jueves, 22 de marzo de 2018

Lección 64 de Un Curso de Milagros

No dejes que me olvide mi función

1. La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: "No me dejes caer en la tentación". El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella. Es asimismo la tentación de abandonar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física. Esto es lo que los ojos del cuerpo ven.
2. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí. Hemos aprendido, no obstante, que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado, y, por lo tanto, ve en ellas otro propósito. Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados. De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.
3. Al repasar nuestras últimas lecciones, vemos que tu función aquí es ser la luz del mundo, y que es una función que Dios Mismo te dio. La arrogancia del ego es lo único que te hace poner esto en duda, y el miedo del ego lo único que te induce a considerarte a ti mismo indigno de la tarea que Dios Mismo te encomendó. La salvación del mundo aguarda tu perdón porque a través de él el Hijo de Dios se libera de todas las ilusiones y, por ende, de toda tentación. El Hijo de Dios eres tú.
4. Sólo desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz. Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable. No hay otra manera. Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.
5. Recordemos esto hoy. Tengámoslo presente por la mañana, por la noche, y también a lo largo del día. Prepárate de antemano para todas las decisiones que tengas que tomar hoy, recordando que todas ellas son en realidad muy simples. Cada una te conducirá ya sea a la felicidad o a la infelicidad. ¿Puede ser acaso difícil tomar una decisión tan simple? No permitas que la forma de la decisión te engañe. Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido. Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección. Ésta es la única elección que el Espíritu Santo ve. Por lo tanto, es la única elección que existe.
6. Practiquemos hoy, pues, con estos pensamientos: No dejes que me olvide de mi función. No dejes  que trate de substituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz. Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a reflexionar acerca de esto con los ojos cerrados. Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo.
7. En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos y luego a pensar en ellos y en nada más. Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere. Tal vez necesites repetir: "No dejes que me olvide de mi función" con bastante frecuencia para que te ayude a concentrarte.
8. Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas. Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando. En otras, mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros: Éste es el mundo que es mi función salvar.
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Reflexión: Como ya dijimos en los ejercicios anteriores, tu función es perdonar. La salvación del mundo y la paz de Dios en ti depende de que tú no olvides de realizarla hasta que se consume plenamente. Cuando lo consigas por entero lo sabrás. Mientras tanto la paz parecerá ir y venir dentro de ti. 
Este ejercicio se repite en cuanto a la intención de los anteriores de volver tu atención sobre ti mismo, hacia la auto observación. Solamente con la auto observación plena puedes hacerte consciente de lo que piensas y haces a cada instante, de los mecanismos de tu ego, y con su entrega al Espíritu Santo, disolverlos. No conseguirás estar en paz hasta que tu ego sea deshecho por completo.

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Lección 81 de Un Curso de Milagros



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Lección 62 de Un Curso de Milagros

Perdonar es mi función por yo ser la luz del mundo

1. Tu perdón es lo que lleva a este mundo de tinieblas a la luz. Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves. El perdón es la demostración de que tú eres la luz del mundo. Mediante tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti. En tu perdón, por lo tanto, reside tu salvación.
2. Las ilusiones que tienes acerca de ti y acerca del mundo son una y la misma. Por eso es por lo que todo perdón es un regalo que te haces a ti mismo. Tu meta es descubrir quién eres, al haber negado tu Identidad atacando a la creación y a su Creador. Ahora estás aprendiendo a recordar la verdad. Para ello, el ataque tiene que ser reemplazado por el perdón, de manera que los pensamientos de vida puedan reemplazar a los pensamientos de muerte.
3. Recuerda que en todo ataque apelas a tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas apelas a la fortaleza de Cristo en ti. ¿Te vas dando cuenta, pues, de lo que el perdón hará por ti? Eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, de tensión y de fatiga. Arrasará con todo vestigio de temor, culpabilidad y dolor. Reinstaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el poder que Dios le confirió a Su Hijo.
4. Regocijémonos de poder comenzar y concluir este día practicando la idea de hoy, y de usarla tan frecuentemente como nos sea posible en el transcurso del día. Ello te ayudará a que pases un día tan feliz como Dios Mismo quiere que tú seas. Y ayudará a aquellos que te rodean, así como a aquellos que parecen encontrarse lejos en el espacio y en el tiempo, a compartir esta felicidad contigo.
5. Tan a menudo como puedas hoy, con los ojos cerrados a ser posible, repite para tus adentros: Perdonar es mi función por ser la luz del mundo. Cumpliré mi función para así poder ser feliz. Dedica entonces uno o dos minutos a reflexionar sobre tu función, y la felicidad y liberación que te brindará. Deja que pensamientos afines acudan a ti libremente, pues tu corazón reconocerá estas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad. Si te distraes, repite la idea y añade: Deseo recordar esto porque quiero ser feliz.

