martes, 2 de octubre de 2018

Lección 245 de Un Curso de Milagros

Tu paz está conmigo, Padre. Estoy a salvo

1. Tu paz me rodea, Padre. Dondequiera que voy, Tu paz me acompaña y derrama su luz sobre todo aquel con quien me encuentro. Se la llevo al que se encuentra desolado, al que se siente solo y al que tiene miedo. Se la ofrezco a los que sufren, a los que se lamentan de una pérdida, así como a los que creen ser infelices y haber perdido toda esperanza. Envíamelos, Padre. Permíteme ser el portador de Tu paz. Pues quiero salvar a Tu Hijo, tal como dispone Tu Voluntad, para poder llegar a reconocer mi Ser. 
2. Y así caminamos en paz, transmitiendo al mundo entero el mensaje que hemos recibido. Y de esta manera oímos por fin la Voz que habla por Dios, la cual nos habla según nosotros predicamos la Palabra de Dios, Cuyo Amor reconocemos, puesto que compartimos con todos la Palabra que Él nos dio. 
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Reflexión: ¿De qué te vale estar en paz si no la compartes con toda la filiación?. Si tú estás en paz y tu vecino no lo está, no creas que tu paz durará mucho pues bien pronto tu vecino vendrá a incordiarte y te darás cuenta de que tu paz no era real. La paz, para que sea verdadera, ha de ser compartida; por eso tú propósito es extenderla a todos por igual, sin diferenciar entre buenos y malos, entre quienes, a juicio del ego, la merecen y no la merecen, pues la filiación en su conjunto es el Hijo único de Dios.

Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa función que este mundo puede ofrecer. Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador. Esto es lo que se te ofrece en tu relación santa. Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido. La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano. La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis.
(T-18.I.13)

La diferencia entre la proyección del ego y la extensión del Espíritu Santo es muy simple. El ego proyecta para excluir; y, por lo tanto, para engañar. El Espíritu Santo extiende al reconocerse a Sí Mismo en cada mente, y de esta manera las percibe a todas como una sola. Nada está en conflicto en esta percepción porque lo que el Espíritu Santo percibe es todo igual. Dondequiera que mira se ve a Sí Mismo y, puesto que está unido, siempre ofrece el Reino en su totalidad. Éste es el único mensaje que Dios le dio, en favor del cual tiene que hablar porque eso es lo que Él es. La paz de Dios reside en ese mensaje, y, por consiguiente, la paz de Dios reside en ti. La gran paz del Reino refulge en tu mente para siempre, pero tiene que irradiar desde ti hacia fuera para que tomes conciencia de ella.
(T-6.II.12)
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Lección 244 de Un Curso de Milagros

No estoy en peligro en ningún lugar del mundo

1. Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre porque Tú estás allí con él. Sólo con que invoque Tu Nombre recordará su seguridad y Tu Amor, pues éstos son Uno. ¿Cómo puede temer, dudar o no darse cuenta de que es imposible que pueda sufrir, estar en peligro o ser infeliz cuando él te pertenece a tí, es bienamado y amoroso, y está por siempre a salvo en Tu Paternal abrazo?
2. Y ahí es en verdad donde nos encontramos. No hay tormenta que pueda venir a azotar el santuario de nuestro hogar. En Dios estamos a salvo, pues, ¿qué podría suponer una amenaza para Dios, o venir a asustar a lo que por siempre ha de ser parte de Él?

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Reflexión: la sensación de peligro está asociada al miedo, miedo a perder o miedo a que eso te haga daño. ¿Y qué puedes perder?. Creemos poder perder muchas cosas, bienes o personas que amamos; también a sufrir daño en nuestra salud o perder la propia vida. Pero el miedo no deja de ser una percepción inducida por nuestras creencias, nuestra manera de pensar en el sueño. 

Cuando no reconoces la autoría de tus proyecciones, crees que aquello que proyectas es algo real ajeno a ti. Entonces, tanto si se trata de algo que detestas como de algo que quieres, eso te provoca miedo porque lo crees fuera de tu control. Si es porque lo detestas porque no lo quieres contigo, y si es porque lo amas porque temes perderlo. Temes sufrir lo que juzgas como malo y perder lo que juzgas como bueno. Sin embargo, no existe lo malo y lo bueno ya que es tu juicio el que hace que las cosas sean de una o de otra manera.

