lunes, 19 de marzo de 2018

Las vidas en que Jesús y Buda se conocieron

Hoy quiero comentar brevemente este libro que me acompaña hace 4 meses y publicado por la editorial "Un Grano de Mostaza".

Cuando Gary Renard escribió "La desaparición del Universo" y después de sus otras dos obras, "Tu yo inmortal" y "El amor no ha olvidado a nadie" que a mi parecer distan mucho de ser tan buenas como la primera, parecía que la carrera de Gary como escritor empezaba a declinar y que ya había dicho todo lo que tenía que decir. Sin embargo, he de reconocer que con éste, su último libro, editado en septiembre de 2017, vuelve a sorprender para subir a nivel máximo. No quiero contar nada de su contenido para no restar interés pero su título ya lo dice todo. Quien sienta admiración por estos dos personajes históricos sin duda sentirá el gusanillo, pero hay que tener la mente abierta y leer sin prejuzgar para disfrutarlo. Sólo decir que me ha gustado y que lo recomiendo para todos aquellos estudiantes de UCdM y para aquellos otros que sin serlo, son atrevidos. 

¡Enhorabuena Gary!


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¿Qué tiene de especial UCdM?


En enero del año 2.000 este libro me eligió ¿Porqué digo eso? Porque yo no lo busqué, simplemente él me vino a buscar. No es sorprendente mi aseveración sabiendo que otras personas, profundas conocedoras del mismo, coincide conmigo, como he escuchado decir a Enric Corbera o a Susana Ortiz por ejemplo, aunque yo diste mucho del conocimiento del libro que tienen los anteriores. En mi periplo he tenido periodos de acercamiento y alejamiento de él, lo que me ha hecho que no haya profundizado tanto como hayan podido hacer los susodichos y otros muchos. En mi trayectoria de búsqueda espiritual, por llamarla de alguna manera, de más de 30 años, me he abierto a leer e investigar todo lo que me ha atraído la vida y ha caído en mis manos, lo que ha sido mucho (Ver si quieres el post "frustración: el camino de la espiritualidad"), pero si tuviera que elegir solamente uno de entre todo ese material que he conocido, posiblemente me quedaría con UCdM; no porque sea mejor sino porque es lo que me ha hecho falta en el sentido de que está hecho para restar. Todo lo que había leído con anterioridad sumaba y me cubría aún más de conocimientos y creencias inútiles. UCdM hace lo contrario, te desnuda de todo lo que es innecesario, a pesar del quebradero de cabeza que pueda traer al principio descifrar toda su terminología, en gran parte cristiana, lo que puede provocar rechazo a mucha gente con aversión a la Iglesia, aunque si se persevera descubrirás que no hay razón. En realidad hay un abismo entre lo que enseña este libro y la doctrina católica.
Volviendo a como llegó el libro a mis manos, recuerdo que me llamaron a casa por teléfono los dueños de la librería del pueblo y me dijeron que pasara a por un libro que habían guardado para mí, así que fui a por él todo lleno de curiosidad porque, para empezar, no recuerdo que nunca antes me hubieran traído o guardado un libro sin yo haberlo pedido con anterioridad. Nada más verlo y leer el título, algo me atrajo en él. Lo ojeé y sí, me pareció muy interesante; me lo quedé sin dudar. Cuando llegué a casa y en los siguientes meses estuve dedicado por entero a leerlo y subrayarlo (aún tengo esa manía), y cuando al poco, ese mismo año, me fui a vivir y trabajar al extranjero, no dudé en llevármelo conmigo dentro de mi maleta para realizar allá los ejercicios que propone. Hoy todavía, ese mismo ejemplar me acompaña y duermo con él en la mesita de noche. No es que lo lea todos los días, ni siquiera todos los meses, pero el simple hecho de verlo es un recordatorio de lo que para mi es el principal propósito en la vida.
Si tuviera que decir qué tiene de especial UCdM diría que no tiene nada; es una enseñanza más entre las muchas que hay hoy en día para elegir; así soy coherente con uno de los postulados del libro que es el "no especialismo". Y al igual que no hay ninguna persona especial (mejor ni peor), pienso que tampoco debe haber una enseñanza especial pues todos los caminos, antes o después, conducen a Roma. El libro en sí es un simple método que apunta a tu despertar por lo que uno no debe apegarse a él, ya que el libro no es el despertar mismo. No hay que confundir los medios con el fin cayendo en el error de sacralizar esos medios, pues, o todo es sagrado o nada lo es ya que todo es Uno (Nada más que los ojos del cuerpo ven separado). Así que no deberías tener problemas en utilizar este libro para calzar tu mesa coja si te viene bien o echarlo al fuego en caso de urgente necesidad si no tienes nada más a mano para calentarte. Las mayoría de las religiones, sin embargo, considerarían eso un pecado, un sacrilegio con sus libros sagrados. Pero recuerda, no importa lo que hagas, sino la intención conque lo hagas.