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Reflexión: En la lección anterior hablábamos de que todos somos una luz en el mundo, aunque no todos lo sabemos. Tu responsabilidad una vez que lo sabes es perdonar, pero no en el sentido de exculpar, sino en el sentido de no juzgar, no condenar la ilusión reconociendo simplemente lo que es. ¿Acaso culparías a las imágenes de un sueño atemorizante una vez despertases? No, solamente resoplarías aliviado restándole importancia al no tener consecuencias. Eso no quiere decir que estés dispuesto a participar y recrearte de ninguna pesadilla. Sería un auto-engaño justificar el sufrimiento diciéndose uno que esto que me ha tocado vivir es solo un sueño; sí, un sueño pero que parece muy real. Estás fastidiado aguantando una situación o a una persona y no haces nada por evitarlo porque crees que es la voluntad de Dios y que al final te espera una recompensa por tu resignación. La religión ha mitificado el perdón como "perdonar los pecados con entrega y sufrimiento" haciéndolos reales, y luego el cine de Hollywood se ha encargado de confundir aún más con toda su parafernalia. Así que la mayoría de la gente aguanta estoica todos los males que le caen encima haciendo el trabajoso esfuerzo de perdonar a sus verdugos como si eso los fuera a purificar y con ello fuesen a ganarse el cielo. ¡Tremenda tontería! El verdadero perdón no requiere ningún esfuerzo ni sacrificio, y si es así, ese no es el perdón del que hablamos. El perdón al que nos referimos es un simple reconocimiento, es un darse cuenta que no duele, no molesta y sobre todo que no cuesta. Es el 70 veces 7 del que habla Jesús en los evangelios, que significa que ni tan siquiera tienes que perdonar porque en ningún momento has condenado.

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Lección 61 de Un Curso de Milagros

Yo soy la luz del mundo

1. ¿Quién es la luz del mundo sino el Hijo de Dios? Por lo tanto, esto no es más que una afirmación de la verdad acerca de ti. Es lo opuesto a una afirmación de orgullo, de arrogancia o de autoengaño. No describe el concepto de ti mismo que tú has forjado. No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos. Se refiere a ti tal como fuiste creado por Dios. Expresa simplemente la verdad.
2. Para el ego la idea de hoy es el epítome de la auto-glorificación. Pero el ego no sabe lo que es la humildad y la confunde con la auto-degradación. La humildad consiste en aceptar el papel que te corresponde en la salvación y en no aceptar ningún otro. No es humildad insistir que no puedes ser la luz del mundo si ésa es la función que Dios Mismo te asignó. Es sólo la arrogancia la que afirmaría que ésa no puede ser tu función, y la arrogancia es siempre cosa del ego.
3. La verdadera humildad requiere que aceptes la idea de hoy porque es la Voz de Dios la que te dice que es verdad. Éste es uno de los primeros pasos en el proceso de aceptar tu verdadera función en la tierra. Es un paso gigantesco que te conducirá al lugar que te corresponde ocupar en la salvación. Es una aseveración categórica de tu derecho a la salvación y un reconocimiento del poder que se te ha otorgado para salvar a otros.
4. Debes reflexionar hoy acerca de esta idea tan a menudo como puedas. Es la respuesta perfecta a todas las ilusiones y, por ende, a toda tentación. La idea de hoy lleva todas las imágenes que tú has forjado de ti mismo ante la verdad y te ayuda a seguir adelante en paz, sin agobios y seguro de tu propósito.
5. Hoy se deben llevar a cabo tantas sesiones de práctica como sea posible, aunque no es necesario que ninguna exceda uno o dos minutos de duración. Debes empezar cada sesión de práctica diciéndote a ti mismo: Yo soy la luz del mundo. Ésa es mi única función. Por eso es por lo que estoy aquí. Piensa entonces en estas afirmaciones por unos breves momentos, preferiblemente con los ojos cerrados si las circunstancias lo permiten. Deja que te vengan a la mente unos cuantos pensamientos afines y, si observas que tu mente se aparta del tema central, repite la idea de hoy para tus adentros.
6. Asegúrate de comenzar y finalizar el día con una sesión de práctica. De este modo, te despertarás reconociendo la verdad acerca de ti mismo, la reforzarás a lo largo del día y te irás a dormir reafirmando tu función y el único propósito que tienes aquí. Estas dos sesiones de práctica pueden ser más largas que las demás si te resultan útiles y deseas extenderlas.
7. La idea de hoy va mucho más allá de la mezquina opinión que el ego tiene de ti y de tu propósito. Como portador de la salvación que eres, esto es obviamente necesario. Éste es el primero de una serie de pasos gigantescos que vamos a dar durante las próximas semanas. Trata de empezar hoy a sentar las bases para estos avances. Tú eres la luz del mundo. Dios ha edificado Su plan para la salvación de Su Hijo sobre ti.
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Reflexión: La frase de hoy es más que todo un mantra de empoderamiento que no se reserva solamente a Jesús. Es una aseveración que se extiende a toda la filiación. Restringir esta verdad a una fracción de la misma no casa con la realidad y es jugar haciendo uso del especialismo para negar nuestra responsabilidad por miedo a reconocer lo que es verdad en nosotros. Repito que una parte del todo no puede ser mejor que el resto por razón de haber despertado antes del sueño. Desligarnos de ella y esperar que un hermano (al que llamamos el salvador) haga nuestro trabajo por nosotros es una postura muy cómoda que dilata nuestra adicción al sueño y no lleva a nada. No considerarse uno una luz en el mundo y justificarlo es la falsa humildad del ego en acción.
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miércoles, 21 de marzo de 2018

