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sábado, 24 de abril de 2021

Un Curso de Milagros se parece a esta parábola (humor)


La enseñanza de UCdM se asemeja a la siguiente parábola. Digo que “se asemeja” porque todo aquí en el mundo obedece a la percepción, la cual sólo permite imaginar. Por eso, ¿qué mejor forma hay de contar un sueño que con un cuento, con una parábola?

En las puertas del Cielo hay una fila inmensa formada por miles de millones de almas esperando a poder entrar. San Pedro, como siempre, custodia la entrada, y pregunta a la primera alma en la fila:
Pepe en la puerta del Cielo - Ilustración propia

- Hermano, ¿deseas la Paz de Dios?

- Sí, la deseo – contesta

San Pedro vuelve a preguntarle a la misma alma:

- ¿Deseas la Paz de Dios?

- Sí, la deseo – vuelve a contestar

Se vuelve a oír a San Pedro:

- Hermano, ¿Deseas la Paz de Dios?

El alma vuelve a repetir ya molesta

- Por supuesto, claro que sí la deseo

San Pedro insiste en la pregunta

- ¿Deseas la Paz de Dios?

- ¡Ya basta! Tengo cosas que hacer. Eres un cansino. 

El alma se va y la fila avanza un puesto. San Pedro vuelve a repetir a la siguiente alma la misma pregunta:

- Hermano, ¿Deseas la Paz de Dios?, ¿Deseas la Paz de Dios?, ¿Deseas la Paz de Dios?...

- Sí, sí, sí y blá, blá, blá

Entre pregunta y respuesta se escuchan comentarios del tipo:

- ¡Venga ya tío! ¡Yo no he llegado hasta aquí para ésto! ¡Déjalo pasar! (desde atrás). Es p’a hoy agüelo (también desde atrás). Me están esperando en la Tierra. Se me acabó la paciencia. No tengo tiempo para ésto. ¡Lo que hay aguantar! Tú estás mal. ¡Vaya con el viejo! Pues si no me crees me largo. Pareces un disco rayado. ¿No me oyes o qué?, ¿Me tomas el pelo? Ya te lo he dicho. ¿Cuántas veces te lo voy a repetir?... y un millón de respuestas más consistentes en exclamaciones, quejas, excusas y demás.

En esa dinámica, la fila fluctúa con almas que aparecen y desaparecen de ella. Como canta Julio Iglesias: “las obras quedan, las gentes se van; otros que vienen las continuarán. La vida (la fila) sigue igual...”.

Pero en un momento dado, un alma contesta de forma genuina:

- “Sí. Deseo la Paz de Dios sobre todas las cosas”

… y San Pedro responde:

- Está bien. Pasa.

Y es cuando entra ese alma en el Cielo que de repente toda la fila desaparece. ¡Entra una sola alma y toda la fila desaparece! Eso es porque todas entraron con ella. Todas las almas son una sola alma, un sólo espíritu, proyectando miles de formas diferentes, cargando miles de karmas, tomando miles de lecciones, imaginando miles de vidas… Y al desaparecer la fila desaparece todo el Universo con ella. Se ha consumado la Salvación. El Hijo a regresado a casa con Dios.

San Pedro (el E.S. en realidad) escucha lo que le dices pero no se deja engañar por las palabras ni por nada que tenga que ver con la percepción. El lee el corazón. Así que le puedes decir que deseas la Paz de Dios, que Él sabe si le dices o no la verdad; de ahí que parezca que pregunte y pregunte una y otra vez. En realidad sólo pregunta una sola vez, pero el ego lo interpreta como muchas.  

Si no te has dado cuenta, fíjate de nuevo en la ilustración superior y lee la palabra que describe la fila hasta llegar al ovillo. Dice "ego". Todo desde el Cielo hacia afuera es ego, un embrollo. Sin embargo y en medio de toda esa complejidad, el hilo conductor de UCdM es simple, aunque aparenta complejidad para no levantar suspicacias y barreras en las complejas mentes que se sumergen en él, pues no contiene más que una sola meta que es la Paz de Dios. Si rodeado de tanto lío no estás completamente en paz, no puedes entrar en el Cielo. Si deseas cualquier otra cosa que no sea la Paz de Dios, aunque solo sea una “brizna”, no puedes entrar en el Cielo, porque se trata de TODO O NADA. No hay excepción que valga. Y cada vez que te plantas en la puerta del Cielo (que no quiere decir que tengas que morirte), y San Pedro (o el ES) parece preguntarte, estás adoptando el papel de "tomador de decisiones". El tomador de decisiones es esa parte de la mente en la frontera entre la Mente Recta o ES, y la mente errónea o ego, la cual decide entre Una y otra.