Tienes miedo de todo aquello que has percibido y te has negado a aceptar. Crees que por haberte negado a aceptarlo has perdido control sobre ello. Por eso es por lo que lo ves en pesadillas, o disfrazado bajo apariencias agradables en lo que parecen ser tus sueños más felices. Nada que te hayas negado a aceptar puede ser llevado a la conciencia. De por sí, no es peligroso, pero tú has hecho que a ti te parezca que lo es.
(T-3.VI.4)

Tu ego, demente, ha construido una identidad separada y su propio mundo aparte de Dios, y cree que eso le mantiene a salvo, pero no es así. Tratar de mantener intactas todas sus fantasías causa que te vuelvas prisionero del miedo y que sientas peligro por todas partes, pues no hay separación entre el ego y el miedo; ambos son lo mismo y nacieron al unísono. Por eso, mientras sigas identificado con tu ego y trates de defenderlo es irremediable que sientas miedo y peligro. Pero recuerda que el ego es ficticio, no es nada.

Hay un pensamiento en particular que debe recordarse a lo largo del día. Es un pensamiento de pura dicha, de paz; de liberación ilimitada; ilimitada porque todas las cosas se liberan dentro de él. Crees que has construido un lugar seguro para ti mismo. Crees que has forjado un poder que te puede salvar de todas las cosas aterradoras que ves en sueños. Pero no es así. Tu seguridad no reside ahí. A lo que renuncias es simplemente a la ilusión de que puedes proteger tus ilusiones. Ése es tu temor y sólo ése. ¡Qué insensatez estar atemorizado por nada! ¡Nada en absoluto! Tus defensas son inservibles, mas tú no estás en peligro. No tienes ninguna necesidad de ellas. Reconoce esto y desaparecerán. Y sólo entonces aceptarás tu verdadera protección.
(M-16.6)

¿Cuándo se acaba el miedo? Cuando dejas de identificarte con tu ego y tomas responsabilidad por tus proyecciones, por las cosas que odias y también por aquellas otras que amas; por las cosas malas y buenas. Todas son las mismas falsas creencias tomando posición en el extremo de una misma línea que las conectan. Pero cuando las observas desde tu mente recta te das cuenta de que son falsas, que más allá de ellas no hay nada más que ilusiones. Entonces puedes empezar a derribar tus defensas y a deponer tus armas. Ya no necesitas ser agresivo, ni defenderte tú ni defender tus ideas. Incluso dejas de sentir miedo físico pues sólo es al cuerpo que le puede suceder pero tú ya sabes que tú no eres tu cuerpo. Es entonces que te sientes seguro de verdad y la paz que esa seguridad trae te envuelve, da igual donde quiera que estés y lo que estés haciendo.

Los maestros de Dios han aprendido a ser sencillos. No tienen sueños que tengan que defender contra la verdad. No tratan de forjarse a sí mismos. Su júbilo procede de saber Quién los creó. ¿Y es acaso necesario defender lo que Dios creó? Nadie puede convertirse en un maestro de Dios avanzado hasta que no comprenda plenamente que las defensas no son más que absurdos guardianes de ilusiones descabelladas. Cuanto más grotesco es el sueño, más formidables y poderosas parecen ser sus defensas. Sin embargo, cuando el maestro de Dios acepta finalmente mirar más allá de ellas se da cuenta de que allí no había nada. Lentamente al principio, permite que se le desengañe, pero a medida que su confianza aumenta, aprende más rápido. Cuando se abandonan las defensas no se experimenta peligro. Lo que se experimenta es seguridad. Lo que se experimenta es paz. Lo que se experimenta es dicha. Y lo que se experimenta es Dios.
(M-4.VI.1)

Por supuesto que si te ves en una situación potencialmente peligrosa actuarás para protegerte y para proteger a tus seres queridos y a quien te necesite, pero lo harás de manera diferente a cuando te identificabas con tu ego, porque ya no reaccionarás alocadamente invadido por el temor y la angustia de la urgencia, sino que actuarás con aplomo y la mente serena para hacer lo mejor que te sea inspirado en ese momento libre de todo error.

