Se te a dado el conocimiento de que eres una mente, de que te encuentras en una Mente y de que no eres sino mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor. No has abandonado tu Fuente, por lo tanto, sigues siendo tal como fuiste creado. Esto se te dio en forma de un conocimiento que no puedes perder. Ese conocimiento se le dio asimismo a todas las cosas vivientes, pues sólo mediante él viven.
2. Has recibido todo esto. No hay nadie en este mundo que no lo haya recibido. No es éste el conocimiento que tú transmites a otros, pues ése es el conocimiento que la creación dio. Nada de esto se puede aprender. ¿Qué es, pues, lo que vas a aprender a dar hoy? Nuestra lección de ayer evocó un tema que se expone al principio del texto: La experiencia, a diferencia de la visión, no se puede compartir de manera directa. La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en toda mente a su debido tiempo. Sin embargo, ese momento lo determina la mente misma, pues es algo que no se puede enseñar.
3. Ese momento ya ha sido fijado. Esto parece ser bastante arbitrario. No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino. Todos lo han dado ya, aunque todavía no hayan emprendido la jornada. Pues el tiempo tan sólo da la impresión de que se mueve en una sola dirección. No hacemos sino emprender una jornada que ya terminó. No obstante, parece como si tuviera un futuro que todavía nos es desconocido.
4. El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia. No obstante, tras las apariencias hay un plan que no cambia. El guión ya está escrito. El momento en el que ha de llegar la experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. Pues la jornada sólo se puede ver desde el punto donde termina, desde donde la podemos ver en retrospectiva, imaginarnos que la emprendemos otra vez y repasar mentalmente lo ocurrido.
5. Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es algo que él haya aprendido. Ésta se reveló a sí misma a él en el momento señalado. La visión, no obstante, es su regalo. Esto él lo puede dar directamente, pues el conocimiento de Cristo no se ha perdido, toda vez que Él tiene una visión que puede otorgar a cualquiera que la solicite. La Voluntad del Padre y la Suya están unidas en el conocimiento. No obstante, hay una visión que el Espíritu Santo ve porque la mente de Cristo también la contempla.
6. Aquí el mundo de las dudas y de las sombras se une con lo intangible. He aquí un lugar tranquilo en el mundo que ha sido santificado por el perdón y el amor. Aquí se reconcilian todas las contradicciones, pues aquí termina la jornada. La experiencia -que no se puede aprender, enseñar o ver- simplemente se encuentra ahí. Esto es algo que está más allá de nuestro objetivo, pues transciende lo que es necesario lograr. Lo que nos interesa es la visión de Cristo. Esto sí que lo podemos alcanzar.
7. La visión de Cristo está regida por una sola ley. No ve el cuerpo, ni lo confunde con el Hijo que Dios creó. Contempla una luz que se encuentra más allá del cuerpo; una idea que yace más allá de lo que puede ser palpado; una pureza que no se ve menguada por errores, por lamentables equivocaciones, o por los aterrantes pensamientos de culpabilidad nacidos de los sueños de pecado. No ve separación. Y contempla a todo el mundo, y todas las circunstancias, eventos o sucesos, sin que la luz que ve se atenúe en lo más mínimo.
8. Esto se puede enseñar, y todo aquel que quiera alcanzarlo tiene que enseñarlo. Lo único que es necesario es el reconocimiento de que el mundo no puede dar nada cuyo valor pueda ni remotamente compararse con esto; ni fijar un objetivo que no desaparezca una vez que se haya percibido esto. Y esto es lo que vas a dar hoy: no ver a nadie como un cuerpo y saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad.
9. Así es como sus pecados le son perdonados, pues la visión de Cristo tiene el poder de pasarlos a todos por alto. En Su perdón se desvanecen. Al ser imperceptibles para el Uno, simplemente desaparecen, pues la visión de la santidad que se halla más allá de ellos viene a ocupar su lugar. No importa en qué forma se manifestaban, cuán enormes parecían ser ni quién pareció sufrir sus consecuencias. Ya no están ahí. Y todos los efectos que parecían tener desaparecieron junto con ellos, al haber sido erradicados para ya nunca más volver.
10. Así es como aprendes a dar tal como recibes. Y así es como la visión de Cristo te contempla a ti también. Esta lección no es difícil de aprender si recuerdas que en tu hermano te ves a ti mismo. Si él se encuentra inmerso en el pecado, tú también lo estás; si ves luz en él, es que te has perdonado a ti mismo tus pecados. Cada hermano con quien hoy te encuentres te brinda una nueva oportunidad para dejar que la visión de Cristo brille sobre ti y te ofrezca la paz de Dios.
11. Cuándo ha de llegar esta revelación es irrelevante, pues no tiene nada que ver con el tiempo. No obstante, el tiempo aún nos tiene reservado un regalo, en el que el verdadero conocimiento se refleja de manera tan precisa que su imagen comparte su invisible santidad y su semejanza resplandece con su amor inmortal. Nuestra práctica de hoy consiste en ver todo con los ojos de Cristo. Y mediante los santos regalos que damos, la visión de Cristo nos contempla a nosotros también.