La frase “Muchos son los llamados pero poco son los elegidos” quiere decir que muchas veces sentirás el deseo de estar en paz y regresar a casa con Dios, pero la mayoría de esas veces serán falsos positivos. Aún seguirás deseando en tu subconsciente perder tu paz en favor de cualquier otro lío de los muchos que ofrece el mundo. Así que inmediatamente parezcas alcanzar llegar a la puerta del Cielo, tu deseo de paz no será franco, no estarás listo, y regresarás hacia atrás en la fila, otra vez al ovillo del mundo, hasta que por fin un día consigas descreerlo y liberarte por completo de él.

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martes, 16 de octubre de 2018

Lección 261 de Un Curso de Milagros

Dios es mi refugio y seguridad

1. Me identificaré con lo que creo es mi refugio y mi seguridad. Me veré a mí mismo allí donde percibo mi fuerza y pensaré que vivo dentro de la ciudadela en la que estoy a salvo y en la que no puedo ser atacado. No dejes que hoy busque seguridad en el peligro ni que trate de hallar mi paz en ataques asesinos. Vivo en Dios. En Él encuentro mi refugio y mi fortaleza. En Él radica mi Identidad. En Él reside la paz eterna. Y sólo allí recordaré Quién soy realmente.
2. No dejes que vaya en pos de ídolos, Padre mío, pues lo que deseo es estar Contigo en casa. Elijo ser tal como Tú me creaste y encontrar al Hijo que Tú creaste como mi Ser.

* * * 
Reflexión: La lección de hoy hace una alusión al cuerpo de manera furtiva, evitando nombrarlo en ningún momento. ¿Por qué habría de hacerlo si, como afirma el curso, el cuerpo no existe? Tiene su lógica no hablar de lo inexistente, pues lo que no existe es solamente un símbolo. ¿Y para qué sirve un símbolo? Como instrumento temporal mientras cumple su propósito, nada más.

Lo que te da a entender la lección de hoy es que la identificación con el cuerpo no constituye ningún refugio seguro porque siempre está expuesto al cambio, al peligro, a los ataques y a su desaparición. 

¿Qué sentido tiene buscar refugio en lo que se construyó precisamente para fomentar el peligro y el miedo? ¿Por qué recargarlo con más cerraduras, cadenas o pesadas anclas, cuando su debilidad no reside en ello mismo, sino en la fragilidad de la brecha insubstancial sobre la que se erige? ¿Qué seguridad te puede ofrecer algo que descansa sobre una sombra? ¿Edificarías tu casa sobre algo que pudiera derrumbarse con el peso de una pluma?
(T-28.VII.6)

Con el instante santo pasas de identificarte con el cuerpo a identificarte con tu Ser. 

Es posible porque tú lo deseas. En la súbita expansión de conciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresistible atractivo del instante santo. Te exhorta a que seas tú mismo, en la seguridad de su abrazo. Ahí se te libera de todas las leyes de la limitación y se te da la bienvenida a la mentalidad receptiva y a la libertad. Ven a este lugar de refugio, donde puedes ser tú mismo en paz. No mediante la destrucción ni mediante un escape, sino simplemente mediante una serena fusión. Pues la paz se unirá a ti allí sencillamente porque has estado dispuesto a abandonar los límites que le habías impuesto al amor, y porque te uniste a él allí donde mora y adonde te condujo, en respuesta a su dulce llamada a que estés en paz.
(T-18.VI.14)

Y con la visión de "los demás" como quienes son en realidad, tus hermanos en Cristo, refuerzas tu identificación como Hijo de Dios. 

Tu hogar está edificado sobre la salud de tu hermano, sobre su felicidad e impecabilidad, así como sobre todo lo que su Padre le prometió. Ningún pacto secreto que hayas hecho en lugar de eso ha estremecido en lo más mínimo los Cimientos de este hogar. El viento podrá soplar sobre él y la lluvia azotarlo, pero sin consecuencia alguna. El mundo será arrastrado, pero este hogar permanecerá en pie para siempre, pues su fuerza no reside sólo en él. Es un arca de seguridad, que descansa sobre la promesa que Dios le hizo a Su Hijo de que él siempre moraría a salvo en Él. ¿Qué brecha podría interponerse entre la seguridad de este refugio y su Fuente? Desde aquí se puede ver al cuerpo como lo que es, sin atribuirle más o menos valor del que tiene como medio para liberar al Hijo de Dios a fin de que pueda regresar a su hogar. Y con este santo propósito se convierte por un tiempo en un hogar de santidad, ya que comparte la Voluntad de tu Padre contigo.
(T-28.VII.7)

El instante santo y la visión santa de tu hermano se dan la mano para ofrecerte el refugio y la seguridad que Dios nunca te ha quitado y ha guardado a salvo para ti desde el origen del tiempo.

La lección de hoy tiene su equivalente en la parábola del hombre que construyó su casa sobre la roca. Si gustas, te invito a que veas el vídeo de Valivan en el siguiente enlace mientras meditas todo este contenido: 


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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...