Lección 80 de Un Curso de Milagros

Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto

1. Si estás dispuesto a reconocer tus problemas, reconocerás que no tienes ninguno. Tu problema central se ha resuelto y no tienes ningún otro. Por lo tanto, debes sentirte en paz. La salvación, pues, depende de que reconozcas que ése es el único problema y de que entiendas que ya se ha resuelto. Un solo problema, una sola solución. La salvación se ha consumado. Se te ha liberado de todo conflicto. Acepta este hecho, y estarás listo para ocupar el puesto que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.
2. ¡Tu único problema ya se ha resuelto! Repite esto hoy para tus adentros una y otra vez a lo largo del día, con gratitud y convicción. Has reconocido tu único problema, dándole así paso al Espíritu Santo para que te dé la respuesta de Dios. Has dejado a un lado las decepciones y has visto la luz de la verdad. Has aceptado la salvación para ti mismo al llevar el problema a la solución. Y puedes reconocer la solución porque has identificado el problema.
3. Hoy tienes derecho a la paz. Un problema que ya se ha resuelto no te puede perturbar. Asegúrate únicamente de no olvidarte que todos los problemas son uno solo. Sus múltiples formas no te podrán engañar, mientras te acuerdes de esto. Un solo problema, una sola solución. Acepta la paz que te brinda esta sencilla afirmación.
4. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy reivindicaremos la paz que inevitablemente será nuestra una vez que el problema y la solución se hayan reconciliado. El problema tiene que haber desaparecido porque la respuesta de Dios no puede fallar. Al haber reconocido el problema has reconocido la solución. La solución es inherente al problema. Se te ha contestado, y tú has aceptado la respuesta. Te has salvado.
5. Permite ahora que se te dé la paz que tu aceptación te brinda. Cierra los ojos y recibe tu
recompensa. Reconoce que tus problemas se han resuelto. Reconoce que no tienes conflictos, y que estás libre y en paz. Sobre todo, recuerda que tienes un solo problema y que el problema tiene una sola solución. En esto reside la simplicidad de la salvación. Por eso es por lo que su eficacia está garantizada.
6. Afirma hoy con frecuencia que tus problemas ya se han resuelto. Repite la idea con absoluta convicción tan a menudo como sea posible. Y asegúrate en particular, de aplicar la idea de hoy a cualquier problema concreto que pueda surgir. Di de inmediato: Permítaseme reconocer que este problema ya se ha resuelto.
7. Propongámonos no acumular resentimientos hoy. Propongámonos estar libres de problemas que no existen. Para lograr esto sólo se requiere honestidad. No te engañes con respecto a cuál es el problema, y no podrás sino reconocer que se ha resuelto.