Puedes hacer cualquier cosa que yo te pida. Te he pedido que obres milagros, y he dejado claro que los milagros son naturales, correctivos, sanadores y universales. No hay nada que no puedan lograr, pero no pueden llevarse a cabo con un espíritu de duda o de temor. Cuando tienes miedo de algo, estás admitiendo que ello tiene el poder de hacerte daño. Recuerda que donde esté tu corazón allí también estará tu tesoro. Crees en lo que consideras valioso. Si tienes miedo, es que estás equivocado con respecto a lo que es valioso. Tu entendimiento inevitablemente evaluará erróneamente, y al otorgar el mismo poder a todos los pensamientos, destruirás inevitablemente la paz. Por eso es por lo que la Biblia habla de "la paz de Dios que supera todo razonar". No hay error que pueda alterar esa paz en lo más mínimo. Dicha paz no permite que nada que no proceda de Dios te afecte. Este es el uso correcto de la negación. No se usa para ocultar nada, sino para corregir el error. Lleva todos los errores ante la luz, y puesto que el error es lo mismo que la oscuridad, corrige todos los errores automáticamente.
(T-2.II.1)

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lunes, 1 de octubre de 2018

Lección 243 de Un Curso de Milagros

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra

1. Hoy seré honesto conmigo mismo. No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuantos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. Hoy reconozco esto. Y así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.
2. Padre, hoy dejo que la creación sea lo que es. Honro todos sus aspectos, entre los que me cuento. Somos uno porque cada aspecto alberga Tu recuerdo, y la verdad sólo puede derramar su luz sobre todos nosotros cual uno solo.

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Reflexión: Veíamos en la lección anterior que entregar tu día a Dios requiere tener una mente receptiva y confiada en Él. Eso no es posible si estás atrapado en tu mente analítica y pasas el día juzgando y criticando a la gente y todo lo que ocurre. 

¿Cómo ibas a poder juzgar? Tus juicios se basan en el testimonio que te ofrecen los sentidos. No obstante, jamás hubo testimonio más falso que ése. Mas ¿de qué otra manera excepto ésa, juzgas al mundo que ves? Tienes una fe ciega en lo que tus ojos y tus oídos te informan. Crees que lo que tus dedos tocan es real y que lo que encierran en su puño es la verdad. Esto es lo que entiendes, y lo que consideras más real que aquello de lo que da testimonio la eterna Voz que habla por Dios Mismo.
¿A eso es a lo que llamas juzgar? Se te ha exhortado en muchas ocasiones a que te abstengas de juzgar, mas no porque sea un derecho que se te quiera negar. No puedes juzgar. Lo único que puedes hacer es creer en los juicios del ego, los cuales son todos falsos. El ego dirige tus sentidos celosamente, para probarte cuán débil eres, cuán indefenso y temeroso, cuán aprehensivo del justo castigo, cuán ennegrecido por el pecado y cuán miserable por razón de tu culpabilidad.
(L-151.3:4)

Reconocer que no puedes juzgar, y por lo mismo, dejar de juzgar es ser congruente y honesto contigo mismo. Simultáneamente vas dejando de estar en conflicto, la paz se sucede de manera natural dentro de ti.

Sólo los que tienen confianza pueden permitirse ser honestos, pues sólo ellos pueden ver el valor de la honestidad. La honestidad no se limita únicamente a lo que dices. El verdadero significado del término es congruencia: nada de lo que dices está en contradicción con lo que piensas o haces; ningún pensamiento se opone a otro; ningún acto contradice tu palabra ni ninguna palabra está en desacuerdo con otra. Así son los verdaderamente honestos. No están en conflicto consigo mismos a ningún nivel. Por lo tanto, les es imposible estar en conflicto con nada o con nadie.
(M-4.II.1.3:9)
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Lección 242 de Un Curso de Milagros

Este día se lo dedico a Dios. Es el regalo que le hago

1. Hoy no dirigiré mi vida por mi cuenta. No entiendo el mundo, por lo tanto, tratar de dirigir mi vida por mi cuenta es una locura. Mas hay Alguien que sabe qué es lo que más me conviene. Y Él se alegra de tomar por mí únicamente aquellas decisiones que me conducen a Dios. Pongo este día en Sus manos, pues no quiero demorar mi regreso al hogar, y es Él el que conoce el camino que me conduce a Dios.
2. Y así, ponemos este día en Tus Manos. Venimos con mentes completamente receptivas. No pedimos nada que creamos desear. Concédenos tan sólo lo que Tú deseas que recibamos. Tú conoces nuestros deseos y necesidades. Y nos concederás todo lo que sea necesario para ayudarnos a encontrar el camino que nos lleva hasta Ti.