Ten por seguro que me importa un bledo si este artículo te despierta la curiosidad. Es más, quiero decirte que más de 18 años me permiten opinar públicamente que UCdM no es una religión ni sus seguidores son una secta, aunque los hay que lo han aprovechado para tal (En este mundo nada está exento de polémica) Otros muchos hablan mal con razón de él porque le han cogido miedo. Sí, reconozco que le puede arruinar la vida a tu ego, así que si estás contengo con tu vida llena de comodidad, seguridad y con tus creencias... ni se te ocurra acercarte a este libro. Antes huye porque antes de limpiarte, si lo tomas en serio, te pondrá patas arriba. 


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Lección 78 de Un Curso de Milagros

Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos

1. Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar. Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él. Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.
2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos. Invertiremos la manera como ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas. No esperaremos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer, y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.
3. Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos de lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde él siempre ha estado. Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas. Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.
4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resentimientos. Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo. Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de complacer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado.
5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios. Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su contra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías, se encuentra en todo el mundo y se puede ver. El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. Deja que él sea hoy tu salvador. Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.
6. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel. Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora. Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado. Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus "pecados".
7. Pidámosle entonces a Aquél que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que se nos conceda poder contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido. En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, le pedimos: Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él. Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.
8. Lo que has pedido no se te puede negar. Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo. Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya. El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios. Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. Mantente muy quedo ahora, y contempla a tu radiante salvador. Ningún sombrío resentimiento nubla la visión que tienes de él. Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar.
9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra. Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede sino regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.
10. Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salvación, y no del nuestro. La tentación desaparece cuando permitimos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nuestros resentimientos. Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos: ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!

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Reflexión: En la lección anterior hablamos de los milagros. Los resentimientos son lo opuesto a los milagros. Son todos los pensamientos que te apartan de la paz y casi siempre de tu herman@ y te enajenan de ti mismo, me refiero a tu verdadero ser; son pensamientos de culpa, miedo, dolor, rabia... pero también de rencor, odio, celos, etc. No importa el grado, cualquier sentimiento molesto, hasta una pequeña incomodidad, es un indicativo de que eres víctima de tus resentimientos (re-sentimientos), no hace falta que mencione aquellos otros que son abrumadores, esos que te sacan de ti y te llevan a la locura. También son resentimientos muchos de los sentimientos que llamamos equivocadamente positivos, el orgullo, la vanidad, la timidez o cualquier tipo de complejo porque llevan un juicio asociado que nos hacen perder el sentido de la realidad objetiva. Todos los resentimientos no dejan de ser ensoñaciones. El reto de la lección de hoy está, no en no sentir esos resentimientos, sino en capturarlos antes de que pasen a la acción y se hagan manifiestos.  Un milagro es cuando te das cuenta que el resentimiento quiere brotar, digamos por ejemplo, rabia; no luchas contra ella, simplemente la observas antes de que se manifieste o (si tienes menos práctica) cuando ya se está manifestando y dejas de alimentarla. Recuerdas quien eres y dejas de identificarte con el personaje y con la rabia, y entonces la rabia empieza a mermar lentamente bajo tu atenta observación hasta desaparecer. ¡El milagro ha reemplazado tu resentimiento!

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domingo, 18 de marzo de 2018

