domingo, 23 de septiembre de 2018

Lección 237 de Un Curso de Milagros

Ahora quiero ser tal como Dios me creó

1. Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo. Me alzaré glorioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día. Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla. Y contemplo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte, consciente de que es la llamada que mi Padre me hace.
2. Cristo se convierte hoy en mis ojos, y en los oídos que escuchan hoy la Voz que habla por Dios. Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero Ser. Amén.
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Reflexión:

Cada día, cada hora y cada minuto, e incluso cada segundo, estás decidiendo entre la crucifixión y la resurrección; entre el ego y el Espíritu Santo. El ego es la elección en favor de la culpabilidad; el Espíritu Santo, la elección en favor de la inocencia. De lo único que dispones es del poder de decisión. Aquello entre lo que puedes elegir ya se ha fijado porque aparte de la verdad y de la ilusión no hay ninguna otra alternativa. Ni la verdad ni la ilusión traspasan los límites de la otra, ya que son alternativas irreconciliables entre sí y ambas no pueden ser verdad. Eres culpable o inocente, prisionero o libre, infeliz o feliz. 
Hoy se te exhorta a ejercer tu poder de decisión que es el único poder que posees, y que lo hagas reivindicando la verdad en ti, la cual es que eres tal como Dios te creó. En el sueño, esa elección parece tener que efectuarse muchas veces (instantes santos). Por eso es que necesitas disciplinar tu mente (ver lección anterior) ya que tienes que ponerla al servicio del E.S. (ese es tu único trabajo, derivar al E.S.), hasta que consigas la visión constante la cual tienes que desearla también de manera constante. 

La visión constante sólo se les concede a quienes desean la constancia.
(T-21.VI.13)

La visión es la puerta que te permitirá ver y oír la Voz de Dios (E.S.) volviéndote literalmente como Cristo. Dios solo puede acudir allí donde está Cristo.

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sábado, 22 de septiembre de 2018

Lección 236 de Un Curso de Milagros

Gobierno mi mente, la cual sólo yo debo gobernar

1. Tengo un reino que gobernar. Sin embargo, a veces no parece que yo sea su rey en absoluto, sino que parece imponerse sobre mí, y decirme cómo debo pensar y actuar y lo que debo sentir. No obstante, se me ha dado para que sirva cualquier propósito que yo perciba en él. La única función de mi mente es servir. Hoy la pongo al servicio del Espíritu Santo para que Él la use como mejor le parezca. De esta manera, soy yo quien dirige mi mente, que sólo yo puedo gobernar. Y así la dejo en libertad para que haga la Voluntad de Dios.
2. Padre, mi mente está dispuesta hoy a recibir Tus Pensamientos y a no darle entrada a ningún pensamiento que no proceda de Ti. Yo gobierno mi mente, y te la ofrezco a Ti. Acepta mi regalo, pues es el que Tú me hiciste a mí.

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Reflexión: Tienes un reino que gobernar aunque no lo sabes ni sabes cómo gobernarlo. Tu mente es tu reino y sin embargo no la tratas como tal sino que das por hecho que está ahí, ignorando su naturaleza y desconociéndote tú mismo. Sólo te cuidas de usarla para mantenerte entretenido, la mayoría de las veces con banalidades, aunque también para atiborrarla de información igualmente innecesaria que igual utilizarás para obtener títulos académicos de los que sentirte orgulloso; para ejercitarla y que se vuelva ágil resolviendo problemas matemáticos, concursos o crucigramas, o para volverla creativa, crear y sentirte diferente (¡especial!), entre todos los demás. Pero incluso todos los usos anteriores, llegado un cierto momento, tienen un límite y punto de inflexión.

Pasas por alto lo más fundamental de ese reino, que es que ese reino eres tú, y en el que tu ego se comporta como un señor feudal que de manera prepotente sólo se sirve egoístamente de ella. Realmente al ego no le interesa disciplinar la mente porque el ego tiene su origen en la mente indisciplinada (mente errada), así que quiere mantenerla salvaje, distraída, siempre funcionando agitada y siempre pensando, porque de esa manera no da pié a que otras partes de la mente, aún más fundamentales, se inmiscuyan en toda esa actividad. Ninguna de las actividades mencionadas en el primer párrafo amenaza al ego mientras "la tomadora de decisiones", la parte de la mente que decide, no se cuele para observar lo que sucede y ejerza su derecho de decisión interrumpiendo el protagonismo de la mente errada. De eso se trata el ego, de mantener activa la mente errada que, como si de un niño mimado se tratara, se sale siempre con la suya. Así que resulta que es la mente errada la que al final te gobierna a ti en lugar de gobernar tú a la mente errada, pues con su preponderancia mantiene anulada la parte de tu mente que puede observar y en la que radica tu verdadero poder (el poder de decidir cómo quieres vivir) impidiendo usar tu mente recta o mente sana. Literalmente permaneces secuestrado por la parte de tu mente que resulta ilusoria viviendo tus sueños.

