domingo, 7 de octubre de 2018

Lección 251 de Un Curso de Milagros

No necesito nada más que la verdad

1. Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo. Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito. Jamás necesité nada de lo que antes buscaba, y ni siquiera lo quería. No reconocía mi única necesidad. Pero ahora veo que solamente necesito la verdad. Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin. Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar. Ahora dispongo de todo cuanto podría querer. Y ahora, por fin, me encuentro en paz.
2. Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.
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Reflexión: Todos los problemas que creemos padecer proceden de una primera creencia (la separación o el error fundamental) que nos llevó a vivir permanentemente en el engaño. Esos problemas fueron plasmados en todo un orden de necesidades que son tratados de solucionar por separado, sin saber que todos tienen el mismo origen. Por eso miras la historia del hombre y compruebas que siempre se repite, si bien con distintos personajes y en diferentes contextos, pero los problemas son siempre los mismos. Nunca quedan solucionados del todo porque si lo fueran ya hubieran desaparecido completamente junto con el mundo, pero vuelven a aparecer una y otra vez.

Sólo la verdad corrige porque unifica el orden de necesidades que creemos tener surgidas a raíz del engaño, diluyendo directamente su causa. Pero la verdad absoluta no se puede alcanzar, digamos, de un salto, pasando por encima de toda la mentira que hay por medio. Hay que limpiar el camino intermedio (los llamados niveles de abajo a arriba). No se puede dejar ninguna mentira parcial atrás. Imagina que tienes que barrer una escalera mientras subes. Si dejas un peldaño sucio atrás la escalera no queda perfectamente limpia. Eso es por lo que aunque yo diga aquí la verdad, que es que el error fundamental es la separación de Dios, y tú lo comprendas perfectamente a nivel intelectualmente, eso no es suficiente para arreglar tus necesidades pues tienes que comprenderlo también en el nivel espacio-tiempo, esto es, en el nivel práctico o de la experiencia hasta integrarlo.

Este mundo es un mundo basado en el engaño y el miedo, y su único propósito razonable es escapar de él. Las necesidades están basadas en esas dos creencias, pero la única necesidad real es la de la verdad, la cual deshace las dos creencias anteriores. Así que en la medida en que ambas creencias son sometidas a prueba (sometiendo a prueba tus necesidades) éstas se van cayendo y la verdad va asomando por si misma, pues siempre ha estado ahí. Los milagros se puede equiparar entonces al efecto de subir un peldaño tras otro por la escalera hacia la verdad (el despertar), y el amor como la fuerza impulsora.

1. Tú que quieres la paz sólo la puedes encontrar perdonando completamente. Nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que tú has fabricado es muy evidente. De hecho, ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que crees que estarías mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de la "separación", que es lo que significa la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particular de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres.
2. La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto.
3. La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias.
4. El verdadero propósito de este mundo es usarlo para corregir tu incredulidad. Nunca podrás controlar por ti mismo los efectos del miedo porque el miedo es tu propia invención, y no puedes sino creer en lo que has inventado. En actitud, pues, aunque no en contenido, eres como tu Creador, Quien tiene perfecta fe en Sus creaciones porque Él las creó. Creer en algo produce la aceptación de su existencia. Por eso puedes creer lo que nadie más piensa que es verdad. Para ti es verdad porque tú lo fabricaste.
5. Todos los aspectos del miedo son falsos porque no existen en el nivel creativo y, por lo tanto, no existen en absoluto. En la medida en que estés dispuesto a someter tus creencias a esta prueba, en esa misma medida quedarán corregidas tus percepciones. En el proceso de separar lo falso de lo verdadero, el milagro procede de acuerdo con lo siguiente: El amor perfecto expulsa el miedo. Si hay miedo, es que no hay amor perfecto. Más: Sólo el amor perfecto existe. Si hay miedo, éste produce un estado que no existe. Cree esto y serás libre. Sólo Dios puede establecer esta solución y esta fe es Su don.
(T-1.VI.1:5)
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viernes, 5 de octubre de 2018

Lección 250 de Un Curso de Milagros

Que no vea ninguna limitación en mi

1. Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía.
2. Él es Tu Hijo, Padre Mío. Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones. Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.

