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martes, 26 de marzo de 2019

Lección 349 de Un Curso de Milagros

Hoy dejo que la visión de Cristo contemple todas las cosas por mi, y que, en lugar de juzgarlas, les conceda a cada una un milagro de amor

1. Así quiero liberar todas las cosas que veo, concediéndoles la libertad que busco. De esta manera, obedezco la ley del amor, dando lo que quiero encontrar y hacer mío. Ello se me dará, porque lo he elegido como el regalo que quiero dar. Padre, Tus regalos son míos. Cada regalo que acepto me concede un milagro que puedo dar. Y al dar tal como quiero recibir, comprendo que Tus milagros de curación me pertenecen.
2. Nuestro Padre conoce nuestras necesidades, y nos concede la gracia para satisfacerlas todas. Y así, confiamos en que Él nos enviará milagros para bendecir al mundo y sanar nuestras mentes según regresamos a Él.

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Reflexión: La personalidad es algo fingido y fingir conlleva una gran esfuerzo y pérdida de energía. ¿No te has sentido muchas veces cansado de la vida?. Cuesta mirar el mundo cargado de prejuicios, valorando todo conforme a tu manera de pensar, tu experiencia y conocimientos aprendidos, tu fe (o falta de fe) y tus deseos. La vida cansa porque vivir desde la personalidad requiere una continua defensa basada en la autojustificación.

Hoy se te pide que dejes todas las defensas a un lado que has erigido para defender quien crees que eres y demás creencias. Cuando te permites liberarte a ti mismo, liberas también al mundo. Cuando dejas de ser un "yo" dejando la mente aparte y el juicio de lado, dejas que todo y todas las personas sean tal como son; entonces rompes con la dualidad. Eso es dar un regalo de amor. No necesitas esforzarte para dar un regalo de ese tipo porque fluye desde tu estado natural de ser cuando desnudas tu mirada de prejuicios y simplemente ves con inocencia (visión de Cristo). Entonces, la bondad conque miras te es devuelta con la misma facilitad que parte de ti porque no hay nadie más.

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viernes, 25 de enero de 2019

Lección 306 de Un Curso de Milagros

El regalo de Cristo es lo único que busco hoy

1. ¿Qué otra cosa sino la visión de Cristo querría utilizar hoy cuando me puede conceder un día en el que veo un mundo tan semejante al Cielo que un viejo recuerdo vuelve a aflorar en mi conciencia? Hoy puedo olvidarme del mundo que fabriqué. Hoy puedo ir más allá de todo temor, y ser restaurado al amor, a la santidad y a la paz. Hoy soy redimido, y vuelvo a nacer en un mundo misericordioso y solícito; un mundo lleno de bondad en el que reina la paz de Dios.
2. Y de esta manera, Padre nuestro, regresamos a Ti, recordando que nunca nos ausentamos; recordando los santos dones con los que nos has agraciado. Venimos llenos de gratitud y aprecio, con las manos vacías y con nuestras mentes y corazones abiertos, pidiendo tan sólo lo que Tú concedes. Ninguna ofrenda que podamos hacer es digna de Tu Hijo. Pero en Tu Amor se le concede el regalo de Cristo.

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Reflexión: El regalo de Cristo es su Visión. ¿Cómo sé que lo estoy aceptando?. Dime, ¿cómo te sientes? Si no te sientes en paz posiblemente no estás usando la Visión. Puede que digas "¿Cómo puedo estar en paz si estoy oyendo noticias alarmantes que me mantienen preocupado?", o aún peor, "¿Cómo puedo estar en paz si estoy rodeado de violencia, la gente en la calle es una turba, hay peleas y tiroteos, falta lo básico para vivir en los supermercados, y siento mucho miedo?. No sé si voy a estar vivo mañana"; ¿cómo hago para ver con la Visión en estas circunstancias? 