Lección 77 de Un Curso de Milagros

Tengo derecho a los milagros

1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. Recibirás milagros debido a lo que Dios es. Y ofrecerás milagros debido a que eres uno con Dios. Una vez más, ¡cuán simple es la salvación! Es sencillamente una afirmación de tu verdadera Identidad. Esto es lo que celebraremos hoy.
2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. No depende de ningún poder mágico que te hayas adscrito ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. Es inherente a la verdad de lo que eres. Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las leyes de Dios.
3. Hoy reivindicaremos los milagros a los que tienes derecho, pues te pertenecen. Se te ha
prometido total liberación del mundo que construiste. Se te ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que jamás lo puedes perder. No pedimos sino lo que en verdad nos pertenece. Hoy, sin embargo, nos aseguraremos también de no conformarnos con menos.
4. Comienza las sesiones de práctica más largas de hoy diciéndote a ti mismo con absoluta certeza que tienes derecho a los milagros. Cierra los ojos y recuerda que estás pidiendo únicamente lo que por derecho propio te pertenece. Recuérdate también a ti mismo que los milagros jamás se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reivindicar tus derechos estás haciendo valer los derechos de todo el mundo. Los milagros no obedecen las leyes de este mundo. Proceden simplemente de las leyes de Dios.
5. Después de esta breve fase introductoria, espera en silencio la ratificación de que se te ha concedido tu petición. Has pedido la salvación del mundo así como la tuya. Has pedido que se te concedan los medios a través de los cuales se puede lograr esto. Es imposible que no se te den garantías al respecto. No estás sino pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.
6. Al hacer esto, no estás realmente pidiendo nada. Estás afirmando un hecho innegable. El Espíritu Santo no puede sino asegurarte que se te ha concedido tu petición. El hecho de que la aceptases lo confirma. Hoy no hay cabida para la duda ni la incertidumbre. Estamos haciendo por fin una petición real. La respuesta es una simple exposición de un simple hecho. Recibirás la ratificación que buscas.
7. Nuestras sesiones de práctica más cortas serán frecuentes, y estarán dedicadas a recordar un simple hecho. Repite hoy frecuentemente: Tengo derecho a los milagros. Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. Reconocerás tales situaciones. Y como no estás dependiendo de ti mismo para encontrar el milagro, tienes pleno derecho a recibirlo siempre que lo pidas.
8. Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta. Si te asaltan tentaciones, di de inmediato: No intercambiaré milagros por resentimientos. Quiero únicamente lo que me pertenece. Dios ha establecido mi derecho a los milagros.

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Reflexión: Un milagro es la afirmación de tu verdadera identidad, por lo tanto, es una corrección de tu percepción errónea. Un milagro es un “darte cuenta”. La lección de hoy es toda una declaración de intenciones que pretende hacerte recordar quien eres verdaderamente. Un Curso de Milagros tiene ese propósito, el de despertarnos a nuestro ser para darnos cuenta de que nunca nos apartamos de Dios. 

Tienes derecho a ser quien Eres, pero lo olvidaste. No tienes que permanecer “dormido” por más tiempo soñando con un personaje en el exilio que vaga por un mundo de dolor y sufrimiento. Cada milagro es un pequeño paso de acercamiento a tu identidad olvidada, de reconocimiento que va sumando a tu despertar y te va distanciado del dolor, el sufrimiento y la culpa. 

Un milagro no es lo que nos han vendido sobre lo que debe ser un milagro. De hecho no es un fenómeno físico portentoso, lo cual sería "si acaso" solamente el efecto derivado del verdadero milagro. El milagro puramente material, repentino y llamativo es la interpretación que hace el ego obsesionado con la forma. Aunque claro que sí, los pensamientos de tu mente recta tendrán efectos en el mundo físico aunque tú no lo percibas al principio. Recuerda que la forma no es más que un efecto de su causa, la mente. De modo que cada vez se irán haciendo más frecuentes los milagros en ti hasta que llegues a vivir de manera continuada en ellos y tu vida misma se convierta en un milagro de paz y dicha. 

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sábado, 17 de marzo de 2018

Lección 76 de Un Curso de Milagros

No me gobiernan otras leyes que las de Dios

1. Hemos visto antes cuantas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas. Sin embargo, no estás aprisionado por ninguna de esas cosas. Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.
2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías. La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. Búscala allí donde te espera y allí la hallarás. No la busques en ninguna otra parte, pues no está en ninguna otra parte.
3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promulgado para que te salven. Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.
4. La demencia es la que piensa estas cosas. Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. Crees que debes obedecer las "leyes" de la medicina, de la economía y de la salud. Protege el cuerpo y te salvarás.
5. Eso no son leyes, sino locura. El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. De esto es de lo que tus "leyes" quieren salvar al cuerpo. Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.
6. No hay más leyes que las de Dios. Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. Tu magia no tiene sentido. Lo que pretende salvar no existe. Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.
7. Las leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas. Dedicaremos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan. La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él. 
8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de "leyes" que hemos creído necesario acatar. Éstas incluyen, por ejemplo, las "leyes" de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos y de la protección del cuerpo en las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo. Crees también en las "leyes" de la amistad, de las "buenas" relaciones y de la reciprocidad. Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. Muchas "religiones" se han basado en eso. Dichas religiones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras "leyes" que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.
9. No hay más leyes que las de Dios. Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen. No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; no hay substitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.
10. Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensatas son las "leyes" que tú pensabas regían el mundo que creías ver. Sigue prestando atención. Él te dirá más. Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, de la infinita dicha que te ofrece, de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste le niega debido a su creencia en el infierno.
11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Voluntad se extienda a través de nosotros hasta Él. De esa manera es como la creación se expande infinitamente. Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados. Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. Después nos diremos a nosotros mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica: No me gobiernan otras leyes que las de Dios.
12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posible; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.

