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martes, 3 de octubre de 2017

Por su Fruto lo Conoceréis

Soy un árbol pero no sé de qué tipo. Luzco bien raro todo lleno de cosas por encima, parecido a esos árboles tan llamativos pero artificiales de Navidad, pero mucho más apagado. Sostengo con esfuerzo en mis ramas un montón de frutos diferentes que me mantienen cansado todo el tiempo y estresado, pues tengo que producir y ser útil en ciertas etapas; y si no, estoy amenazado con ser leña para el fuego. 
Ya desde pequeño me empezaron a realizar injertos, y a cierta edad me han podado no sé cuantas veces. Ahora ya no recuerdo qué árbol soy, cuales son mis verdaderas ramas y cuales son las que me han puesto, y el resultado es que me siento muy confundido. Pero he oído por ahí de un árbol más experimentado que es fácil de averiguar. Sólo tengo que dejar caer lo que no sienta como propio, que no me quede con nada que no me importe y me limite a ser yo mismo, regocijándome en mi propia savia. En resumen, que tengo que confiar y dejar obrar a la Naturaleza. 

(...)

Ya ha pasado un tiempo de aquella primera vez ¡Al despojarme de tanto peso he crecido un montón y he vuelto a reverdecer como nunca hubiera imaginado! Antes se me acercaban para podarme, ponerme y/o quitarme cosas de encima; incluso algunos para hacer sus necesidades, lo que me molestaba mucho, pero descubrí que urea y excrementos me sirven de abono y me hacen más fuerte; así que ahora no me importa. 
Mira esos escuálidos árboles de Navidad tan bonitos pero frágiles, parece que se van a quebrar con sólo mirarlos. Bajo mi nueva sombra ha crecido hierba fresca y quienes ahora se acercan es para tumbarse debajo mío o para buscar cobijo de la lluvia y del caluroso sol del verano. Algunos incluso me pintan corazones. De mis ramas cuelga un único tipo de fruta, la más grande y jugosa de su especie. Como reza el dicho: "Por sus frutos los conoceréis" Ahora sé quien soy realmente.

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domingo, 1 de febrero de 2015

La importancia de fluir


La vida es como es aunque nuestro ego se empeña en resistirse queriendo controlar y cambiar todo lo que nos ocurre. ¿Cuántas veces hemos hecho planes que no se han cumplido? Por eso uno se agota tratando de nadar contracorriente pero haciendo lo que da dinero en lugar de lo que realmente le gusta; haciendo lo que dicen los demás que tienes que hacer y es mejor para ti, bien sean tus padres, tu pareja, tus amigos o la sociedad, en lugar de lo que realmente quieres; haciendo lo que evite que los otros hablen mal en lugar de hacer lo que sientes que debes hacer sin importarte lo que piensen y digan los demás; de hacer lo que todo el mundo hace para encajar en el sistema en vez de ser tú mismo y sentirte bien contigo mismo por encima de todo; y así un largo etc. No entendemos que resistirse a la corriente de la vida es como dejarse atrapar por los remolinos del ego, donde el agua te revuelca, te hunde y te ahoga.


Déjate llevar, deja de gastar energía en criticar, en poner peros, en quejarte y tratar de cambiar las cosas. Acepta la vida tal como es. Sobre todo aceptate tu mismo tal como eres. Suelta tu mente y no tengas miedo. No te aferres a ninguna rama, y menos aún, a ninguna roca por muy sólida que aparente ser: el agua la terminará horadando igual; disfruta del paseo, sin juzgar y deja que la vida te lleve allí a donde te tiene que llevar, sin remedio, hasta un final donde te fundirás dichosamente con el Gran Océano.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...