Tu poder está siempre en elegir y en determinadas circunstancias puede que no te resulte nada fácil. Aunque no lo creas, UCdM te capacita, poco a poco, para afrontar estas situaciones a veces extremas; no te capacita, sin embargo, para que escapes de ellas porque igual está en tu guión de vida que tengas que experimentarlas y entonces puedes usarlas para ensayar tu perdón. UCdM no trata de cambiar el mundo, trata de que tú cambies tu manera de verlo. 

Recuerda, la Visión te permite entrar en estado de presencia, de observador y ahí puedes hacer valer la fortaleza que es tu santidad, tu ser inquebrantable, teniendo el poder de elegir qué decides ver y qué sentir, incluso en las situaciones más desafiantes. Cualquiera no está preparado para responder con tanta entereza y serenidad. Si no lo estás entonces quedarás atrapado dando realidad al caos, el sufrimiento, la escasez y el miedo; pero si sí lo estás puedes elegir perdonar reconociendo que todo lo que ves y oyes son manifestaciones temporales de la forma, un sueño sin repercusiones en lo real (lo eterno), ello sin dejar de hacer lo que te veas llamado a hacer actuado con la razón y acorde a las circunstancias. Tu capacidad de identificarte y refugiarte en tu Ser en momentos turbios no te vuelve invulnerable físicamente al mundo, así que no tienes necesidad de exponerte innecesariamente a ningún peligro haciendo alardes de ningún tipo. La santidad se conduce con humildad y discreción. Y lo más importante, UCdM dice que la ira nunca está justificada; así que, sea cual sea tu caso, intenta que tu respuesta no sea el ataque.

La ira nunca está justificada. El ataque no tiene fundamento. Con esto comienza uno a escapar del miedo, y con esto también es como lo logrará. Con esto se intercambian los sueños de terror por el mundo real. Pues el perdón descansa sobre esto, lo cual es tan sólo natural. No se te pide que concedas perdón allí donde se debería responder con ataque y donde el ataque estaría justificado. Pues eso querría decir que perdonas un pecado pasando por alto lo que realmente se encuentra ahí. Eso no es perdón, ya que supondría que, al reaccionar de una manera que no está justificada, tu perdón se ha convertido en la respuesta al ataque que se ha perpetrado. Y así, el perdón no habría sido apropiado, al haberse concedido donde no era debido.
(T-30.VI.1)

En el párrafo anterior se explica uno de los errores que cometemos cuando tratamos de perdonar. Dice que no trates de perdonar lo que ya has condenado de antemano con algún tipo de juicio, pues estarías tratando de aplicar el perdón del ego. Ese tipo de perdón no deshace la ilusión sino que la vuelve real. Eso no es perdón.

El perdón está siempre justificado. Sus cimientos son sólidos. Tú no perdonas lo imperdonable, ni pasas por alto un ataque real que merece castigo. La salvación no reside en que a uno le pidan responder de una manera antinatural que no concuerda con lo que es real. En lugar de ello, la salvación sólo te pide que respondas adecuadamente a lo que no es real, no percibiendo lo que no ha ocurrido. Si el perdón no estuviese justificado, se te estaría pidiendo que sacrificases tus derechos cuando devuelves perdón por ataque. Mas se te pide simplemente que consideres el perdón como la respuesta natural ante cualquier aflicción basada en un error que, por ende, no es más que una petición de ayuda. El perdón es la única respuesta cuerda, pues impide que tus derechos sean sacrificados.
(T-30.VI.2)

Este otro párrafo habla de lo que es el verdadero perdón, el de UCdM, el cual no está exento de polémica por todo aquel que se identifica con el ego y su locura. El ego considera que este perdón sí que es una locura. El perdón de UCdM no percibe ataque alguno, lo pasa por alto porque lo percibe como una petición de ayuda de aquellos que usan alguna clase de violencia. Aquí tienes que entender que la persona que grita, destruye y ataca, se identifica con su ego y en el fondo se siente insegura porque tiene miedo. ¡No es consciente de su Cristo interno aunque tú si lo Ves!. Por lo mismo, tu seguridad descansa en tu indefensión porque tu Visión te identifica con el Cristo en ti y no tienes miedo. No pasas a defenderte avivando así más violencia, ni tratas de justificar ninguna respuesta al ataque provocando más suspicacia y rencor en tu hermano. Simplemente callas, observas y pasas por alto los errores, si puedes te alejas o tratas de ayudar donde se te reclama, bendices silenciosamente y perdonas. Eso es lo único que buscas hoy.