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Reflexión: ¿Cómo es posible que solo me gobiernen las leyes de Dios si hay todo tipo de leyes organizándome la vida? Están todas las dictadas por el hombre y luego están todas las que rige la naturaleza en todo el universo. Las primeras pretenden controlar nuestro comportamiento los unos con los otros. Las segundas describen el comportamiento de la materia, los fenómenos físicos y energéticos, desde el átomo a las galaxias. Las primeras cambian con la moral de los tiempos, las necesidades sociales, la ideología de los gobiernos, etc. Las segundas cambian lenta y más sutilmente, pero igualmente lo hacen. Digamos que todas las leyes están sujetas al espacio-tiempo. También son leyes a nivel personal y dentro del primer grupo las que nos imponemos a golpe de creencias para movernos en el mundo, como son los "debo de..." (p.e. "Si quieres triunfar en la vida debes de esforzarte al máximo").

El cuerpo, como todo lo manifiesto, está sujeto al espacio-tiempo, pero nosotros no somos un cuerpo y el mundo no existe como realidad absoluta sino como una ilusión aparentando ser muy real (por favor, si no lo crees, considera por un momento estas afirmaciones increíbles que divulga UCdM como posibles). El cuerpo con el que experimentamos el mundo es tan irreal como éste último, y creerte encarnado es lo que te auto-somete a sus leyes. Quiero decir que todo depende enteramente de ti, de tus creencias y de tus expectativas al respecto. Una prueba de lo que digo es el experimento de la doble rendija. Cuando tu observas el comportamiento de algo, ese algo cambia porque tú lo condicionas. En la ilusión no hay nada absoluto excepto el observador que es quien fabrica la ilusión. Tu eres de donde parte la ilusión y afectas con lo que esperas ver a lo que sucede, lo que demuestra que no tendrías por qué estar atado a ningún tipo de ley. Por eso puedes alterar sus resultados. Ésto no es una invitación a que ahora te saltes todo tipo de normas o trates de mover objetos con tu mente. Jesús dijo “no he venido a derogar la ley sino a dar cumplimiento”, posiblemente para referirse a que no vino a poner patas arriba el universo cambiando sus leyes con todo tipo de milagros (tal como demostró), sino a marcar el camino de salida del mundoA ti tampoco se te pide que trates de saltarte ninguna ley, ninguna norma, ni que trates de hacer portentos de ningún tipo (si tratas de hacerlo estarás dándole realidad a lo que quieres cambiar, por lo que te resultará arduo sino imposible; sentirás posiblemente una gran decepción). Las únicas leyes a las que verdaderamente estás sometido sin poder escapar de ellas son las leyes de Dios porque tú no las has fabricado. Las has heredado del Padre y no las puedes cambiar. Esas leyes son inalterables, no sujetas a espacio-tiempo, y son las que, por fortuna, te hacen semejante a Dios garantizando tu salvación.  

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viernes, 16 de marzo de 2018