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Reflexión: "Permítaseme reconocer que mis problemas se han resuelto" es una invitación a la rendición de tu mente para alcanzar la paz de Dios. En el mundo, desde pequeños y luego en la vida diaria se nos enseña que rendirse es malo, de personas débiles, de cobardes; se dice que si queremos paz hay que prepararse para la guerra o que siempre hay que estar en guardia, competir contra los otros en el mercado laboral. Si tienes un descanso hay que aprovecharlo, sí, pero para volver luego con más fuerza, porque las personas que parecen estar en paz, que parecen conformarse con lo que tienen son unas flojas... Se admira a los emprendedores, a los guerreros y batalladores aunque sean unos infelices, como reflejan muy bien todas las películas de los héroes de Marvel.
Seguramente te habrás dado cuenta que siempre se vive con tensión, intranquilidad, culpa, un desasosiego de fondo que no te deja tranquilo. La lección de hoy no te pide que dejes de hacer lo que tienes que hacer, que dejes tus tareas y obligaciones y que te abandones a la desidia, no. Solamente te pide que no hagas un problema de ello y desconectes de los resultados sabiendo que no depende de ti cómo se te va a dar el día, con la tranquilidad que da tener la seguridad de que todo es como tiene que ser y que las cosas se resolverán de la mejor manera posible. Vivir consciente de este conocimiento, de que estás en un sueño y de que todos los problemas no son más que parte del sueño, te permite relajarte y hacer lo que tienes que hacer con más atención al detalle, con más calidad, más amorosamente... que si lo haces con fastidio, con prisas o esperando una recompensa.  

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martes, 20 de marzo de 2018

Lección 79 de Un Curso de Milagros

Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto

1. No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. Incluso si ya está resuelto, lo seguirás teniendo porque no reconocerás que ya se ha resuelto. Ésta es la situación del mundo. El problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema.
2. En este mundo cada cual parece tener sus propios problemas. Mas todos ellos son el mismo problema, y se tiene que reconocer que son el mismo si es que se ha de aceptar la única solución que los resuelve a todos. Ahora bien, ¿quién puede darse cuenta de que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa? Aun si se le proporcionara la respuesta, no podría ver su relevancia.
3. Ésta es la situación en la que te encuentras ahora. Dispones de la respuesta, pero todavía no estás seguro de cuál es el problema. Pareces enfrentarte a una larga serie de problemas, los cuales son todos diferentes entre sí, y cuando uno se resuelve, surge otro y luego otro. No parecen tener fin. En ningún momento te sientes completamente libre de problemas y en paz.
4. La tentación de considerar que los problemas son múltiples es la tentación de dejar el problema de la separación sin resolver. El mundo parece presentarte una multitud de problemas, y cada uno parece requerir una solución distinta. Esta percepción te coloca en una posición en la que tu manera de resolver problemas no puede sino ser inadecuada, haciendo así que el fracaso sea inevitable.
5. Nadie podría resolver todos los problemas que el mundo parece tener. Éstos parecen manifestarse en tantos niveles, en formas tan variadas y con contenidos tan diversos, que crees enfrentarte a una situación imposible. Tal como los percibes, el desaliento y la depresión son inevitables. Algunos surgen inesperadamente, justo cuando creías haber resuelto los anteriores. Otros permanecen sin resolver bajo una nube de negación, y emergen de vez en cuando para atormentarte, mas sólo para volver a quedar ocultos pero aún sin resolver.
6. Toda esta complejidad no es más que un intento desesperado de no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva. Si pudieses reconocer que, sea cual fuere la forma en que se manifieste, el único problema que tienes es el de la separación, aceptarías la respuesta, puesto que verías su relevancia. Si advirtieras el común denominador que subyace a todos los problemas a los que pareces enfrentarte, comprenderías que dispones de los medios para resolverlos todos. Y emplearías los medios porque habrías reconocido el problema.
7. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy preguntaremos cuál es el problema y cuál es su solución. No asumiremos que ya lo sabemos. Trataremos de liberar a nuestras mentes de las innumerables clases de problemas que creemos tener. Trataremos de darnos cuenta de que sólo tenemos un problema, el cual no hemos reconocido. Preguntaremos cuál es ese problema y esperaremos la respuesta. Ésta se nos dará. Luego preguntaremos cuál es su solución. Y ésta se nos dará también.
8. Los ejercicios de hoy serán fructíferos en la medida en que no insistas en querer definir el problema. Quizá no logres abandonar todas tus ideas preconcebidas, pero eso no es necesario. Lo único que es necesario es poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas. Estás tratando de darte cuenta de que al reconocer el problema se te da la respuesta, de manera que problema y respuesta puedan reconciliarse y tú puedas quedar en paz.
9. Las sesiones de práctica cortas de hoy no estarán regidas por el reloj, sino por la necesidad. Hoy verás muchos problemas, y cada uno de ellos parecerá requerir una solución distinta. Nuestros esfuerzos estarán encaminados al reconocimiento de que no hay más que un solo problema y una sola solución. Con este reconocimiento se resuelven todos los problemas. Con este reconocimiento arriba la paz.
10. No te dejes engañar hoy por la forma en que se manifiestan los problemas. Cada vez que parezca surgir alguna dificultad, di de inmediato: Permítaseme reconocer este problema para que pueda ser resuelto. Trata entonces de suspender todo juicio con respecto a lo que el problema es. A ser posible, cierra los ojos por un momento y pregunta cuál es el problema. Serás escuchado y se te responderá.