Este entendimiento es el único cambio que le permite al mundo real alzarse para ocupar el lugar de los sueños de terror. El miedo no puede surgir a menos que se justifique el ataque; y si éste tuviese una base real, el perdón no tendría base alguna. El mundo real se alcanza cuando percibes que aquello en lo que el perdón se basa es completamente real y está plenamente justificado. Mientras creas que el perdón es un regalo inmerecido, ello no podrá sino reforzar la culpabilidad que quieres "perdonar". El perdón que no está justificado es un ataque. Y eso es todo lo que el mundo puede jamás ofrecer. Puede que algunas veces perdone a los "pecadores", pero sigue siendo consciente de que han pecado. De modo que no se merecen, el perdón que les concede.
(T-30.VI.3)

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miércoles, 23 de enero de 2019

Lección 304 de Un Curso de Milagros

Que mi mundo no nuble la visión de Cristo

1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. Y no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. La percepción es un espejo, no un hecho. Y lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. Quiero bendecir el mundo contemplándolo a través de los ojos de Cristo. Y veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.
2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.

* * *
Reflexión: Un texto del poeta español Ramón de Campoamor (1817-1901) reza lo siguiente:
«Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira: 
 todo es según el color
del cristal con que se mira»

... que viene a decir que es uno quien se permite ver las cosas según su estado de ánimo. Este poema está en consonancia con la frase que tanto he repetido a lo largo de las lecciones:

"Ves lo que quieres ver"

... sólo que no siempre asumimos la responsabilidad por ello. 

Soy responsable de lo que veo. 
Elijo los sentimientos que experimento y decido 
el objetivo que quiero alcanzar. 
Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, 
y se me concede tal como lo pedí. 
(T-21.II.2.3:5)

Lo que ves, o lo ves con los ojos del ego o lo ves con la Visión de Cristo. Los ojos de ego parecen mirar de muchos maneras diferentes pero son todas la misma. Pueden hacerlo con interés, con avidez, con egoísmo, con envidia, con lujuria, con desprecio, con odio, con indiferencia, con asombro, con sorpresa, con curiosidad... etc; todas ellas llevando una intención de la que no siempre somos conscientes. La Visión de Cristo, sin embargo, ve siempre de la misma manera, con conocimiento e inocencia, sin intenciones ocultas, lo que hace que la luz en ella sea divina.

Pero al ego, a las distintas religiones, a la sociedad... no les interesa tu divinidad. Cuando ves con la visión espiritual todos ellos pierden control sobre ti y entonces te vuelves incómodo. Por eso se te desanima continuamente diciéndote que es arrogancia creer que puedas ser como el Cristo pues tú eres humano, mortal y limitado. Todos estos son argumentos para mantenerte sumiso y controlado. Sin embargo pueden animarte a que aspires a la grandiosidad la cual consiste en conseguir más de todo en general, pues saben que así luego podrán extraer para sí mismos de lo que tú consigas con esfuerzo y sufrimiento. El mundo se mueve en la grandiosidad y la arrogancia, pero lo que es arrogante de verdad es ignorar lo divino. Ésto es lo que nos dice Jesús en UCdM al respecto:

¿Cómo puede ser que tu grandeza sea arrogancia cuando Dios Mismo da testimonio de ella? ¿Y puede lo que no tiene testigos ser real? ¿Qué beneficio se podría derivar de ello? Si no se puede derivar ninguno, el Espíritu Santo no puede usarlo. Lo que Él no puede transformar en la Voluntad de Dios no existe en absoluto. La grandiosidad es algo ilusorio porque su propósito es reemplazar a tu grandeza. Pero lo que Dios ha creado no puede ser reemplazado. Dios está incompleto sin ti porque Su grandeza es total, y tú no puedes estar excluido de ella.
Tú eres absolutamente irreemplazable en la Mente de Dios. Nadie más puede ocupar tu lugar en ella, y mientras lo dejes desocupado, tu eterno puesto aguardará simplemente tu regreso. Dios te recuerda esto a través de Su Voz, y Él Mismo mantiene a salvo tus extensiones dentro de Su Mente. Mas no las conocerás hasta que regreses a ellas. No puedes reemplazar al Reino, ni puedes reemplazarte a ti mismo. Dios, que conoce tu valía, no lo permitiría, y, por lo tanto, no puede suceder. Tu valía se encuentra en la Mente de Dios y, por consiguiente, no sólo en la tuya. Aceptarte a ti mismo tal como Dios te creó no puede ser arrogancia porque es la negación de la arrogancia. Aceptar tu pequeñez es arrogancia porque significa que crees que tu evaluación de ti mismo es más acertada que la de Dios.

(T-9.VIII.9:10)

No es necesario ni recomendable que te tapes los ojos ni los oídos para no ver ni escuchar lo que hay en el mundo. Tu responsabilidad reside en tu poder para escoger lo que ves y oyes, juzgándolo o perdonándolo, pero hoy se te pide que lo perdones. Para ello tienes que ser consciente de quien eres en realidad, y decidir ver el mundo con los ojos inocentes de Cristo que ti. 

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jueves, 17 de enero de 2019

Lección 298 de Un Curso de Milagros

Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo

1. Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo. Y, de esta manera, se me restituye por fin mi Realidad. El perdón elimina todo cuanto se interponía en mi santa visión. Y me aproximo al final de todas las jornadas absurdas, las carreras locas y los valores artificiales. En su lugar, acepto lo que Dios establece como mío, seguro de que sólo mediante ello me puedo salvar, y de que atravieso el miedo para encontrarme con mi Amor.
2. Padre, hoy vengo a Ti porque no quiero seguir otro camino que no sea el Tuyo. Tú estás a mi lado. Tu camino es seguro. Y me siento agradecido por tus santos regalos: un santuario seguro y la escapatoria de todo lo que menoscabaría mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.
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Reflexión: Para hablar del ejercicio de hoy quiero repasar de nuevo la metafísica del curso. Al soñar el Hijo de Dios la separación, ésta produjo un estado de culpa y miedo hacia Dios creyendo que podría ser castigado por lo que había hecho. Ese miedo al castigo y el repentino olvido de cómo llegó a esa situación derivó en el sentimiento de abandono por parte de Dios, y la consecuente ingratitud y odio por Su indiferencia, lo que le impidió aún más regresar a Él. El Hijo no se daba cuenta de que todo eso se lo estaba provocando él mismo con su ensoñación, cegado por su deseo de sentirse especial. Para terminar de complicarse y queriendo deshacerse de la culpa, el miedo y el odio, el Hijo añadió entonces un complejo truco de prestidigitación mental a su sueño pensando que así se libraría de esos sentimientos tan negativos, proyectándolos afuera en un universo de cuerpos y formas, pero que sin embargo, lo llevó a perderse completamente en la ilusión pues ahora sí que no sabe como regresar.

Si los sentimientos de culpa, miedo y odio separó al Hijo del Padre, lo contrario, el sentimiento de inocencia y el amor será lo que pueda restaurar la unidad perdida. Eso es lo que pretende conseguir el título de la lección de hoy: "Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo". Tratamos de retornar el intrincado camino que nos llevó hasta aquí, amando. Pero ¿cómo sé que estoy amando?. La prueba de que amas de verdad es el sentimiento de gratitud que te invade cuando lo haces con sinceridad. Sin embargo, si no hay gratitud, tu amor se queda en un intento de amar, un sucedáneo. 