Lección 75 de Un Curso de Milagros

La luz ha llegado

1. La luz ha llegado. Te has curado y puedes curar. La luz ha llegado. Te has salvado y puedes salvar. Estás en paz y llevas la paz contigo dondequiera que vas. Las tinieblas, el conflicto y la muerte han desaparecido. La luz ha llegado.
2. Hoy celebramos el feliz desenlace de tu largo sueño de desastres. Ya no habrá más sueños tenebrosos. La luz ha llegado. Hoy comienza la era de la luz para ti y para todos los demás. Es una nueva era, de la que ha nacido un mundo nuevo. Y cuando el viejo pasó de largo, no dejó rastro alguno sobre el nuevo. Hoy vemos un mundo diferente porque la luz ha llegado.
3. Nuestros ejercicios de hoy serán ejercicios felices, pues en ellos daremos gracias por la
desaparición de lo viejo y el comienzo de lo nuevo. Ya no quedan sombras del pasado que puedan nublar nuestra vista y ocultar el mundo que el perdón nos ofrece. Hoy aceptaremos el nuevo mundo como lo que deseamos ver. Lo que anhelamos se nos concederá. Nuestra voluntad es ver la luz; la luz ha llegado.
4. Dedicaremos nuestras sesiones de práctica más largas a ver el mundo que el perdón nos muestra. Eso, y sólo eso, es lo que queremos ver. Nuestro único propósito hace que la consecución de nuestro objetivo sea inevitable. Hoy el mundo real se alza jubiloso ante nosotros para que por fin lo podamos ver. Se nos concede la visión ahora que la luz ha llegado.
5. No queremos ver hoy sobre el mundo la sombra del ego. Vemos la luz y en ella vemos el reflejo del Cielo extenderse por todo el mundo. Comienza las sesiones de práctica más largas dándote a ti mismo las buenas nuevas de tu liberación: La luz ha llegado. He perdonado al mundo.
6. No te entretengas hoy en el pasado. Mantén tu mente completamente receptiva, libre de todas las ideas del pasado y de todo concepto que hayas inventado. Hoy has perdonado al mundo. Puedes contemplarlo ahora como si nunca antes lo hubieses visto. Todavía no sabes qué aspecto tiene. Simplemente estás esperando a que se te muestre. Mientras esperas, repite varias veces lentamente y con absoluta paciencia: La luz ha llegado. He perdonado al mundo.
7. Date cuenta de que tu perdón te hace acreedor a la visión. Entiende que el Espíritu Santo jamás deja de darles el don de la visión a los que perdonan. Confía en que Él no dejará de dártelo a ti ahora. Has perdonado al mundo. El Espíritu Santo estará contigo mientras observas y esperas. Él te mostrará lo que la verdadera visión ve. Ésa es Su Voluntad y tú te has unido a Él. Espéralo pacientemente. Él estará allí. La luz ha llegado. Has perdonado al mundo.
8. Dile que sabes que no puedes fracasar en tu empeño porque confías en Él. Y dite a ti mismo que esperas lleno de certeza poder contemplar el mundo que Él te ha prometido. De ahora en adelante verás de otra manera. La luz ha llegado hoy. Y verás el mundo que se te ha prometido desde los orígenes del tiempo, en el cual el fin del tiempo está garantizado.
9. Las sesiones de práctica más cortas serán asimismo jubilosos recordatorios de tu emancipación. Recuérdate a ti mismo cada cuarto de hora aproximadamente que hoy es un día de una celebración especial. Da gracias por la misericordia y el Amor de Dios. Regocíjate de que el perdón tenga el poder de sanar completamente tu vista. Confía en que este día será un nuevo comienzo. Sin las tinieblas del pasado sobre tus ojos, hoy no podrás sino ver. Y tu acogida a lo que veas será tal que felizmente extenderás el día de hoy para siempre.
10. Di entonces: La luz ha llegado. He perdonado al mundo. Si te asaltase la tentación, dile a quienquiera que parezca estarte llevando nuevamente a las tinieblas: La luz ha llegado. Te he perdonado.
11. Dedicamos este día a la serenidad en la que Dios quiere que estés. Manténla en la conciencia que tienes de ti mismo y contémplala en todas partes hoy, según celebramos el comienzo de tu visión y del panorama que ofrece el mundo real, el cual ha venido a reemplazar al mundo que no habías perdonado y que pensabas era real.
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Reflexión: Decir que ha llegado la luz es una manera de hablar porque la luz nunca se fue. No puede ir y venir lo que tú eres. ¡Tu eres Luz!. La “Visión” es hacer efectiva tu luz. Es el acto de vivir en el momento presente desde la plena consciencia de lo que eres, de tu Ser, y eso no se puede perder porque siempre es ahora, aunque lo puedes olvidar. Puedes perder la consciencia de ti mismo si queda velada por tus sueños, los pensamientos, las creencias, los juicios, los recuerdos del ayer y los planes para futuro. Así que esta lección es más que una invitación a que des un paso atrás en tu mente y pases de confundirte con ella a observarla. La lección de hoy puede ser un gran alivio, casi una fiesta, porque de pronto te descubres (te recuerdas) siendo lo que siempre has sido y se caen tus preocupaciones, los miedos y todo aquello que te hacía sentir mal. Entonces lo que te llega es una gran paz, la paz de Dios.