La manera de revertir esa situación, de gobernar tú la mente (el ego se rebelará así que no esperes que sea tarea fácil) es disciplinarla, ya que no guardas suficiente atención y vigilancia sobre ti mismo, para lo que necesitas ponerte en manos del E.S. de modo que la mente sirva a la Voluntad de Dios. El E.S. se aloja en la parte de tu mente que llamamos mente recta o mente sana. Existen entonces tres partes en la mente, la mente errada, indisciplinada donde se aloja el ego, la mente recta que piensa con Dios y aloja al E.S., y la tomadora de decisiones que es la parte de la mente que decide entre las dos anteriores. 

Poner tu mente al servicio del E.S. para que él la enseñe es una decisión que se toma con la parte de la mente que hemos llamado la tomadora de decisiones. El curso habla de ésto refiriéndose a "Mantente alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino" (T-5.V.C). Para gobernar la mente necesitas mantenerte de manera constante en la posición que ocupa la parte tomadora de decisiones para que ésta elija siempre en favor de la mente recta y del E.S.; elegir lo verdadero en lugar de lo falso. Obviamente te va a costar trabajo al principio, pero una vez lo vuelvas un hábito ya no tendrás que esforzarte más; la mente errada y el ego desaparecerán, y la tomadora de decisiones también porque se volverá sencillamente innecesaria; entonces sólo quedarás tú como mente recta o mente crística. Ahí es donde acude Dios dando el último paso para llevarte a casa. 
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viernes, 21 de septiembre de 2018

Lección 235 de Un Curso de Milagros

Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve

1. Tan sólo necesito contemplar todo aquello que parece herirme, y con absoluta certeza decirme a mí mismo: "La Voluntad de Dios es que yo me salve de esto", para que de inmediato lo vea desaparecer. Tan sólo necesito tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es felicidad, para darme cuenta de que lo único que se me ha dado es felicidad. Tan sólo necesito recordar que el Amor de Dios rodea a Su Hijo y mantiene su inocencia eternamente perfecta, para estar seguro de que me he salvado y de que me encuentro para siempre a salvo en Sus Brazos. Yo soy el Hijo que Él ama. Y me he salvado porque Dios en Su misericordia así lo dispuso.
2. Padre, Tu Santidad es la mía. Tu Amor me creó e hizo que mi inocencia fuese parte de Ti para siempre. No hay culpabilidad o pecado en mí, puesto que no los hay en Ti.
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Reflexión: Si participas de la locura sin saberlo, te mantiene atrapado. Necesitas volverte consciente en el proceso de observarla y sólo entonces habrás tomado distancia para poder escapar de ella. Es como cualquier enfermedad que padeces sin saber que la tienes, la cual no la puedes tratar mientras la desconoces.

Lo que te hiere y te crea infelicidad no es más que un estado mental manifestando algún grado de demencia, el cual puede ir desde el mayor de los dolores o desesperación, pasando por un estado intermedio de preocupación, hasta cualquier pequeño malestar o incomodidad. Esa demencia, o locura, es producida por tu identificación con el ego y sus creencias, quien se piensa separado de Dios y tiene que lidiar con un montón de problemas que él mismo crea. 

El ego no te puede brindar verdadera felicidad, si acaso alguna alegría siempre transitoria apoyada en ideas fantasiosas. Pero Dios ha dispuesto que tú te salves y sientas dicha constante porque eres semejante a Él. Todos tus problemas e infelicidad se resumen en un sólo problema básico de identificación con tu ego que queda resuelto cuando recuerdas que en realidad eres el Hijo de Dios, y que el Padre te mantiene a salvo en Su Amor, pues nunca puedes perder Su condición. Tus pensamientos imaginarios de pecado y culpa y la infelicidad que te crean no son más que nubes que pueden ocultar pero nunca destruir tu inocencia.