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Reflexión: Posiblemente has llegado a UCdM buscando alivio porque estás acuciado por algún tipo de problema o porque te pesa una gran inquietud en tu vida, una insatisfacción. En cualquier caso tanto si se trata de un motivo como otro, su origen es el mismo, la creencia en la separación de tu Fuente (o Dios) y el sentido de insuficiencia que ello te crea. El ego ha disfrazado muy bien la causa para que no la encuentres pues en ello va su supervivencia. El ego nació de la separación. Si la separación desaparece el ego también. La manera en que el ego se defiende de esta verdad tan simple es enrevesando tu vida con múltiples problemas, aparentemente todos diferentes, para distraerte de lo que esencialmente es la causa de todos ellos; así que la cosa está construida de manera que resolverás un problema y a continuación, si no antes, surgirán otros. En cuanto al sentido de insuficiencia, nunca será colmado con cosas externas a ti, lo que sólo podrás descubrir cuando te hayas agotado corriendo, persiguiendo y consiguiendo cosas sin ninguna satisfacción. 
La lección de hoy lo deja bien claro: tienes que reconocer que tu único problema es la creencia en dicha separación. Sin dicho reconocimiento quedas atrapado en la trampa del mundo eternamente. Aún así, el simple reconocimiento no basta pero es el principio base, fundamental, para poder empezar a escapar de esta prisión. Un enfermo no puede sanar de su mal si antes no lo reconoce, pero a ese conocimiento tiene que segirle la decisión de estar dispuesto a aplicar su tratamiento. Así que tu reconocimiento abre la puerta a tu principio de sanación y liberación.

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lunes, 19 de marzo de 2018

Las vidas en que Jesús y Buda se conocieron

Hoy quiero comentar brevemente este libro que me acompaña hace 4 meses y publicado por la editorial "Un Grano de Mostaza".

Cuando Gary Renard escribió "La desaparición del Universo" y después de sus otras dos obras, "Tu yo inmortal" y "El amor no ha olvidado a nadie" que a mi parecer distan mucho de ser tan buenas como la primera, parecía que la carrera de Gary como escritor empezaba a declinar y que ya había dicho todo lo que tenía que decir. Sin embargo, he de reconocer que con éste, su último libro, editado en septiembre de 2017, vuelve a sorprender para subir a nivel máximo. No quiero contar nada de su contenido para no restar interés pero su título ya lo dice todo. Quien sienta admiración por estos dos personajes históricos sin duda sentirá el gusanillo, pero hay que tener la mente abierta y leer sin prejuzgar para disfrutarlo. Sólo decir que me ha gustado y que lo recomiendo para todos aquellos estudiantes de UCdM y para aquellos otros que sin serlo, son atrevidos. 

¡Enhorabuena Gary!


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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...