Pero para amar de verdad primero necesitas la visión de Cristo para practicar el perdón conforme a UCdM. Este tipo de perdón necesita tu aceptación, aunque sea parcial, de que la separación de Dios no es verdad, y de que todo ésto no es más que una ilusión pareciendo muy real. Ya hablamos del perdón en la lección anterior. Una vez que estás abierto a la visión y empiezas a perdonar es que la gratitud va llegando de forma natural como reconocimiento de que sientes de verdad que estás amando y siendo amado, mientras se va deshaciendo en los rincones de tu mente la ilusoria separación de Dios.

Resumidamente, para restaurar la consciencia del Cielo en nuestra mente necesitamos alcanzar primero un estado en ella, estando aquí en el sueño, lo más parecido al que teníamos antes de la separación. Una vez alcanzado ese estado, por afinidad, Dios dará el último paso.
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viernes, 11 de enero de 2019

Lección 295 de Un Curso de Milagros

El Espíritu Santo ve hoy a través de mi

1. Hoy Cristo pide valerse de mis ojos para así redimir al mundo. Me pide este regalo para poder ofrecerme paz mental y eliminar todo terror y pesar. Y a medida que se me libra de éstos, los sueños que parecían envolver al mundo desaparecen. La redención es una. Al salvarme yo, el mundo se salva conmigo. Pues todos tenemos que ser redimidos juntos. El miedo se presenta en múltiples formas, pero el amor es uno.
2. Padre mío, Cristo me ha pedido, un regalo, regalo éste que doy para que se me dé a mí. Ayúdame a usar los ojos de Cristo hoy, y permitir así que el Amor del Espíritu Santo bendiga todo cuanto contemple, de modo que la compasión de Su Amor pueda descender sobre mí.
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Reflexión: La visión es la ventana a la salvación pues es lo que permite que el E.S. vea a través nuestro el mundo y lo juzgue una ilusión. De este modo tú eres inocente, eliminas el miedo de tu vida y por fin puedes sentirte en paz. Sin tu colaboración consciente lo anterior es imposible. Eso es lo que significa "El E.S. ve hoy a través de mi", y es a ello a lo que se te invita hoy. Esa actitud de entrega es en realidad un acto de Amor pues estás compartiendo la salvación con tu prójimo.

Lo opuesto a ver con los ojos del cuerpo es la visión de Cristo, la cual refleja fortaleza en vez de debilidad, unidad en vez de separación y amor en vez de miedo.
 (Prefacio UCdM)
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sábado, 22 de diciembre de 2018

Lección 290 de Un Curso de Milagros

Lo único que veo es mi actual felicidad

1. A menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad. Los ojos que comienzan a abrirse por fin pueden ver. Y deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí hoy mismo. Pues lo que percibo a través de mi propia vista sin la Corrección que Dios me dio para ella, es atemorizante y doloroso de contemplar. Mas no voy a permitir que mi mente se siga engañando un solo instante más, creyendo que el sueño que inventé es real. Éste es el día en que voy en pos de mi actual felicidad y en el que no he de contemplar nada que no sea lo que busco.
2. Con esta resolución vengo a Ti, y te pido que me prestes tu fortaleza, mientras procuro únicamente hacer Tu Voluntad. No puedes dejar de oírme, Padre. Pues lo que pido ya me lo has dado. Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.

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Reflexión: Esta lección es una continuación de las anteriores... El éxito de los ejercicios consiste en volver una y otra vez a la carga sobre el tema de la Visión para asegurar que la activas, por lo que pueden resultar innecesarios si ya la has adquirido y sabes de qué hablamos. Pero si no, si has llegado aquí de un salto y aún tienes dudas sobre lo que es la Visión y lo que ello conlleva, sigue leyendo. 