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jueves, 20 de septiembre de 2018

Lección 234 de Un Curso de Milagros

Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo

1. Hoy vislumbraremos el momento en que los sueños de pecado y de culpa hayan desaparecido y hayamos alcanzado la santa paz de la que nunca nos habíamos apartado. Sólo un instante ha transcurrido entre la eternidad y lo intemporal. Y fue tan fugaz, que no hubo interrupción alguna en la continuidad o en los pensamientos que están eternamente unidos cual uno solo. Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo. Hoy aceptamos la veracidad de este hecho.
2. Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. Reconocemos nuestra seguridad y Te damos las gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.
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Reflexión: Empezamos este ejercicio reconociendo lo que somos antes de entrar en estado meditativo, de quietud, y con ello estamos allanando el camino hacia Dios. 
Hoy vuelvo a ser Tu Hijo y no es porque en algún momento haya dejado de serlo, sino porque lo había olvidado pero hoy lo recordamos nuevamente. La condición para hacerlo es borrar la culpa (borrarla que no expulsarla fuera para echársela a alguien más), y estar en paz con uno mismo reconociendo que lo que parece o pareció ocurrir en nuestras vidas no tiene ni tuvo nunca lugar. 
Me encuentro a salvo en Dios y me siento amado por Él, ese es el objeto de esta práctica, y por ello doy gracias. 

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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Lección 233 de Un Curso de Milagros

Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe

1. Padre, hoy te entrego todos mis pensamientos. No quiero quedarme con ninguno de ellos. En su lugar, dame los Tuyos. Te entrego asimismo todos mis actos, de manera que pueda hacer Tu Voluntad en lugar de ir en pos de metas inalcanzables y perder el tiempo en vanas imaginaciones. Hoy vengo a Ti. Me haré a un lado y simplemente Te seguiré. Sé Tú el Guía hoy, y yo el seguidor que no duda de la sabiduría de lo Infinito, ni del Amor cuya ternura no puedo comprender, pero que es, sin embargo, el perfecto regalo que Tú me haces.
2. Hoy nos dirige un solo Guía. Y mientras caminamos juntos le entregamos este día sin reserva alguna. Éste es Su día. Y por eso es un día de incontables dones y de infinitas mercedes para nosotros.
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Reflexión: Lo que tu llamas "tu vida" es en realidad un sueño (tu sueño), y solamente en el sueño precisas un guía para despertar de él. Tus pensamientos son creadores de ilusión y autores de tu sueño, así que, qué mejor que entregarlos a ese guía, así como los actos consecuentes los cuales no sabes realmente qué significan ni para lo que son. 

Cuando despiertas por la mañana recordando un sueño, ese sueño no significa nada; es un desahogo emocional. Tus pensamientos a este nivel, que tu llamas vigilia, tampoco significan nada y son la causa de tus sentimientos de vacío, extravío, insatisfacción, descontento, etc. así que tratamos de desprendernos de ellos para sustituirlos por los pensamientos que son de Dios. Es usando los pensamientos de Dios que uno termina recordando a Dios. 

Pero tú ahora puedes preguntar "¿y cuáles son esos pensamientos?". Los pensamientos de Dios no se parecen en nada a los pensamientos corrientes. Los pensamientos de Dios son de la misma naturaleza que Dios. Nosotros (lo que en verdad somos, nuestro ser) somos los pensamientos de Dios. Entregar la vida a Dios es entregarte a tu ser y que todos tus actos sean guiados por él, no por tus pensamientos corrientes y sus emociones. Eso mismo significa "hacerse a un lado", dejar tu personalidad atrás y ubicarte en tu ser, el cual es el pensamiento de Dios. 

Así que entregar la vida a Dios para que Él la guíe significa vivir desde el ser aceptando lo que toque vivir, haciendo lo que haya que hacer en cada momento con confianza, sin dudas, sin preocuparse, sin defenderse, sin planear, sin quejarse, sin tratar de controlar o manipular lo que es, sin miedo.

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martes, 18 de septiembre de 2018

Lección 232 de Un Curso de Milagros

Permanece en mi mente todo el día, Padre mío

1. Padre mío, permanece en mi mente desde el momento en que me despierte, y derrama Tu luz sobre mí todo el día. Que cada minuto sea una oportunidad más de estar Contigo. Y que no me olvide de darte las gracias cada hora por haber estado conmigo y porque siempre estás ahí presto a escucharme y a contestarme cuando te llamo. Y al llegar la noche, que todos mis pensamientos sigan siendo acerca de Tí y de Tu Amor. Y que duerma en la confianza de que estoy a salvo, seguro de Tu cuidado y felizmente consciente de que soy Tu Hijo.
2. Así es como debería ser cada día. Practica hoy el final del miedo. Ten fe en Aquel que es tu Padre. Deja todo en Sus Manos. Deja que Él te revele todo y no te desanimes, pues eres Su Hijo.
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Reflexión: Estar con Dios no es pensar en Dios. Es más, cuando lo piensas te alejas, porque los pensamientos acerca de Dios no son Dios. Tus pensamientos son la causa de tu alejamiento porque es un estado de ensoñación en el que pierdes contacto con la esencia que compartes con el Padre. Lo que se pide en este ejercicio es que permanezcas en tu mente, pero en tu divinidad, no en tus pensamientos; ésto es ¡DESPIERTO!. Es permaneciendo así que permaneces en el Ser que compartes con Él. 