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Reflexión: En lecciones anteriores se dijo que ves lo que quieres ver, aunque se trata de una decisión que tomamos sin darnos cuenta. Pero ahora, como estudiantes del curso eso ha cambiado ya que sabemos que el poder de decidir reside en saber que puedes hacerlo (en la visión), pues puedes decidir lo que quieres ver, y puedes hacerlo decidiéndote por la única alternativa válida a pesar de que parezca que existen dos. Éstas son: entre lo que es verdad o lo que es ilusión; entre lo que es eterno o lo que es perecedero; entre el espíritu inmortal y la santidad o el pecado y el cuerpo mortal. Cuando eliges ver lo que es ilusorio, cambiante, pecaminoso y/o mortal, estás eligiendo desde tu ego, identificado con tu cuerpo, la alternativa que no es válidalo que es falso, por lo que no estás eligiendo nada en absoluto. Y cuando decides ver lo que es verdad, lo eterno, la santidad y lo inmortal, estás eligiendo la única alternativa que sí que es válida.

Saber que ves lo que quieres ver no sólo te permite elegir sino que también te permite saber cómo te estás considerando a ti mismo al examinar cómo ves a tu hermano. Siempre se cumple la ley "dar es lo mismo que recibir" porque como lo veas a él te verás a ti mismo. Pregúntante entonces cómo le ves. ¿Le estás imponiendo límites?. Si lo ves limitado a un cuerpo estás perdiendo tu día y tú mismo no estás yendo a ninguna parte. Alégrate de poder elegir de nuevo y poder cambiar tu visión de él. Eso es lo que se te pide hoy para poderte ver tú también sin limitación alguna. 

Lo poco que el cuerpo mantiene cercado se convierte en el yo; el cual se conserva mediante el sacrificio de todo lo demás. Y todo lo demás no puede sino perder esta pequeña parte y permanecer incompleto a fin de mantener intacta su propia identidad. En esta percepción de ti mismo la pérdida del cuerpo sería ciertamente un sacrificio. Pues ver cuerpos se convierte en la señal de que el sacrificio es limitado y de que aún queda algo que es exclusivamente para ti. Y para que esa ínfima parte te pertenezca, se demarcan límites en todo lo que es externo a ti, así como en lo que crees que es tuyo. Pues dar es lo mismo que recibir. Y aceptar las limitaciones de un cuerpo es imponer esas mismas limitaciones a cada hermano que ves. Pues sólo puedes ver a tu hermano como te ves a ti mismo.

(T-26.I.3)

Aquellos que quieren liberar a sus hermanos del cuerpo no tienen miedo. Pues han renunciado a los medios del pecado al elegir que se eliminen todas sus limitaciones. Puesto que desean ver a sus hermanos bajo el manto de la santidad, el poder de su creencia y de su fe ve más allá del cuerpo, facilitando la visión, no obstruyéndola. Pero antes de eso decidieron reconocer lo mucho que su fe había limitado su entendimiento del mundo, y desearon depositarla en otro lugar en caso de que se les ofreciese otro punto de vista. Los milagros que siguen a esta decisión nacen también de la fe. Pues a todos aquellos que eligen apartar su mirada del pecado se les concede la visión y se les conduce a la santidad.
(T-21.III.8)

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miércoles, 3 de octubre de 2018

Lección 246 de Un Curso de Milagros

Amar a mi Padre es amar a Su Hijo

1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.
2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre Mío. Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Voluntad. Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. Amén.
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Reflexión: 

"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas." 
Mateo 22:36-40

El camino hacia Dios parte de ti y pasa por tu Hermano inevitablemente. No puedes amar a Dios, odiarte tú y odiar a tu hermano porque ambos sois la misma creación de Dios. Y aunque creas que tú puedes amarte a ti mismo pero no amar a uno sólo de tus hermanos, tu amor por ti mismo no será amor, será egoísmo; y eso porque aún existe una base de miedo de dimensiones desconocidas oculta dentro de ti. Entonces es necesario desenterrarla observando lo que sientes y poniéndote bajo la guía del Espíritu Santo para que Él la deshaga.