Empieza el ejercicio diciendo algo muy significativo que ofrece una pista sobre cómo alcanzar la felicidad que anhelas. Dice "a menos que contemple lo que no está ahí, lo único que veo es mi actual felicidad". Te está diciendo que si estás absorto en el pasado, anclado a la visión física y las apariencias, no puedes ver tu felicidad, la cual siempre ha estado ahí contigo. Y luego dice: "deseo que la visión de Cristo descienda sobre mí". Nuevamente el curso usa una frase metafórica. La visión de Cristo ya la tienes, como igualmente tienes la felicidad. Ninguna de las dos puede descender sobre ti porque ya son tuyas. Más bien se trata de abrirles paso en tu mente retirando toda la capa de pensamientos que las nublan. Tienes que saber que la Visión y la verdadera felicidad son consecutivos pues la primera te abre la vía a la segunda. Por lo tanto, no puedes ser feliz de manera constante si no gozas de la Visión pues tu felicidad entonces estaría basada en la percepción errónea, y esa percepción no te permite ver donde está tu verdadera felicidad.

Luego sigue una declaración de intenciones: "este es el día..." y "con esta resolución vengo a ti", para terminar con tres fuertes afirmaciones consecutivas que refuerzan tu deseo: "No puedes dejar de oírme", "lo que pido ya me lo has dado" y "estoy seguro...".

Tu deseo debe ser la dicha misma la cual está en la experiencia de tu ser interno, inmutable y constante; no en conseguir metas y objetivos mundanos lo cual solo te llevará a experiencias de miedo, frustración y dolor.

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lunes, 12 de noviembre de 2018

Lección 271 de Un Curso de Milagros

Hoy sólo utilizaré la visión de Cristo

1. Cada día, cada hora y cada instante elijo lo que quiero contemplar, los sonidos que quiero oír y los testigos de lo que quiero que sea verdad para mí. Hoy elijo contemplar lo que Cristo quiere que vea; hoy elijo escuchar la Voz de Dios, así como buscar los testigos de lo que es verdad en la creación de Dios. En la visión de Cristo, el mundo y la creación de Dios se encuentran, y según se unen, toda percepción desaparece. La dulce visión de Cristo redime al mundo de la muerte, pues todo aquello sobre lo que Su mirada se posa no puede sino vivir y recordar al Padre y al Hijo: la unión entre Creador y creación.
2. Padre, la visión de Cristo es el camino que me conduce a Ti. Lo que Él contempla restaura Tu recuerdo en mí. Y eso es lo que elijo contemplar hoy.

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Reflexión: Hoy no explicaré nada y me remitiré a lo que dije en las dos lecciones anteriores, así que si has llegado hasta aquí sin conocer mis comentarios a las lecciones 269 y 270, te pido que los leas pues son más que suficientes para comprender el sentido de la insistencia que hacen los ejercicios en utilizar la visión de Cristo.
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sábado, 10 de noviembre de 2018

Lección 270 de Un Curso de Milagros

Hoy no utilizaré los ojos del cuerpo

1. Padre, la visión de Cristo es el don que me has dado, el cual tiene el poder de transformar todo lo que los ojos del cuerpo contemplan en el panorama de un mundo perdonado. ¡Cuán glorioso y lleno de gracia es ese mundo! No obstante, ¡cuánto más podré contemplar en él que lo que puede ofrecerme la vista! Un mundo perdonado significa que Tu Hijo reconoce a su Padre, permite que sus sueños sean llevados ante la verdad y aguarda con gran expectación el último instante de tiempo en el que éste acaba para siempre, conforme Tu recuerdo aflora en su memoria. Y ahora su voluntad es una con la Tuya. Ahora su función no es sino la Tuya Propia, y todo pensamiento salvo el Tuyo ha desaparecido.
2. El sosiego de hoy bendecirá nuestros corazones y, a través de ellos, la paz descenderá sobre todo el mundo. Cristo se convierte en nuestros ojos hoy. Y mediante Su vista le ofrecemos curación al mundo a través de Él, el santo Hijo que Dios creó íntegro; el santo Hijo a quien Dios creó como uno solo.
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Reflexión:

No intentes alcanzar la visión valiéndote de los ojos, pues tú mismo inventaste tu manera de ver para así poder ver en la obscuridad, y en eso te engañas. Más allá de esta obscuridad, pero todavía dentro de ti, se encuentra la visión de Cristo, Quien contempla todo en la luz. Tu "visión" emana del miedo, tal como la Suya emana del amor. Él ve por ti, al ser tu testigo del mundo real. Él es la manifestación del Espíritu Santo, y lo único que hace es contemplar el mundo real, invocar a sus testigos y acercártelos. Cristo ama lo que ve en ti, y Su deseo es extenderlo. Y no retornará al Padre hasta que haya extendido tu percepción de forma que incluya al Padre. Y allí acaba la percepción, pues Él te habrá llevado consigo de vuelta al Padre.
Sólo puedes experimentar dos emociones. Una la inventaste tú y la otra se te dio. Cada una de ellas representa una manera diferente de ver las cosas, y de sus correspondientes perspectivas emanan dos mundos distintos. Ve a través de la visión que se te ha dado, pues a través de la visión de Cristo Él se contempla a Sí Mismo. Y al ver lo que Él es, conoce a Su Padre. Más allá de tus sueños más tenebrosos Él ve en ti al inocente Hijo de Dios, resplandeciendo con un fulgor perfecto que tus sueños no pueden atenuar. Y esto es lo que verás a medida que veas todo a través de Su visión, pues Su visión es el regalo de amor que Él te hace, y que el Padre le dio para ti.
(T-13.V.9:10)

La lección de hoy hace referencia a no utilizar la vista pero, ¿qué mecanismo hay detrás de este proceso para poder prescindir de él?. En el párrafo de arriba (T-13.V.10) se dice que la visión que tenemos del mundo procede de las emociones (o sentimientos). ¿Cómo es que las emociones influyen?. Hay un vídeo muy bueno de David Hoffmeister que te recomiendo que veas, donde se explica cómo es creada la percepción (enlace aquí). Él hace un dibujo en una pizarra, como el que yo he incluido más abajo, y explica que el proceso de fabricación del mundo empieza con el deseo. ¿Recuerdas que la metafísica de UCdM dice que el deseo del Hijo de Dios de experimentar algo diferente le llevó a la separación de Dios?. En la Biblia se describe que la causa fue la tentación provocada por la seducción de la serpiente, la cual metafóricamente es la alocada y diminuta idea de la que el Hijo de Dios olvidó reírse (T-27.VIII.6). 

Continuando con la explicación de Hoffmeister... al deseo le siguen las creencias, luego los pensamientos que causan los sentimientos, que a su vez provocan la percepción que tenemos del mundo. Lo que ocurre es que el deseo en nosotros está tan enterrado bajo capas de creencias y pensamientos que no alcanzamos a verlo. Al ser inconsciente normalmente no nos damos cuenta de que elegimos ver lo que queremos ver en base a nuestro deseo como causa primaria. Por eso es tan importante despertar al grado de ser consciente de este mecanismo tan importante al momento de usarlo, ya que sabiendo cómo funciona, podemos elegir lo que queremos ver, siempre sabiendo que sólo hay dos elecciones posibles: ver un mundo de culpa o ver un mundo inocente.

La visión física está regida por los deseos del ego así que cuando ves exclusivamente usando los ojos del cuerpo estás condenado a ver un mundo donde reina la culpabilidad, la separación, la escasez... Pero al restar valor a la visión física para ver con la visión espiritual (para lo que tienes que ser consciente), entonces se te empieza a mostrar la verdad detrás de la forma y las apariencias que sólo muestran los sentidos. La visión espiritual, una vez activada, es un don interno que funciona a la par que utilizas la visión física, pero que te permite elegir lo que ves más allá de lo que te muestran exclusivamente los ojos y los juicios. Por eso puedes cerrarlos antes una situación, dejando de juzgar, y llegar a un nivel de comprensión mucho mayor que el de la mayoría de las personas usando sus sentidos y los juicios del ego, ya que detrás de los juicios en realidad existe el deseo de ver las cosas de determinada manera. Esto último ciega tu entendimiento y te conduce a experimentar aquello que estás juzgando como cierto.