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lunes, 17 de septiembre de 2018

Perdonar a dios

Sí, he escrito "perdonar a dios" y no "perdonar a Dios".

Quizás has llegado aquí sin saber nada acerca de Un Curso de Milagros (UCdM). Si es así te pido que no te vayas y que tengas un poco de paciencia para leer hasta el final, pues creo necesario hacer antes un explicación de la metafísica de este libro para que entiendas del porqué la diferencia entre "dios" y "Dios". Es una explicación que puede sonarte muy fantástica, pero con frecuencia la realidad supera la ficción y no pierdes nada con ello. Por el contrario, puedes llegar a alguna conclusión provechosa que te haga pensar que al final ha valido la pena quedarte aquí 10 minutos más. En cualquier caso seguro que piensas que tienes algo que perdonar porque te sientes resentido con el mundo en general, con la vida o con dios, ya que consideras que has sido injustamente tratado por alguno de ellos (o todos a la vez) y aflora en ti ahora mucha rabia. Entonces no te importará quedarte y tratar de comprender lo que voy a contar en este post. 

UCdM dice que el universo no es creación de Dios. Dios es ajeno a nuestro mundo pues Él no puede ser causa de la injusticia, del dolor ni de la muerte. Yo no sé tú pero yo lo veo muy lógico. Desde joven ya me planteaba esta cuestión pues no me parecía razonable que un Dios que es "Todo Amor" permitiera el mundo que percibimos. ¿Entonces? La causa de toda esta locura que vivimos, según UCdM, está en nosotros mismos, en realidad en el Hijo de Dios, quien entró en un estado de sueño queriendo experimentar la separación de Dios, y ahora no sabe como despertar. ¡Estamos viviendo un sueño!

Lo anterior quiere decir que el dios creador de este mundo es la mente dormida del Hijo de Dios, mente que UCdM llama "mente errada" porque sueña con la irrealidad y con algo que realmente no está teniendo lugar sino de forma fantástica en la imaginación de esa mente, que como digo, está espoleada por el sentimiento de culpa, miedo y carencia que le causó la creencia en la separación de Dios. Así que tratando de huir de esos sentimientos tan terribles fue que, de una manera muy astuta, la mente fabricó este universo de espacio-tiempo en el proceso que comenzó con el conocido "Big Bang", proyectándose a sí misma en infinitas partes que dieron origen a infinitos lugares, seres e historias diferentes con el objeto de expulsar esa culpa y ese miedo fuera de sí misma; ésto digo, tratando de ocultarse de Dios por lo que creía haber hecho. 

Si lo piensas detenidamente lo anterior no suena muy descabellado del todo pues el miedo, la culpa y la carencia son los tres ejes en torno a los que se desarrolla y gira la vida aquí en la Tierra. Basta que consideres la explicación anterior como una posibilidad para que ahora tu situación personal empiece a cobrar un poco de más sentido, aunque no tengo intención de convencerte de nada pues ese es tu trabajo. Yo personalmente voy a dar por hecho que la cosa ocurrió de la manera en que la cuento (o de forma más o menos parecida), sino no estaría escribiendo este post. Por otro lado, y lo que me llevó también a escribir fue mi propia experiencia de rabia hacia dios porque yo también me he sentido injustamente tratado en numerosas ocasiones. 