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jueves, 15 de marzo de 2018

Lección 74 de Un Curso de Milagros

No hay más voluntad que la de Dios

1. La idea de hoy se puede considerar como el pensamiento central hacia el cual se dirigen todos nuestros ejercicios. La Voluntad de Dios es la única Voluntad. Cuando hayas reconocido esto, habrás reconocido que tu voluntad es la Suya. La creencia de que el conflicto es posible habrá desaparecido. La paz habrá reemplazado a la extraña idea de que te atormentan objetivos conflictivos. En cuanto que expresión de la Voluntad de Dios, no tienes otro objetivo que el Suyo.
2. La idea de hoy encierra una gran paz, y lo que los ejercicios de hoy se proponen es encontrarla. La idea en sí es completamente cierta. Por lo tanto, no puede dar lugar a ilusiones. Sin ilusiones, el conflicto es imposible. Tratemos hoy de reconocer esto y de experimentar la paz que este reconocimiento nos brinda.
3. Comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo lentamente los pensamientos que siguen a continuación varias veces, con la firme determinación de comprender su significado y de retenerlos en la mente: No hay más voluntad que la de Dios. No puedo estar en conflicto. Dedica entonces varios minutos a añadir pensamientos afines, tales como: Estoy en paz. Nada puede perturbarme. Mi voluntad es la de Dios. Mi voluntad y la de Dios son una. La Voluntad de Dios es que Su Hijo esté en paz. Durante esta fase introductoria, asegúrate de hacerle frente enseguida a cualquier pensamiento conflictivo que pueda cruzar tu mente. Di de inmediato: No hay más voluntad que la de Dios. Estos pensamientos conflictivos no significan nada.
4. Si algún asunto parece ser muy difícil de resolver, resérvalo para un examen más detenido. Piensa en él brevemente, aunque de manera muy concreta, identificando la persona o personas en cuestión y la situación o situaciones de que se trate, y di para tus adentros: No hay más voluntad que la de Dios. Yo la comparto con Él. Mis conflictos con respecto a ________ no pueden ser reales.
5. Después que hayas despejado tu mente de esta manera, cierra los ojos y trata de experimentar la paz a la que tu realidad te da derecho. Sumérgete en ella y siente como te va envolviendo. Puede que te asalte la tentación de confundir estas prácticas con el ensimismamiento, pero la diferencia entre ambas cosas es fácil de detectar. Si estás llevando a cabo el ejercicio correctamente, sentirás una profunda sensación de dicha y mayor agudeza mental en vez de somnolencia y enervamiento.
6. La paz se caracteriza por la dicha. Cuando experimentes dicha sabrás que has alcanzado la paz. Si tienes la sensación de estar cayendo en el ensimismamiento, repite la idea de hoy de inmediato y luego vuelve al ejercicio. Haz esto cuantas veces sea necesario. Es ciertamente ventajoso negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aun si no llegas a experimentar la paz que andas buscando.
7. En las sesiones más cortas, que hoy se deben llevar a cabo a intervalos regulares previamente determinados, di para tus adentros: No hay más voluntad que la de Dios. Hoy busco Su paz. Trata entonces de hallar lo que buscas. Dedicar uno o dos minutos cada media hora a hacer este ejercicio -con los ojos cerrados a ser posible- será tiempo bien empleado.

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Reflexión: Tu voluntad no existe separada de la de Dios. Eso es sencillamente imposible. Creer que puedes hacer algo sin considerar Su Voluntad es solo una creencia y es sólo susceptible de hacer imaginariamente, en sueños.
Este mundo es el sueño de la mente dormida del Hijo de Dios, soñándose encarnado en un millardo de millardo de cuerpos haciendo voluntades propias diferentes a la de Dios. Tú eres uno de esos personajes de la mente dormida del Hijo de Dios creyendo llevar una vida aparte del Padre, creyendo tomar decisiones y creyendo poder controlar lo que te sucede. ¡Vanas fantasías!
Este mundo, donde “cada uno” cree hacer lo que le viene en gana, es un mundo ajeno a Dios. Dios no está loco. El ser que dirige este mundo, y al que nosotros llamamos dios, no es Dios, aún así, las leyes de Dios se ven reflejadas en él, como un espejismo. Dios no puede saber ni penetrar en este mundo o lo haría real.
Sentirse impotente y no saber qué hacer es un paso necesario previo al despertar del sueño o restablecimiento de la cordura. El siguiente paso y el último aunque no por ello breve es rendirse a lo que Es, abrazar la vida tal como se presente sabiendo de tu no tienes ninguna responsabilidad sobre ella y que no puedes juzgar. Eso es lo que UCdM llamar perdonar; contemplar el gran absurdo y a pesar de todo sonreír.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...