Tal vez te preguntes por qué es tan crucial que observes tu odio y te des cuenta de su magnitud. Puede que también pienses que al Espíritu Santo le sería muy fácil mostrártelo y desvanecerlo sin que tú tuvieses necesidad de traerlo a la conciencia. Hay, no obstante, un obstáculo adicional que has interpuesto entre la Expiación y tú. Hemos dicho que nadie toleraría el miedo si lo reconociese. Pero en tu trastornado estado mental no le tienes miedo al miedo. No te gusta, pero tu deseo de atacar no es lo que realmente te asusta. Tu hostilidad no te perturba seriamente. La mantienes oculta porque tienes aún más miedo de lo que encubre. Podrías examinar incluso la piedra angular más tenebrosa del ego sin miedo si no creyeses que, sin el ego, encontrarías dentro de ti algo de lo que todavía tienes más miedo. No es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo. Lo que verdaderamente te aterra es la redención.
(T-13.III.1)

Lo que la Voluntad de Dios dispone es que ames al Hijo en su totalidad, pero esa Voluntad empieza por reconocerte tú como Su Hijo sabiendo que tu voluntad es la misma que la del Padre. Por eso no aceptes ser otra cosa. En esto no cabe excepciones.

Tú eres la Voluntad de Dios. No aceptes nada más como tu voluntad, pues, de lo contrario, estarás negando lo que eres. Niega lo que eres y atacarás, al creer que has sido atacado. Mas ve el Amor de Dios en ti y lo verás en todas partes porque está en todas partes. Ve Su abundancia en todos y sabrás que estás en Él junto con todos tus hermanos. Ellos forman parte de ti, tal como tú formas parte de Dios. Cuando no entiendes esto, te sientes tan solo como se siente Dios Mismo cuando Sus Hijos no lo conocen. La paz de Dios radica en entender esto. Sólo hay una manera de escaparse del pensamiento del mundo, del mismo modo en que sólo hubo una manera de adentrarse en él: entendiendo totalmente al entender la totalidad.
(T-7.VII.7)

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martes, 2 de octubre de 2018

Lección 245 de Un Curso de Milagros

Tu paz está conmigo, Padre. Estoy a salvo

1. Tu paz me rodea, Padre. Dondequiera que voy, Tu paz me acompaña y derrama su luz sobre todo aquel con quien me encuentro. Se la llevo al que se encuentra desolado, al que se siente solo y al que tiene miedo. Se la ofrezco a los que sufren, a los que se lamentan de una pérdida, así como a los que creen ser infelices y haber perdido toda esperanza. Envíamelos, Padre. Permíteme ser el portador de Tu paz. Pues quiero salvar a Tu Hijo, tal como dispone Tu Voluntad, para poder llegar a reconocer mi Ser. 
2. Y así caminamos en paz, transmitiendo al mundo entero el mensaje que hemos recibido. Y de esta manera oímos por fin la Voz que habla por Dios, la cual nos habla según nosotros predicamos la Palabra de Dios, Cuyo Amor reconocemos, puesto que compartimos con todos la Palabra que Él nos dio. 
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Reflexión: ¿De qué te vale estar en paz si no la compartes con toda la filiación?. Si tú estás en paz y tu vecino no lo está, no creas que tu paz durará mucho pues bien pronto tu vecino vendrá a incordiarte y te darás cuenta de que tu paz no era real. La paz, para que sea verdadera, ha de ser compartida; por eso tú propósito es extenderla a todos por igual, sin diferenciar entre buenos y malos, entre quienes, a juicio del ego, la merecen y no la merecen, pues la filiación en su conjunto es el Hijo único de Dios.

Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa función que este mundo puede ofrecer. Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador. Esto es lo que se te ofrece en tu relación santa. Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido. La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano. La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis.
(T-18.I.13)

La diferencia entre la proyección del ego y la extensión del Espíritu Santo es muy simple. El ego proyecta para excluir; y, por lo tanto, para engañar. El Espíritu Santo extiende al reconocerse a Sí Mismo en cada mente, y de esta manera las percibe a todas como una sola. Nada está en conflicto en esta percepción porque lo que el Espíritu Santo percibe es todo igual. Dondequiera que mira se ve a Sí Mismo y, puesto que está unido, siempre ofrece el Reino en su totalidad. Éste es el único mensaje que Dios le dio, en favor del cual tiene que hablar porque eso es lo que Él es. La paz de Dios reside en ese mensaje, y, por consiguiente, la paz de Dios reside en ti. La gran paz del Reino refulge en tu mente para siempre, pero tiene que irradiar desde ti hacia fuera para que tomes conciencia de ella.
(T-6.II.12)
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Lección 244 de Un Curso de Milagros