En realidad y desde un punto de vista de UCdM, cuando hablamos de perdonar a dios estamos hablando de perdonarnos a nosotros mismos, pues ese dios castigador, vengativo y caprichoso, no es sino nuestra propia mente errada, mejor conocida como ego o mente-demiurgo. ¿Puedes entender que tú eres una infinitésima fracción de esa mente soñándose en el mundo  de una forma tan vívida que parece real? ¿También que sigues un guión predeterminado por esa mente errada? Parece que tienes libre albedrío aquí en el sueño y que puedes tomar decisiones pero en realidad no puedes hacer nada por tu cuenta. Tu único poder es el de elegir cómo te vas a sentir en cada paso que crees tomar, bien rechazando lo que te ocurre o bien aceptándolo de buen grado. Claro que ésta posibilidad tan simple es desconocida para el 99% de las personas quienes sufren de emociones sin controlar y creen poder actuar por voluntad propia y con total autonomía. ¿Si no puedes controlar tu propia respiración cómo crees que vas a controlar tu vida? Todo es una construcción ilusoria como lo son tus sueños cuando duermes. En tus sueños el soñado cree tener voluntad propia pero cuando despiertas descubres que no es verdad.

Esa mente errada demiurgo creó el universo en su huida para hacer perder la pista al verdadero Dios (sobra decir que Dios no puede entrar en este sueño o lo convertiría en real), así que creó multitud de niveles y un trillón de fragmentaciones de sí misma manifiestas en todos los seres habidos y por haber. No es de extrañar que no recuerdes nada de ti ni de tu origen. El sistema está hecho así a consciencia para que ahora te sientas débil, frágil e inocente, ¡una víctima! Este mismo sistema creó un falso cielo y un falso dios, el dios del antiguo testamento, Jehová, iracundo y vengativo que no dudaba en ordenar pasar a cuchillo a los enemigos de su pueblo elegido o de matar él mismo a los pecadores e infieles con las más horrendas plagas y catástrofes. Digo que este dios creó su propio cielo donde nos reciclamos después de cada vida en el proceso que se llama "reencarnación" para volver una y otra vez en distintos personajes con disposición de aprender lecciones de vida que nos ayudarán a evolucionar hacia la perfección; porque se te ha enseñado y aún se te sigue repitiendo hasta la saciedad que eres totalmente imperfecto, que estás sin formar, que eres pecador, malo por naturaleza, culpable ya de nacimiento y otro sarta de tonterías. Todo ésto porque así te vuelves dependiente y manipulable.

He hablado de la mente errada pero no lo he hecho de la mente recta. La mente recta es la parte de la mente que no duerme y por lo tanto no sueña. Es una reminiscencia de la mente de Dios donde se aloja el Espíritu Santo, a Quien trajimos con nosotros al sueño, y un oasis de cordura que todavía nos habla de nuestra verdadera naturaleza, de la verdad, aunque lo oímos más como una voz lejana e imperceptible que muchos solemos ignorar. A Su guía nos atenemos para despertar del sueño y regresar a nuestro estado original del que nunca nos fuimos, junto a Dios, pues en un sueño no vas a ninguna parte. Sigues donde siempre has estado pero como estás dormido no te das cuenta de ello. 

Y ahora sí, hablemos del perdón. Decíamos que posiblemente te sientas injustamente tratado por dios, por la vida, el mundo o su gente. No es para menos porque igual has procurado comportarte lo mejor posible siempre, has sido honesto, diligente, y a pesar de todo no has podido evitar que te pasen ciertas cosas desagradables, que pierdas a seres queridos o te hayan ocurrido otras desgracias. Lo cierto es que sientes que no te lo mereces y no entiendes tampoco para qué ni qué sentido tiene que ocurran estas cosas en tu existencia. Ahora que ocurrió o sigue ocurriendo ha sido cuando te has empezado a preocupar y a hacerte preguntas al respecto y quieres respuestas. Sientes rabia con dios, que no con Dios, quien no contesta tan siquiera a tus plegarias. Pero Dios no tiene nada que ver con este mundo ni con nada de lo que te ocurre. Ya lo dije antes. 

Ahora, independientemente de tu religión o creencias, es verdad que existe ese otro dios dentro del sueño que te hace reencarnar y vivir vida tras vida, sujeto a guiones preestablecidos (dicen los investigadores del tema "vida después de la muerte", que no se te obliga a nada y que eres tú mismo quien estableces antes de nacer, el cuándo, el dónde, tu futura familia y el tipo de cuerpo que vas a ocupar), para volver a vivir una vida llena de lecciones y aprendizaje, y por cierto, también de sacrificio, dolor y sufrimiento para tu bien y el de tu evolución... En este cielo nunca te dirán que ya eres perfecto y que no necesitas reencarnar más ni sufrir ni evolucionar pues ya existe otro cielo, el real, y que todo es un invento, una treta de la mente ego-demiurgo para perpetuarse a sí misma en el estado de ensoñación y evitar enfrentarse al verdadero Dios, lo cual supondría para ella su propia desaparición, cosa que trata de evitar a toda costa. La vida en el universo se rige por eso por la culpa, el miedo, la carencia y también por el instinto de supervivencia (que olvidé mencionar antes).