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Reflexión: No sabes lo que te conviene en ninguna situación. ¿Puedes entregar entonces todos tus asuntos al E.S. Quien los conoce y sabe qué es mejor para ti, qué debes decir, a dónde dirigirte y qué hacer con ellos? Posiblemente quieras preguntar cómo se deja uno guiar por Él pues no puedes escuchar Su Voz. Como dice el párrafo segundo del ejercicio, sin tener deseos ni juicios predefinidos acerca de las cosas, hay que tener una mente completamente receptiva y confiar en lo que surja. Tener una mente receptiva es hacer uso del instante santo para situarte en tu mente recta, pues es dejando la mente errónea atrás (lo que tu llamas tu entendimiento) y con ella tu estado de sueño, que puedes conectar con Él.

(...) Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. No usurpes Su función. Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas aprender cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo.
Esto es lo que hace que el instante santo sea algo tan fácil y natural. Tú haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. Y te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. Todavía estás convencido de que tu entendimiento constituye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. Mas hemos subrayado que no tienes que comprender nada. La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo.
(T-18.IV.6:7)

El E.S. no interviene en el mundo para cambiar ninguna circunstancia porque la reconoce como ilusión y Él no se mezcla con ella, pero se vale de ella para enseñarte lo que es verdad. El E.S. no solucionará ninguno de los problemas que crees tener (falta de trabajo o de dinero, una enfermedad, disputas o falta de pareja, etc.), así que es posible que te desilusiones si estabas esperando que una intervención divina te sacase de algún apuro. Él no responde a expectativas. Esperar que el E.S. resuelva tus problemas aquí es tratar de hacer realidad las ilusiones, lo que no es posible. Él sabe que depositar tu fe en ilusiones terminará quitándote la paz que anhelas, pero sí te ayudará a que aprendas a identificarlas como falsas y a que las perdones, llevando esas ilusiones ante la verdad, y recordándote que tú eres espíritu compartiendo su voluntad con la de Dios.

Permítele, por lo tanto, ser el único Guía que sigues hacia la salvación. Él conoce el camino y te conduce gustosamente por él. Con Él no podrás sino aprender que lo que Dios desea para ti es tu voluntad. Sin Su dirección pensarás que puedes saber por tu cuenta lo que debes hacer, y decidirás contra tu paz tan irremediablemente como decidiste que la salvación residía solamente en ti. La salvación está en manos de Aquel a Quien Dios se la confió para ti. Él no se ha olvidado de ello. No te olvides de Él y Él tomará todas tus decisiones por ti, las cuales serán en favor de tu salvación y de la paz de Dios en ti.
(T-14.III.14)

La respuesta del E.S. en cualquier situación entonces será lo que te sientas inclinado a decir y/o hacer que te aporte paz. La comunicación con Él viene desde la mente recta, entonces confías en que lo que te sientas inclinado a hacer o decir desde tu paz interna proviene del E.S. No esperes escuchar palabras, pues más bien serán ideas que te vengan de golpe y te sientas inclinado a hacer, o leerás o escucharás algo que te inspirará para actuar. Pero si dudas aún estás en el ego; si no estás seguro sigues en el ego; si lo que haces o dices no te aporta paz, te estás dejando llevar por el ego. 

Siempre que tengas dudas acerca de lo que debes hacer, piensa en Su Presencia y repite para tus adentros esto, y sólo esto: Él Me guía y conoce el camino que yo no conozco. Mas nunca me privará de lo que quiere que yo aprenda. Por eso confío en que me comunicará todo lo que sabe por mí. Déjale entonces que te enseñe quedamente cómo percibir tu inocencia, la cual está ya ahí.
(T-14.III.19)

Elegir la paz de antemano, cuando te despiertas por la mañana, es ponerte bajo Su guía, así que sólo te tienes de preocupar de estar en paz más que de escuchar Su Voz. No tienes que esperar a que Él te diga a cada momento todo lo que tienes que hacer ni decir. Más bien, lo que haces es que te programas bien temprano para la paz diciéndote a ti mismo que quieres pasar un día de paz profunda y que quieres dejarte guiar por Él, y eso te sitúa ya en un estado de alerta y predisposición para que así suceda. Entonces empiezas a hacer todo desde tu paz interna y eso mismo produce más paz. 