No estoy en peligro en ningún lugar del mundo

1. Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre porque Tú estás allí con él. Sólo con que invoque Tu Nombre recordará su seguridad y Tu Amor, pues éstos son Uno. ¿Cómo puede temer, dudar o no darse cuenta de que es imposible que pueda sufrir, estar en peligro o ser infeliz cuando él te pertenece a tí, es bienamado y amoroso, y está por siempre a salvo en Tu Paternal abrazo?
2. Y ahí es en verdad donde nos encontramos. No hay tormenta que pueda venir a azotar el santuario de nuestro hogar. En Dios estamos a salvo, pues, ¿qué podría suponer una amenaza para Dios, o venir a asustar a lo que por siempre ha de ser parte de Él?

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Reflexión: la sensación de peligro está asociada al miedo, miedo a perder o miedo a que eso te haga daño. ¿Y qué puedes perder?. Creemos poder perder muchas cosas, bienes o personas que amamos; también a sufrir daño en nuestra salud o perder la propia vida. Pero el miedo no deja de ser una percepción inducida por nuestras creencias, nuestra manera de pensar en el sueño. 

Cuando no reconoces la autoría de tus proyecciones, crees que aquello que proyectas es algo real ajeno a ti. Entonces, tanto si se trata de algo que detestas como de algo que quieres, eso te provoca miedo porque lo crees fuera de tu control. Si es porque lo detestas porque no lo quieres contigo, y si es porque lo amas porque temes perderlo. Temes sufrir lo que juzgas como malo y perder lo que juzgas como bueno. Sin embargo, no existe lo malo y lo bueno ya que es tu juicio el que hace que las cosas sean de una o de otra manera.

Tienes miedo de todo aquello que has percibido y te has negado a aceptar. Crees que por haberte negado a aceptarlo has perdido control sobre ello. Por eso es por lo que lo ves en pesadillas, o disfrazado bajo apariencias agradables en lo que parecen ser tus sueños más felices. Nada que te hayas negado a aceptar puede ser llevado a la conciencia. De por sí, no es peligroso, pero tú has hecho que a ti te parezca que lo es.
(T-3.VI.4)

Tu ego, demente, ha construido una identidad separada y su propio mundo aparte de Dios, y cree que eso le mantiene a salvo, pero no es así. Tratar de mantener intactas todas sus fantasías causa que te vuelvas prisionero del miedo y que sientas peligro por todas partes, pues no hay separación entre el ego y el miedo; ambos son lo mismo y nacieron al unísono. Por eso, mientras sigas identificado con tu ego y trates de defenderlo es irremediable que sientas miedo y peligro. Pero recuerda que el ego es ficticio, no es nada.

Hay un pensamiento en particular que debe recordarse a lo largo del día. Es un pensamiento de pura dicha, de paz; de liberación ilimitada; ilimitada porque todas las cosas se liberan dentro de él. Crees que has construido un lugar seguro para ti mismo. Crees que has forjado un poder que te puede salvar de todas las cosas aterradoras que ves en sueños. Pero no es así. Tu seguridad no reside ahí. A lo que renuncias es simplemente a la ilusión de que puedes proteger tus ilusiones. Ése es tu temor y sólo ése. ¡Qué insensatez estar atemorizado por nada! ¡Nada en absoluto! Tus defensas son inservibles, mas tú no estás en peligro. No tienes ninguna necesidad de ellas. Reconoce esto y desaparecerán. Y sólo entonces aceptarás tu verdadera protección.
(M-16.6)

¿Cuándo se acaba el miedo? Cuando dejas de identificarte con tu ego y tomas responsabilidad por tus proyecciones, por las cosas que odias y también por aquellas otras que amas; por las cosas malas y buenas. Todas son las mismas falsas creencias tomando posición en el extremo de una misma línea que las conectan. Pero cuando las observas desde tu mente recta te das cuenta de que son falsas, que más allá de ellas no hay nada más que ilusiones. Entonces puedes empezar a derribar tus defensas y a deponer tus armas. Ya no necesitas ser agresivo, ni defenderte tú ni defender tus ideas. Incluso dejas de sentir miedo físico pues sólo es al cuerpo que le puede suceder pero tú ya sabes que tú no eres tu cuerpo. Es entonces que te sientes seguro de verdad y la paz que esa seguridad trae te envuelve, da igual donde quiera que estés y lo que estés haciendo.