Bueno, y si es verdad lo que cuento, me preguntarás ¿cómo se perdona a dios, que no a Dios?. La toma de conciencia es el primer paso. No se puede perdonar algo cuya procedencia o causa desconoces, a no ser que por el paso del tiempo lo olvides y lo superes con otras cosas adicionales que vengan a suplir aquello que perdiste, pero entonces quedas expuesto a repetir el mismo episodio. Eso es lo que nos ocurre a la mayoría. Vivimos experiencias que nos destrozan y nos curamos poco a poco con el tiempo, pagando un alto precio de dolor y resentimiento, o reemplazando a la persona que tanto amábamos por otra, o aquel objeto o el trabajo que perdimos por otro diferente, pero dejando siempre una cicatriz oculta.

Ahora ya sabes cómo funciona el mundo. Por el simple hecho de vivir en el sueño ya estás expuesto a toda clase de pérdidas. También eres consciente de que ese dios que dicta tu vida eres tú mismo a otro nivel y en otra dimensión, por llamarlo de alguna manera. Tu resentimiento es en realidad hacia ti mismo pues dios lo proyecta en ti y tú lo proyectas en dios; un círculo vicioso que persigue dar vueltas y vueltas para perpetuarse sin que puedas escapar de él. Lo mismo es de aplicación con respecto a lo que crees que te hacen "otros" porque esos otros o "tus hermanos" son parte intrínseca de ti haciendo su papel. Ellos son tú y tú eres ellos. Ninguno tenéis culpa aunque la sintáis, y sintáis terror o carencia o la inquietud por la supervivencia que causa vivir identificados con el cuerpo en un mundo de dualidad lleno de limitaciones, peligros y escasez. Todo ésto forma parte de la naturaleza del sueño y parece a todas vistas imposible de cambiar porque son sus reglas de juego. 

Resumiendo, eres consciente de la naturaleza del mundo, sabes que los cambios y las pérdidas son inevitables y sabes también que eres tú mismo el que te estás infringiendo ésto a ti mismo. El siguiente paso es el de tomar responsabilidad por ello. ¿Puedes hacerlo? Sin responsabilizarte no puedes perdonar y seguirás indefinidamente echando la culpa afuera, a dios, a la vida o al mundo entero. Serás una víctima para siempre, o un verdugo si decides vengarte, pero has de saber que no hay diferencia entre víctimas y verdugos. Ninguno de ellos escapa a la naturaleza del sueño. 

He transcrito más abajo el apartado VIII del Capítulo 27 titulado "LA CURACIÓN DEL SUEÑO" de UCdM que aconsejo encarecidamente que leas despacio. Interesan sobre todo los párrafos 8 en adelante, porque además de ser un estupendo resumen de lo dicho, en el 9 vas a conocer el último paso que necesitas aplicar para el perdón de dios (y el perdón en general) que ya te adelanto y que es entregar todos tus pensamientos y tus juicios al Espíritu Santo en tu mente recta. Eso quiere decir que para perdonar primero tienes que estar despierto en tal grado que te permita reconocer que todo lo que (te) ocurre es irreal, y en esa consciencia de Ser, entregar tus pensamientos y juicios a Él. Si no lo estás (quiero decir despierto, y si sigues atrapado en tus pensamientos...) difícilmente podrás entregarlos y dejar de juzgar. 

El despertar es un proceso largo y doloroso en sí, un crisol donde se va fundiendo el ego poco a poco hasta desaparecer; y la iluminación es el último paso de ese despertar. Con la iluminación escapas definitivamente del mundo y de su esclavitud. No será hasta que hayas completado totalmente tu proceso de perdón que estarás condenado a reencarnarte una y otra vez para servir a ese dios del cual formas parte, y repetir las mismas experiencias de pérdida, sufrimiento y sacrificio en diferentes cuerpos, escenarios y tiempos para perpetuarte aquí en el sueño. ¿Es eso lo que quieres? Tú decides.