Hemos dicho que puedes comenzar el día felizmente sí decides no tomar ninguna decisión por tu cuenta. Esto de por sí parece ser una decisión. Sin embargo, tú no puedes tomar decisiones por tu cuenta. La única cuestión es entonces con quién eliges tomarlas. Eso es todo. La primera regla, pues, no es una coacción, sino la simple afirmación de un simple hecho. No tomas decisiones por tu cuenta, independientemente de lo que decidas. Pues o bien se toman con ídolos o bien con Dios. Y le pides ayuda al anti-Cristo o a Cristo, y aquel que elijas se unirá a ti y te dirá lo que debes hacer.
(T-30.I.14)

Tomar decisiones por tu cuenta sobre cómo han de resolverse o darse las cosas en tu jornada es tomar decisiones desde el ego o personalidad, evaluando pros y contras, analizando sin tener en cuenta tu paz interior, sino solamente el juicio acerca de lo que parece conveniente para ti como persona. Lo haces desde tu mente racional, con sus limitaciones y creencias, por lo que muchas veces tus palabras y acciones te conducen a consecuencias que no siempre prevés y que luego se repiten.

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viernes, 28 de septiembre de 2018

Lección 241 de Un Curso de Milagros

En este instante santo llega la salvación

1. ¡Qué alegría tan grande la de hoy! Éste es un día de una celebración especial. Pues este día le ofrece al mundo de tinieblas el instante que se fijó para su liberación. Ha llegado el día en que todos los pesares se dejan atrás y el dolor desaparece. La gloria de la salvación alborea hoy sobre un mundo que ha sido liberado. Éste es un tiempo de esperanza para millones de seres. Ahora ellos se unirán conforme tú los perdones a todos. Pues hoy tú me perdonarás a mí.
2. Ahora nos hemos perdonado los unos a los otros, y así podemos por fin regresar a Ti. Padre, Tu Hijo, que en realidad jamás se ausentó, retorna al Cielo y a su hogar. ¡Qué contentos estamos de que se nos haya restituido la cordura y de poder recordar que todos somos uno!
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Reflexión: El instante santo es el instante en el que abandonamos el tiempo, pasado y futuro dejando los pensamientos de lado, para adentrarnos en la eternidad del momento presente. Trata de imaginar tu vida si no estuvieras condicionado por el tiempo, si no dependieras de él. 

¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocupaciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más.
(T-15.I.1)

El propósito del tiempo es aprender a liberarte del tiempo. El tiempo es más que limitante; es uno de las columnas sobre la que está construida la percepción dualista de la ilusión, pendulando continuamente desde la preocupación por el pasado a la del futuro y viceversa, pasando de manera inadvertida por el presente, que es siempre el ahora, donde se encuentra la puerta a la salvación. 

¿Cómo se libera uno del tiempo? A través del instante santo conectas con el ser que eres, entonces pasado y futuro desaparecen. Y cuando no existe pesar por el ayer ni preocupación por el mañana ¿qué queda? Queda solamente la eternidad del ahora, este instante presente, siempre fresco y vivificante donde son posibles los milagros. 

Quizás hayas pensado que te llevará demasiado tiempo aprender este curso y que tu iluminación llegará en un momento lejano en el futuro, pero el cielo no conoce el tiempo. En él siempre es ahora y la salvación también sucede siempre en este instante. 

Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar poder cambiar de parecer tan radicalmente, pregúntate a ti mismo: "¿Es mucho un instante?" ¿No le ofrecerías al Espíritu Santo un intervalo de tiempo tan corto para tu propia salvación? Él no te pide nada más, pues no tiene necesidad de nada más. Requiere mucho más tiempo enseñarte a que estés dispuesto a darle a Él esto, que lo que Él tarda en valerse de ese ínfimo instante para ofrecerte el Cielo en su totalidad. A cambio de ese instante, Él está listo para darte el recuerdo de la eternidad.
(T-15.I.11)

Ahora mismo puedes disfrutar de un pequeño adelante del cielo si lo deseas y es a eso a lo que te invita el ejercicio de hoy. No tienes que esperar en absoluto. Lo único que parece demorar su llegada definitiva es tu resistencia a entregarte en tu totalidad, deshaciéndote de tus dudas, tus miedos y todas las creencias que te atan a la ilusión, pero llegará una vez te hayas desecho de ello de manera absoluta.