Los maestros de Dios han aprendido a ser sencillos. No tienen sueños que tengan que defender contra la verdad. No tratan de forjarse a sí mismos. Su júbilo procede de saber Quién los creó. ¿Y es acaso necesario defender lo que Dios creó? Nadie puede convertirse en un maestro de Dios avanzado hasta que no comprenda plenamente que las defensas no son más que absurdos guardianes de ilusiones descabelladas. Cuanto más grotesco es el sueño, más formidables y poderosas parecen ser sus defensas. Sin embargo, cuando el maestro de Dios acepta finalmente mirar más allá de ellas se da cuenta de que allí no había nada. Lentamente al principio, permite que se le desengañe, pero a medida que su confianza aumenta, aprende más rápido. Cuando se abandonan las defensas no se experimenta peligro. Lo que se experimenta es seguridad. Lo que se experimenta es paz. Lo que se experimenta es dicha. Y lo que se experimenta es Dios.
(M-4.VI.1)

Por supuesto que si te ves en una situación potencialmente peligrosa actuarás para protegerte y para proteger a tus seres queridos y a quien te necesite, pero lo harás de manera diferente a cuando te identificabas con tu ego, porque ya no reaccionarás alocadamente invadido por el temor y la angustia de la urgencia, sino que actuarás con aplomo y la mente serena para hacer lo mejor que te sea inspirado en ese momento libre de todo error.

Puedes hacer cualquier cosa que yo te pida. Te he pedido que obres milagros, y he dejado claro que los milagros son naturales, correctivos, sanadores y universales. No hay nada que no puedan lograr, pero no pueden llevarse a cabo con un espíritu de duda o de temor. Cuando tienes miedo de algo, estás admitiendo que ello tiene el poder de hacerte daño. Recuerda que donde esté tu corazón allí también estará tu tesoro. Crees en lo que consideras valioso. Si tienes miedo, es que estás equivocado con respecto a lo que es valioso. Tu entendimiento inevitablemente evaluará erróneamente, y al otorgar el mismo poder a todos los pensamientos, destruirás inevitablemente la paz. Por eso es por lo que la Biblia habla de "la paz de Dios que supera todo razonar". No hay error que pueda alterar esa paz en lo más mínimo. Dicha paz no permite que nada que no proceda de Dios te afecte. Este es el uso correcto de la negación. No se usa para ocultar nada, sino para corregir el error. Lleva todos los errores ante la luz, y puesto que el error es lo mismo que la oscuridad, corrige todos los errores automáticamente.
(T-2.II.1)

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lunes, 1 de octubre de 2018

Lección 243 de Un Curso de Milagros

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra

1. Hoy seré honesto conmigo mismo. No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuantos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. Hoy reconozco esto. Y así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.
2. Padre, hoy dejo que la creación sea lo que es. Honro todos sus aspectos, entre los que me cuento. Somos uno porque cada aspecto alberga Tu recuerdo, y la verdad sólo puede derramar su luz sobre todos nosotros cual uno solo.

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Reflexión: Veíamos en la lección anterior que entregar tu día a Dios requiere tener una mente receptiva y confiada en Él. Eso no es posible si estás atrapado en tu mente analítica y pasas el día juzgando y criticando a la gente y todo lo que ocurre. 