VIII. El "héroe" del sueño

1. El cuerpo es el personaje central en el sueño del mundo. Sin él no hay sueño, ni él existe sin el sueño en el que actúa como si fuese una persona digna de ser vista y creída. Ocupa el lugar central de cada sueño en el que se narra la historia de cómo fue concebido por otros cuerpos, cómo vino al mundo externo al cuerpo, cómo vive por un corto tiempo hasta que muere, para luego convertirse en polvo junto con otros cuerpos que, al igual que él, también mueren. En el breve lapso de vida que se le ha concedido busca otros cuerpos para que sean sus amigos o sus enemigos. Su seguridad es su mayor preocupación; Su comodidad, la ley por la que se rige. Trata de buscar placer y de evitar todo lo que le pueda ocasionar dolor. Pero por encima de todo, trata de enseñarse a sí mismo que sus dolores y placeres son dos cosas diferentes, y que es posible distinguir entre ellos.
2. El sueño del mundo adopta innumerables formas porque el cuerpo intenta probar de muchas maneras que es autónomo y real. Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o con tiras de papel moneda que el mundo considera reales y de gran valor. Trabaja para adquirirlos, haciendo cosas que no tienen sentido, y luego los despilfarra intercambiándolos por cosas que ni necesita ni quiere. Contrata a otros cuerpos para que lo protejan y para que coleccionen más cosas sin sentido que él pueda llamar suyas. Busca otros cuerpos especiales que puedan compartir su sueño. A veces sueña que es un conquistador de cuerpos más débiles que él. Pero en algunas fases del sueño, él es el esclavo de otros cuerpos que quieren hacerle sufrir y torturarlo.
3. Las aventuras del cuerpo, desde que nace hasta que muere, son el tema de todo sueño que el mundo jamás haya tenido. El "héroe" de este sueño jamás cambiará, ni su propósito tampoco. Y aunque el sueño en sí adopta muchas formas y parece presentar una gran variedad de lugares y situaciones en los que su "héroe" cree encontrarse, el sueño no tiene más que un propósito, el cual se enseña de muchas maneras. Ésta es la lección que trata de enseñar una y otra vez: que el cuerpo es causa y no efecto. Y que tú que eres su efecto, no puedes ser su causa.
4. De esta manera, tú no eres el soñador, sino el sueño. Y, por lo tanto, deambulas fútilmente entrando y saliendo de lugares y situaciones que él maquina. Que esto es todo lo que el cuerpo hace, es cierto, pues no es más que una figura en un sueño. Mas ¿quién reaccionaría ante las figuras de un sueño a no ser que las considerase reales? En el instante en que las reconoce como lo que verdaderamente son, éstas dejan de tener efectos sobre él porque entiende que fue él quien les dio los efectos que tienen, al causarlas y hacer que pareciesen reales.
5. ¿Cuán dispuesto estás a escaparte de los efectos de todos los sueños que el mundo jamás haya tenido? ¿Es tu deseo no permitir que ningún sueño parezca ser la causa de lo que haces? Examinemos, pues, el comienzo del sueño, ya que la parte que ves no es sino la segunda parte, cuya causa se encuentra en la primera. Nadie que esté dormido y soñando en el mundo recuerda el ataque que se infligió a sí mismo. Nadie cree que realmente hubo un tiempo en el que no sabía nada de cuerpos y en el que no habría podido concebir que este mundo fuese real. De otro modo, se habría dado cuenta de inmediato de que estas ideas son una mera ilusión, tan ridículas que no sirven para nada, excepto para reírse de ellas. ¡Cuán serias parecen ser ahora! Y nadie puede recordar aquel entonces cuando habrían sido motivo de risa e incredulidad. Pero lo podemos recordar, sólo con que contemplemos directamente su causa. Y al hacerlo, veremos que son motivo de risa, no de temor.
6. Devolvámosle al soñador el sueño del que se desprendió, el cual él percibe como algo que le es ajeno y que se le está haciendo a él. Una diminuta y alocada idea, de la que el Hijo de Dios olvidó reírse, se adentró en la eternidad, donde todo es uno. A causa de su olvido ese pensamiento se convirtió en una idea seria, capaz de lograr algo, así como de tener efectos reales. Juntos podemos hacer desaparecer ambas cosas riéndonos de ellas, y darnos cuenta de que el tiempo no puede afectar a la eternidad. Es motivo de risa pensar que el tiempo pudiese llegar a circunscribir a la eternidad, cuando lo que ésta significa es que el tiempo no existe.