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jueves, 27 de septiembre de 2018

Lección 240 de Un Curso de Milagros

El miedo, de la clase que sea, no está justificado

1. El miedo es un engaño. Da testimonio de que te has visto a ti mismo como nunca podrías ser y, por lo tanto, contemplas un mundo que no puede ser real. Ni una sola cosa en ese mundo es verdad. Sea cual sea la forma en que se manifieste, sólo da fe de tus ilusiones acerca de ti mismo. No nos dejemos engañar hoy. Somos los Hijos de Dios. El miedo no tiene cabida en nosotros, pues cada uno de nosotros es parte del Amor Mismo.
2. ¡Cuán infundados son nuestros miedos! ¿Ibas acaso a permitir que Tu Hijo sufriese? Danos fe hoy para reconocer a Tu Hijo y liberarlo. Perdonémosle hoy en Tu Nombre, para poder entender su santidad y sentir por él el amor que Tú también sientes por él.

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Reflexión: El miedo es un engaño porque nació del engaño. Todo lo que causa miedo es ilusorio y es una defensa contra la verdad y el amor. El miedo teme al amor y a la verdad. 

Con la lección de hoy volvemos al origen y propósito del curso. La introducción del primer capítulo nos dice: 

Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. Lo opuesto al amor es el miedo, pero aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.

Este curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de la siguiente manera:

Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.
(T-1.1.Introducción)
Y luego, un poco más adelante:


Todos los aspectos del miedo son falsos porque no existen en el nivel creativo y, por lo tanto, no existen en absoluto. En la medida en que estés dispuesto a someter tus creencias a esta prueba, en esa misma medida quedarán corregidas tus percepciones. En el proceso de separar lo falso de lo verdadero, el milagro procede de acuerdo con lo siguiente: El amor perfecto expulsa el miedo. Si hay miedo, es que no hay amor perfecto. Más: Sólo el amor perfecto existe. Si hay miedo, éste produce un estado que no existe. Cree esto y serás libre. Sólo Dios puede establecer esta solución y esta fe es Su don.
(T-1.V.6)

¿Cómo puedes someter tus creencias a prueba? Si una creencia te produce duda* o miedo es falsa, pero todas las creencias son falsas porque no son la verdad en sí mismas. Más si una creencia no te produce miedo es porque tiene un fondo de verdad o está marcando una dirección hacia la verdad, pero recuerda que esa creencia no es la verdad. 

Con la lección de hoy vemos como la insistencia, volviendo una y otra vez siempre a las mismas ideas, es la técnica más utilizada por el curso para el aprendizaje. La intención de que se repitan las cosas es que las aprendamos, pero no tanto intelectualmente sino conductualmente volviéndolas nuestra experiencia. La ideas del curso no por simples se aprenden rápido. Sólo tienes que observarte a ti mismo, a estas alturas, y preguntarte si has desterrado el miedo por completo de tu vida. Si no lo has hecho, (y es lo normal, no te sientas mal si es así) eso quiere decir que aún lo estás justificando y que te sigues identificando con quien no eres. Ante la obstinación del ego no cabe sino perseverar.

*Nota: la duda conlleva un grado de miedo. No hay que restringir el miedo solamente al temor. Cualquier sentimiento que no sea de dicha esconde algún grado de miedo.

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Lección 239 de Un Curso de Milagros

Mía es la gloria de mi Padre

1. No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad. Por el contrario, sintámonos agradecidos por los regalos que nuestro Padre nos ha hecho. ¿Sería posible acaso que pudiéramos advertir algún vestigio de pecado o de culpa en aquellos con quienes Él comparte Su gloria? ¿Y cómo podría ser que no nos contásemos entre ellos, cuando Él ama a Su Hijo para siempre y con perfecta constancia, sabiendo que es tal como Él lo creó?
2. Te damos gracias, Padre, por la luz que refulge por siempre en nosotros. Y la honramos porque Tú la compartes con nosotros. Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos.

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Reflexión: Conforme nos vayamos acercando a las lecciones finales, cada vez con más frecuencia ahorraré hacer comentarios propios para hacer uso de partes del libro de texto relacionadas, las cuales me parecen mucho más apropiadas y clarificadoras. Es el caso de hoy.

Cuando dije: "Todo poder y gloria son tuyos porque Suyo es el Reino", esto es lo que quise decir: la Voluntad de Dios no tiene límites, y todo poder y gloria residen en ella. Su fuerza, su paz y su amor son ilimitados. No tiene límites porque su extensión es ilimitada, y abarca todas las cosas porque las creó, y al crearlas, las hizo parte de sí misma. Tú eres la Voluntad de Dios porque así es como fuiste creado. Debido a que tu Creador crea únicamente a Semejanza Propia, eres como Él. Eres parte de Aquel que es todo poder y gloria, y, por lo tanto, eres tan ilimitado como Él. 
(T-8.II.7)
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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...