¿Cómo ibas a poder juzgar? Tus juicios se basan en el testimonio que te ofrecen los sentidos. No obstante, jamás hubo testimonio más falso que ése. Mas ¿de qué otra manera excepto ésa, juzgas al mundo que ves? Tienes una fe ciega en lo que tus ojos y tus oídos te informan. Crees que lo que tus dedos tocan es real y que lo que encierran en su puño es la verdad. Esto es lo que entiendes, y lo que consideras más real que aquello de lo que da testimonio la eterna Voz que habla por Dios Mismo.
¿A eso es a lo que llamas juzgar? Se te ha exhortado en muchas ocasiones a que te abstengas de juzgar, mas no porque sea un derecho que se te quiera negar. No puedes juzgar. Lo único que puedes hacer es creer en los juicios del ego, los cuales son todos falsos. El ego dirige tus sentidos celosamente, para probarte cuán débil eres, cuán indefenso y temeroso, cuán aprehensivo del justo castigo, cuán ennegrecido por el pecado y cuán miserable por razón de tu culpabilidad.
(L-151.3:4)

Reconocer que no puedes juzgar, y por lo mismo, dejar de juzgar es ser congruente y honesto contigo mismo. Simultáneamente vas dejando de estar en conflicto, la paz se sucede de manera natural dentro de ti.

Sólo los que tienen confianza pueden permitirse ser honestos, pues sólo ellos pueden ver el valor de la honestidad. La honestidad no se limita únicamente a lo que dices. El verdadero significado del término es congruencia: nada de lo que dices está en contradicción con lo que piensas o haces; ningún pensamiento se opone a otro; ningún acto contradice tu palabra ni ninguna palabra está en desacuerdo con otra. Así son los verdaderamente honestos. No están en conflicto consigo mismos a ningún nivel. Por lo tanto, les es imposible estar en conflicto con nada o con nadie.
(M-4.II.1.3:9)
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Lección 242 de Un Curso de Milagros

Este día se lo dedico a Dios. Es el regalo que le hago

1. Hoy no dirigiré mi vida por mi cuenta. No entiendo el mundo, por lo tanto, tratar de dirigir mi vida por mi cuenta es una locura. Mas hay Alguien que sabe qué es lo que más me conviene. Y Él se alegra de tomar por mí únicamente aquellas decisiones que me conducen a Dios. Pongo este día en Sus manos, pues no quiero demorar mi regreso al hogar, y es Él el que conoce el camino que me conduce a Dios.
2. Y así, ponemos este día en Tus Manos. Venimos con mentes completamente receptivas. No pedimos nada que creamos desear. Concédenos tan sólo lo que Tú deseas que recibamos. Tú conoces nuestros deseos y necesidades. Y nos concederás todo lo que sea necesario para ayudarnos a encontrar el camino que nos lleva hasta Ti.

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Reflexión: No sabes lo que te conviene en ninguna situación. ¿Puedes entregar entonces todos tus asuntos al E.S. Quien los conoce y sabe qué es mejor para ti, qué debes decir, a dónde dirigirte y qué hacer con ellos? Posiblemente quieras preguntar cómo se deja uno guiar por Él pues no puedes escuchar Su Voz. Como dice el párrafo segundo del ejercicio, sin tener deseos ni juicios predefinidos acerca de las cosas, hay que tener una mente completamente receptiva y confiar en lo que surja. Tener una mente receptiva es hacer uso del instante santo para situarte en tu mente recta, pues es dejando la mente errónea atrás (lo que tu llamas tu entendimiento) y con ella tu estado de sueño, que puedes conectar con Él.

(...) Entrégate a Aquel Cuya función es la liberación. No usurpes Su función. Dale sólo lo que Él te pide, para que puedas aprender cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo.
Esto es lo que hace que el instante santo sea algo tan fácil y natural. Tú haces que sea difícil porque insistes en que debe haber algo más que tú tienes que hacer. Te resulta difícil aceptar la idea de que sólo necesitas dar un poco para recibir mucho. Y te resulta muy difícil entender que no es un insulto personal el que haya tal desproporción entre tu aportación y la del Espíritu Santo. Todavía estás convencido de que tu entendimiento constituye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que ésta sea lo que es. Mas hemos subrayado que no tienes que comprender nada. La salvación es fácil de alcanzar precisamente porque no te pide nada que no puedas dar ahora mismo.
(T-18.IV.6:7)