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Reflexión: La lección de hoy parece muy complicada por la terminología que utiliza, pero voy a tratar de darle un poco de luz.

Empieza diciendo que uno es mente amorosa creada a imagen y semejanza de la Mente que es Dios, la Fuente. Esto fue dado a través del "conocimiento" que es la experiencia o la forma que adopta la creación en el Cielo (No hay que confundirlo con el conocimiento tal como lo entiende el mundo). El "conocimiento" es algo que no se puede perder, (o sea, que no podemos dejar de ser como Dios), y con ello se nos concede absolutamente todo.

Luego dice que la experiencia del "conocimiento", a diferencia de la "visión", no se puede compartir de manera directa. Aquí se refiere a que la experiencia de la creación no se puede explicar (no hay palabras para ello) ni se puede transmitir como ocurre con la "visión". El "conocimiento" no es algo que uno pueda ayudar a recordar a otro. Nuevamente la "visión" no se refiere a la visión de los ojos sino a la percepción de la consciencia, del Ser o del Cristo en nosotros.

Más adelante vuelve a decir que el "conocimiento" alboreará en cada mente a través de la "revelación" de que Padre e Hijo son uno. Recuerdo que la revelación nos es dada solamente cuando estamos listos (cuando hemos sanado nuestra mente), no antes, y procede de Dios hacia nosotros. Con la revelación entonces recordamos que ya lo hemos recibido todo. El momento de la revelación ya está fijado con antelación, aunque es algo que parece ocurrirá en el futuro y no se puede enseñar. Es una experiencia que pone fin a todas las dudas porque se recuerda quien realmente somos. Otros llaman a la revelación "iluminación" aunque hay quien llama iluminación a la "visión" a la que yo llamaría "despertar". Así pues, tenemos que visión y revelación serían equivalentes a despertar e iluminación respectivamente.

La "visión" es el acto de percibir el Ser, la consciencia (Crística) que es lo único que queda de real en la ilusión del mundo. A diferencia del "conocimiento", la "visión" sí se puede enseñar. Digamos que todo UCdM está diseñado para enseñar y reforzar la visión, para que finalmente Dios pueda revelarse y se produzca la salvación.

De lo que trata la lección de hoy cuando se refiere a “dar tal como recibo” es que, sabiéndote Hijo de Dios, usas la "visión" para no ver a nadie como un cuerpo sino como tu semejante unido a ti en la santidad. Si tú lo tienes todo, cuando miras a tu hermano con la "visión", él también lo tiene todo. En tu hermano te ves a ti mismo y lo que ves en él lo ves en ti. Así cada encuentro es una oportunidad para usar la "visión" y que te ofrezca la paz de Dios. La práctica de hoy consiste en ver todo con los ojos de Cristo, con la "visión". 