7. Una intemporalidad en la que se otorga realidad al tiempo; una parte de Dios que puede atacarse a sí misma; un hermano separado al que se considera un enemigo y una mente dentro de un cuerpo son todos diferentes aspectos de un círculo vicioso, cuyo final empieza en su comienzo y concluye en su causa. El mundo que ves te muestra exactamente lo que creíste haber hecho. Excepto que ahora crees que lo que hiciste se te está haciendo a ti. La culpabilidad que sentiste por lo que habías pensado la proyectaste fuera de ti mismo sobre un mundo culpable que es el que entonces sueña tus sueños y piensa tus pensamientos por ti. Es su venganza la que recae sobre ti, no la tuya propia. Te mantiene estrechamente confinado a un cuerpo, al que castiga por todos los actos pecaminosos que éste comete en su sueño. Y no puedes hacer que el cuerpo deje de cometer sus actos depravados porque tú no eres su hacedor y, por lo tanto, no puedes controlar sus acciones, su propósito o su destino.
8. El mundo no hace sino demostrar una verdad ancestral: creerás que otros te hacen a ti exactamente lo que tú crees haberles hecho a ellos. Y una vez que te hayas engañado a ti mismo culpándolos, no verás la causa de sus actos porque desearás que la culpabilidad recaiga sobre ellos. ¡Cuán infantil es la insolente maniobra de querer defender tu inocencia descargando tu culpabilidad fuera de ti mismo, aunque sin deshacerte de ella! No es fácil percibir tal ironía cuando lo que tus ojos ven a tu alrededor son sus graves consecuencias, mas no su frívola causa. Sin causa, sus efectos parecen ciertamente ser tristes y graves. Sin embargo, no son más que consecuencias. Su causa, en cambio, es lo que no es consecuencia de nada, al no ser más que una farsa.
9. El Espíritu Santo, sonriendo dulcemente, percibe la causa y no presta atención a los efectos. ¿De qué otra manera podría corregir tu error, cuando has pasado por alto la causa enteramente? Él te exhorta a que lleves todo efecto temible ante Él para que juntos miréis su descabellada causa y os riáis juntos por un rato. Tú juzgas los efectos, pero Él ha juzgado su causa. Y mediante Su juicio se eliminan los efectos. Tal vez vengas con los ojos arrasados en lágrimas, mas óyele decir: "Hermano mío, santo Hijo de Dios, contempla tu sueño fútil en el que sólo algo así podría ocurrir". Y saldrás del instante santo riendo, con tu risa y la de tu hermano unida a la de Él.
10. El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. No importa cuál sea la forma del ataque, eso sigue siendo verdad. No importa quién desempeñe el papel de enemigo y quién el de agresor, eso sigue siendo verdad. No importa cuál parezca ser la causa de cualquier dolor o sufrimiento que sientas, eso sigue siendo verdad. Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan sólo de tu propio sueño.
11. Basta con que aprendas esta lección para que te libres de todo sufrimiento, no importa la forma en que éste se manifieste. El Espíritu Santo repetirá esta lección inclusiva de liberación hasta que la aprendas, independientemente de la forma de sufrimiento que te esté ocasionando dolor. Esta simple verdad será Su respuesta, sea cual sea el dolor que lleves ante Él. Pues esta respuesta elimina la causa de cualquier forma de pesar o dolor. La forma no afecta Su respuesta en absoluto, pues Él quiere mostrarte la única causa de todo sufrimiento, no importa cuál sea su forma. Y comprenderás que los milagros reflejan esta simple afirmación: "Yo mismo fabriqué esto, y es esto lo que quiero deshacer".
12. Lleva, pues, toda forma de sufrimiento ante Aquel que sabe que cada una de ellas es como las demás. Él no ve diferencias donde no las hay, y te enseñará cuál es la causa de todas ellas. Ninguna tiene una causa diferente de las demás, y todas se deshacen fácilmente con una sola lección que realmente se haya aprendido. La salvación es un secreto que sólo tú has ocultado de ti mismo. Así lo proclama el universo. Pero haces caso omiso de sus testigos porque de lo que ellos dan testimonio es algo que prefieres no saber. Parecen mantenerla oculta de ti. Sin embargo, no necesitas sino darte cuenta de que fuiste tú quien eligió no escuchar ni ver.
13. ¡Qué diferente te parecerá el mundo cuando reconozcas esto! Cuando le perdones al mundo tu culpabilidad, te liberarás de ella. Su inocencia no exige que tú seas culpable, ni tu inocencia se basa en sus pecados. Esto es obvio, y es un secreto que no le has ocultado a nadie salvo a ti mismo. Y es esto lo que te ha mantenido separado del mundo y lo que ha mantenido a tu hermano separado de ti. Ahora sólo necesitas reconocer que los dos sois o inocentes o culpables. Lo que es imposible es que seáis diferentes el uno del otro; o que seáis ambas cosas. Éste es el único secreto que aún te queda por aprender. Mas no será un secreto que has sanado.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...