El E.S. no interviene en el mundo para cambiar ninguna circunstancia porque la reconoce como ilusión y Él no se mezcla con ella, pero se vale de ella para enseñarte lo que es verdad. El E.S. no solucionará ninguno de los problemas que crees tener (falta de trabajo o de dinero, una enfermedad, disputas o falta de pareja, etc.), así que es posible que te desilusiones si estabas esperando que una intervención divina te sacase de algún apuro. Él no responde a expectativas. Esperar que el E.S. resuelva tus problemas aquí es tratar de hacer realidad las ilusiones, lo que no es posible. Él sabe que depositar tu fe en ilusiones terminará quitándote la paz que anhelas, pero sí te ayudará a que aprendas a identificarlas como falsas y a que las perdones, llevando esas ilusiones ante la verdad, y recordándote que tú eres espíritu compartiendo su voluntad con la de Dios.

Permítele, por lo tanto, ser el único Guía que sigues hacia la salvación. Él conoce el camino y te conduce gustosamente por él. Con Él no podrás sino aprender que lo que Dios desea para ti es tu voluntad. Sin Su dirección pensarás que puedes saber por tu cuenta lo que debes hacer, y decidirás contra tu paz tan irremediablemente como decidiste que la salvación residía solamente en ti. La salvación está en manos de Aquel a Quien Dios se la confió para ti. Él no se ha olvidado de ello. No te olvides de Él y Él tomará todas tus decisiones por ti, las cuales serán en favor de tu salvación y de la paz de Dios en ti.
(T-14.III.14)

La respuesta del E.S. en cualquier situación entonces será lo que te sientas inclinado a decir y/o hacer que te aporte paz. La comunicación con Él viene desde la mente recta, entonces confías en que lo que te sientas inclinado a hacer o decir desde tu paz interna proviene del E.S. No esperes escuchar palabras, pues más bien serán ideas que te vengan de golpe y te sientas inclinado a hacer, o leerás o escucharás algo que te inspirará para actuar. Pero si dudas aún estás en el ego; si no estás seguro sigues en el ego; si lo que haces o dices no te aporta paz, te estás dejando llevar por el ego. 

Siempre que tengas dudas acerca de lo que debes hacer, piensa en Su Presencia y repite para tus adentros esto, y sólo esto: Él Me guía y conoce el camino que yo no conozco. Mas nunca me privará de lo que quiere que yo aprenda. Por eso confío en que me comunicará todo lo que sabe por mí. Déjale entonces que te enseñe quedamente cómo percibir tu inocencia, la cual está ya ahí.
(T-14.III.19)

Elegir la paz de antemano, cuando te despiertas por la mañana, es ponerte bajo Su guía, así que sólo te tienes de preocupar de estar en paz más que de escuchar Su Voz. No tienes que esperar a que Él te diga a cada momento todo lo que tienes que hacer ni decir. Más bien, lo que haces es que te programas bien temprano para la paz diciéndote a ti mismo que quieres pasar un día de paz profunda y que quieres dejarte guiar por Él, y eso te sitúa ya en un estado de alerta y predisposición para que así suceda. Entonces empiezas a hacer todo desde tu paz interna y eso mismo produce más paz. 

Hemos dicho que puedes comenzar el día felizmente sí decides no tomar ninguna decisión por tu cuenta. Esto de por sí parece ser una decisión. Sin embargo, tú no puedes tomar decisiones por tu cuenta. La única cuestión es entonces con quién eliges tomarlas. Eso es todo. La primera regla, pues, no es una coacción, sino la simple afirmación de un simple hecho. No tomas decisiones por tu cuenta, independientemente de lo que decidas. Pues o bien se toman con ídolos o bien con Dios. Y le pides ayuda al anti-Cristo o a Cristo, y aquel que elijas se unirá a ti y te dirá lo que debes hacer.
(T-30.I.14)

Tomar decisiones por tu cuenta sobre cómo han de resolverse o darse las cosas en tu jornada es tomar decisiones desde el ego o personalidad, evaluando pros y contras, analizando sin tener en cuenta tu paz interior, sino solamente el juicio acerca de lo que parece conveniente para ti como persona. Lo haces desde tu mente racional, con sus limitaciones y creencias, por lo que muchas veces tus palabras y acciones te conducen a consecuencias que no siempre prevés y que luego se repiten.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...