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lunes, 23 de abril de 2018

Lección 154 de Un Curso de Milagros

Me cuento entre los ministros de Dios

1. No seamos hoy ni arrogantes ni falsamente humildes. Ya hemos superado tales necedades. No podemos juzgarnos a nosotros mismos, ni hace falta que lo hagamos. Eso no es sino aplazar la decisión y posponer entregarnos de lleno al ejercicio de nuestra función. Nuestro papel no es juzgar nuestra valía, ni tampoco podríamos saber cuál es el mejor papel para nosotros o qué es lo que podemos hacer dentro de un plan más amplio que no podemos captar en su totalidad. Nuestro papel se nos asigna en el Cielo, no en el infierno. Y lo que pensamos que es debilidad puede ser fortaleza, y lo que creemos que es nuestra fortaleza a menudo es arrogancia.
2. Sea cual sea el papel que se te haya asignado, fue seleccionado por la Voz que habla por Dios, Cuya función es asimismo hablar por ti. El Espíritu Santo escoge y acepta tu papel por ti, toda vez que ve tus puntos fuertes exactamente como son, y es igualmente consciente de dónde se puede hacer mejor uso de ellos, con qué propósito, a quién pueden ayudar y cuándo. Él no actúa sin tu consentimiento. Pero no se deja engañar con respecto a lo que eres, y escucha solamente Su Voz en ti.
3. Mediante esta capacidad Suya de oír una sola Voz, la Cual es la Suya Propia, es como tú por fin cobras conciencia de que en ti solo hay una Voz. Y esa sola Voz te asigna tu función, te la comunica, y te proporciona las fuerzas necesarias para poder entender lo que es, para poder llevar a cabo lo que requiere, así como para poder triunfar en todo lo que hagas que tenga que ver con ella. Dios se une a Su Hijo en esto, y Su Hijo se convierte de este modo en el mensajero de la unidad junto con Él.
4. Esta unión de Padre e Hijo, a través de la Voz que habla por Dios, es lo que hace que la salvación sea algo aparte del mundo. Ésta es la Voz que habla de leyes que el mundo no obedece, y la que promete salvarnos de todo pecado y abolir la culpabilidad de la mente que Dios creó libre de pecado. Ahora esta mente vuelve a cobrar conciencia de Aquel que la creó y de su eterna unión consigo misma. Y así, su Ser es la única realidad en la que su voluntad y la de Dios están unidas.
5. El mensajero no escribe el mensaje que transmite. Tampoco cuestiona el derecho del que lo escribe, ni pregunta por qué razón ha escogido aquellos que han de recibir el mensaje del que él es portador. Sólo necesita aceptarlo, llevárselo a quienes va destinado y cumplir con su cometido de entregarlo. Si trata de determinar cuáles deben ser los mensajes, cuál es su propósito o adónde se deben llevar, no estará desempeñando debidamente su papel de portador de la Palabra.
6. Hay una diferencia fundamental en el papel que desempeñan los mensajeros del Cielo que los distingue de los mensajeros del mundo. Los mensajes que transmiten van dirigidos en primer lugar a ellos mismos. Y es únicamente en la medida en que los pueden aceptar para sí que se vuelven capaces de llevarlos aún más lejos, y de transmitirlos allí donde se dispuso que fueran recibidos. Al igual que los mensajeros del mundo, ellos no escribieron los mensajes de los que son portadores, pero se convierten, en rigor, en los primeros que los reciben, a fin de prepararse para dar.
7. Un mensajero terrenal cumple su misión transmitiendo todos los mensajes de que es portador. Los mensajeros de Dios desempeñan su papel aceptando Sus mensajes como si fuesen para ellos mismos, y demuestran que han entendido los mensajes al transmitírselos a otros. No eligen ningún papel que no les haya sido asignado por Su autoridad. Y de esta forma, se benefician con cada mensaje que transmiten.
8. ¿Queréis recibir los mensajes de Dios? Pues así es como os convertís en Sus mensajeros. Sois nombrados ahora. Sin embargo, os demoráis en transmitir los mensajes que habéis recibido. Y de esta forma, no os dais cuenta de que son para vosotros, y así, no los reconocéis. Nadie puede recibir, y comprender que ha recibido, hasta que no dé. Pues sólo al dar puede aceptar que ha recibido.
9. Vosotros que sois ahora los mensajeros de Dios, recibid Sus mensajes. Pues eso es parte de la función que se os asignó. Dios no ha dejado de ofreceros lo que necesitáis, ni ello ha dejado de aceptarse. No obstante, hay otra parte de la tarea que se os ha señalado que todavía tiene que llevarse a cabo. Aquel que recibió los mensajes de Dios por vosotros quisiera que vosotros también los recibierais. Pues de esta manera os identificáis con Él y reivindicáis lo que es vuestro.
10. Esta unión es lo que nos proponemos reconocer hoy. No trataremos de mantener nuestras mentes separadas de Aquel que habla por nosotros, pues es nuestra propia voz la que oímos cuando le prestamos atención a Él. Únicamente Él puede hablarnos a nosotros y hablar por nosotros, uniendo en una sola Voz el recibir y el dar de la Palabra de Dios; el dar y el recibir de Su Voluntad.