"No juzguéis para que no seáis juzgados. 

Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; 

y con la medida con que midáis, se os medirá."
                                                                                                 Mateo 7:2










jueves, 8 de noviembre de 2018

Lección 269 de Un Curso de Milagros

Mi vista va en busca de la faz de Cristo

1. Te pido que hoy bendigas mi vista. Mi vista es el medio que Tú has elegido para mostrarme mis errores y para poder ver más allá de ellos. Se me ha concedido poder tener una nueva percepción a través del Guía que Tú me diste, y, mediante Sus lecciones, superar la percepción y regresar a la verdad. Pido la ilusión que transciende todas las que yo inventé. Hoy elijo ver un mundo perdonado en el que todo lo que veo me muestra la faz de Cristo y me enseña que lo que contemplo es mío, y que nada existe, excepto Tu santo Hijo.
2. Hoy nuestra vista es bendecida. Compartimos una sola visión cuando contemplamos la faz de Aquel Cuyo Ser es el nuestro. Somos uno por razón de Aquel que es el Hijo de Dios, Aquel que es nuestra Identidad.

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Reflexión: O ves cuerpos separados o ves espíritu unificado. O ves un mundo de conflicto, condena, escasez y miedo, o un mundo de paz, perdón, abundancia y amor. Estas son las dos únicas alternativas por las que te puedes decidir, cada una de las cuales dependiendo de un sistema de pensamiento distinto y opuestos entre sí, el del ego y el del Espíritu Santo. El ejercicio de hoy te está diciendo lo que debes escoger si te has comprometido con el cambio de mentalidad que enseña UCdM, el cual te llevará a la corrección de tu percepción para que puedas llegar a vivir el sueño feliz del mundo, el preámbulo al Cielo.
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jueves, 7 de septiembre de 2017

Lección 249 de Un Curso de Milagros

El perdón pone fin a nuestro sufrimiento y a toda sensación de pérdida

1. El perdón nos ofrece un cuadro de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, es imposible perder y la ira no tiene sentido. El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin. ¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? ¿En qué pérdida se podría incurrir? El mundo se convierte en un remanso de dicha, abundancia, caridad y generosidad sin fin. Se asemeja tanto al Cielo ahora, que se transforma en un instante en la luz que refleja. Y así, la jornada que el Hijo de Dios emprendió ha culminado en la misma luz de la que él emanó.
2. Padre, queremos devolverte nuestras mentes. Las hemos traicionado, sumido en la amargura y atemorizado con pensamientos de violencia y muerte. Ahora queremos descansar nuevamente en Ti, tal como Tú nos creaste.

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Reflexión: El perdón pone fin a nuestro sufrimiento porque es el acto con el que evidenciamos la falta de realidad de toda la parafernalia que acompaña al ego. Cuando progresivamente nos volvemos "observadores", vamos comprendiendo, dejamos de juzgar y liberamos creencias que nos mantenían apegados a determinadas cosas y condiciones limitantes, con lo que cesa el dolor que nos unía emocionalmente a ello. El perdón es el proceso mismo de despertar al Ser, el cual sólo parece prolongarse en el tiempo. El perdón, que no es perdonar a otras personas por lo que creemos nos han hecho, no es sino el reconocimiento de que nunca nos hicieron ni nos podrán hacer daño. 

Perdonar puede parecer una tarea imposible al principio porque requiere de mucha confianza en lo que aún nos resulta desconocido. Su proceso es un mecanismo de desprendimiento interno que puede resultar doloroso, en el que pareciera que nos estuvieran quitando las cosas, como cuando uno llora al pelar cebolla, pero que a la vez limpia la vista de tu entendimiento adquiriendo lo que llamamos la Visión de Cristo. Es entonces que te das cuenta de que no te faltaba nada ¡Al revés! Te sobraban cosas. Cuando puedas sentir y contar ésto sin dolor ni rencor, sabrás que has avanzado una enormidad en tu proceso. 

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...