11. Nuestra práctica de hoy consiste en darle a Él lo que es Su Voluntad tener, de manera que podamos reconocer los dones que nos hace. Él necesita nuestra voz para poder hablar a través de nosotros. Necesita nuestras manos para que acepten Sus mensajes y se los lleven a quienes Él nos indique. Necesita nuestros pies para que éstos nos conduzcan allí donde Su Voluntad dispone que vayamos, de forma que aquellos que esperan acongojados puedan por fin liberarse. Y necesita que nuestra voluntad se una a la Suya, para que podamos ser los verdaderos receptores de los dones que El otorga.
12. Aprendamos sólo esta lección el día de hoy: que no reconoceremos lo que hemos recibido hasta que no lo demos. Has oído esto cientos de veces y de cien maneras diferentes, y, sin embargo, todavía no lo crees. Mas ten por seguro esto: hasta que no lo creas, recibirás miles y miles de milagros, pero no sabrás que Dios Mismo no se ha quedado con ningún regalo que tú ya no poseas, ni le ha negado a Su Hijo la más mínima bendición. ¿Qué significado puede tener esto para ti a no ser que te hayas identificado con el Hijo y con lo que es suyo?
13. Nuestra lección de hoy reza así: Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecido de disponer de los medios a través de los cuales puedo llegar a reconocer que soy libre.
14. El mundo retrocederá a medida que iluminemos nuestras mentes y reconozcamos la veracidad de estas santas palabras. Pues constituyen el mensaje que hoy nos envía nuestro Creador. Ahora demostraremos cómo han cambiado lo que pensábamos de nosotros mismos y de lo que nuestra función era. Pues al demostrar que no aceptamos ninguna voluntad que no sea la que compartimos, los numerosos dones que nuestro Creador nos otorga aparecerán de inmediato ante nuestra vista y llegarán a nuestras manos, y así reconoceremos lo que hemos recibido. 
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Reflexión: De joven, por eso de que tuve una época de monaguillo y luego más tarde, porque formé grupo con otros amigos en la parroquia del pueblo, alguna persona mayor me llegó a decir (no sé si en broma), que tenía cara de cura. El remate fue que luego pasé una época con un buen amigo que más tarde terminó ingresando en el seminario mayor y se hizo párroco. En España, a pesar de la tradición religiosa, las cicatrices de la Guerra Civil han dejado un residuo en gran parte de la sociedad la cual aún siente bastante aversión a todo lo que suene a Dios y religión, y ello porque la Iglesia estuvo aliada con uno de los bandos. No es el caso de mi familia, hasta donde yo sé, que tuvo la suerte de mantenerse al margen del conflicto. Así que no sé de donde me viene el interés por la espiritualidad, aunque la verdad, cada vez que pensaba que yo pudiera meterme a sacerdote sentía un repelús, ¡no me gustaba en absoluto!. Por eso mismo no me imaginé nunca escribiendo estos artículos, que en cierta manera son una especie de apostolado, aunque nada tienen que ver con la doctrina católica con la que no comulgo en absoluto a pesar de tener muchos amigos dentro de la misma. Yo creo que en mí, ese sentimiento de rechazo viene de asociar la dedicación religiosa al celibato, a la creencia de que si te gusta el sexo opuesto no puedes dedicarte a estas cosas, algo que he descubierto no es verdad. Así que si tienes la misma creencia oculta que yo tenía, y si te sientes cohibido de decirte a ti mismo que te cuentas entre los ministros de Dios, te invito a que abandones esa tonta idea.

Ya he recalcado que existe una gran diferencia entre la doctrina católica y las enseñanza de UCdM. La aseveración de hoy no es para que, si estudias el curso, tengas que predicarlo en público. El curso no dice en ningún sitio que tengas que ir evangelizando a nadie; ni siquiera tienes que dar a conocer que lo estás estudiando. Sí que dice que "dar y recibir son una misma cosa", y que "un buen maestro clarifica sus propias ideas y las refuerza al enseñarlas". Dicho de otra manera: compartir lo que sabes lo refuerza, aunque allá cada cual con lo que quiera hacer. Entiendo que la lección de hoy es una invitación al compromiso contigo mismo, a que seas coherente con el curso y con su práctica, más que a enseñarlo. No todos tienen el talento oral para expresarse ni el talento literario para escribir acerca de él. El querer compartir lo que sabes del curso es algo que debe surgir espontáneo, porque así lo deseas. Nadie te lo ordena y mucho menos es seguro que vayas a recibir ninguna contra-prestación del tipo que sea por hacerlo si es eso lo que buscas, sino que lo haces porque te place a sabiendas de que así aceleras tu proceso de aprendizaje si estás profundamente comprometido con él. 

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...