martes, 9 de octubre de 2018

Lección 255 de Un Curso de Milagros

Elijo pasar este día en perfecta paz

1. No me parece que pueda elegir experimentar únicamente paz hoy. Sin embargo, mi Dios me asegura que Su Hijo es como Él. Que pueda hoy tener fe en Aquel que afirma que soy el Hijo de Dios. Y que la paz que hoy elijo experimentar dé fe de la verdad de Sus Palabras. El Hijo de Dios no puede sino estar libre de preocupaciones y morar eternamente en la paz del Cielo. En Nombre Suyo, consagro este día a encontrar lo que la Voluntad de mi Padre ha dispuesto para mí, a aceptarlo como propio y a concedérselo a todos Sus Hijos, incluido yo.
2. Así es como deseo pasar este día Contigo, Padre Mío. Tu Hijo no Te ha olvidado. La paz que le otorgaste sigue estando en su mente, y es ahí donde elijo pasar este día.

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Reflexión: Hemos dicho repetidas veces que nuestro poder reside en la capacidad de elegir, y también que la paz siempre está disponible, pues es lo que nosotros somos; pero podemos ignorar ambas cosas en favor de la identificación con el ego y sus exigencias. Ahora que eres consciente de ello, sólo tu deseo de no estar en paz es el único impedimento que te separa de la paz y de tu verdadera identidad como espíritu afín a Dios. El ejercicio de hoy te anima a buscar con fe la paz que eres.

¿Por qué prestarle atención a las continuas y dementes exigencias que crees que se te hacen, cuando puedes saber que la Voz que habla por Dios se encuentra en ti? Dios te encomendó Su Espíritu, y te pide que tú le encomiendes el tuyo. Su Voluntad dispone que éste permanezca en perfecta paz porque tú eres de una misma mente y de un mismo espíritu con Él. El último recurso desesperado del ego en defensa de su propia existencia es excluirte de la Expiación. Ello refleja a la vez la necesidad del ego de mantenerse separado, y el hecho de que tú estás dispuesto a ponerte de parte de la separación por la que él aboga. El hecho de que estés dispuesto a ello significa que no quieres sanar.
(T-5.VII.3)
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Lección 254 de Un Curso de Milagros

Que se acalle en mi toda Voz que no sea la de Dios

1. Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. No tengo otra oración que ésta: que me des la verdad. Y la verdad no es sino Tu Voluntad, que hoy quiero compartir Contigo.
2. Hoy no dejaremos que los pensamientos del ego dirijan nuestras palabras o acciones. Cuando se presenten, simplemente los observaremos con calma y luego los descartaremos. No deseamos las consecuencias que nos acarrearían. Por lo tanto, no elegimos conservarlos. Ahora se han acallado. Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios se comunica con nosotros y nos habla de nuestra voluntad, pues hemos decidido recordarle.
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Reflexión: Esta lección viene a ser, con otras palabras, una repetición de la nº 106. "Déjame aquietarme y escuchar la verdad". Insiste en la necesidad de acallar la voz estridente del ego, la cual se manifiesta en forma de pensamientos, para poder escuchar la Voz de Dios.

La voz del ego es siempre una alucinación pues responde a la irrealidad de tus pensamientos erróneos. Esa voz siempre está relacionada con la culpabilidad como emoción básica, pues es cuando nos sentimos culpables que nos vemos impelidos a expulsar la culpa afuera, respondiendo y actuando para defendernos, contraatacando si lo vemos necesario, o haciendo cualquier otra cosa que sirva para encubrir nuestro miedo. Es la falta de paz interior, de donde procede la voz del ego, lo que la diferencia de la Voz de Dios, pues cuando escuchamos a ésta última siempre nos sentimos reconfortados. ¿Qué puede reconfortar más que la verdad y saber que seguimos la Voluntad del Padre?

Nunca hay que luchar contra la voz del ego. ¡Resulta imposible acallarla usando la fuerza! Pero podemos observarla y no hacerle caso, y es con la continua observación, sin juicio, que ella misma se va apagando poco a poco.

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lunes, 8 de octubre de 2018

Lección 253 de Un Curso de Milagros

Mi Ser es amo y señor del universo

1. Es imposible que me pase algo sin yo mismo haberlo pedido. Aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino. Lo que sucede es lo que deseo. Lo que no ocurre es lo que no deseo que suceda. Tengo que aceptar esto. Pues de esta manera se me conduce más allá de este mundo a mis creaciones -las criaturas de mi voluntad-, las cuales moran en el Cielo junto con mi santo Ser y con Aquel que me creó.
2. Tú eres el Ser a Quien Tú creaste como el Hijo, el cual crea como Tú y es uno Contigo. Mi Ser, que es señor y amo del universo, no es sino la perfecta unión de Tu Voluntad con la mía, la cual no puede sino asentir gustosamente a la Tuya, de modo que pueda extenderse hasta Sí Misma.
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Reflexión: Volvemos de nuevo a tratar con un tema polémico porque es una de las afirmaciones más difíciles de creer del curso, el de la responsabilidad por todo lo que nos pasa. La mayoría, por no decir la totalidad de nosotros, respondemos a ella con incredulidad al principio y luego durante largo tiempo, pues presentamos una alta resistencia a creer que nos pasen ciertas cosas desagradables y dolorosas porque nosotros así lo hayamos elegido. Todo nuestro sistema de creencias está construido sobre la idea contraria, de que no siempre somos responsables de lo que nos ocurre. Ahora, el curso viene a negarlo rotundamente. Ya he escrito en otras entradas sobre este tema así que voy a evitar repetirme, pero dejo algunos enlaces al final de este post para quien quiera relerlo. Para el ejercicio de hoy recomiendo la siguiente lectura, haciéndola bien despacio y minuciosa, perteneciente al capítulo 21 del libro de texto:

II. Somos responsables de lo que vemos.
1. Hemos repetido cuán poco se te pide para que aprendas este curso. Es la misma pequeña dosis de buena voluntad que necesitas para que toda tu relación se transforme en dicha; el pequeño regalo que le ofreces al Espíritu Santo a cambio del cual Él te da todo; lo poco sobre lo que se basa la salvación; el pequeño cambio de mentalidad por el que la crucifixión se transforma en resurrección. Y puesto que es cierto, es tan simple que es imposible que no se entienda perfectamente. Puede ser rechazado, pero no es ambiguo. Y si decides oponerte a ello, no es porque sea incomprensible, sino más bien porque ese pequeño costo parece ser, a tu juicio, un precio demasiado alto para pagar por la paz.
2. Esto es lo único que tienes que hacer para que se te conceda la visión, la felicidad, la liberación del dolor y el escape del pecado. Di únicamente esto, pero dilo de todo corazón y sin reservas, pues en ello radica el poder de la salvación: Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí. No te engañes por más tiempo pensando que eres impotente ante lo que se te hace. Reconoce únicamente que estabas equivocado, y todos los efectos de tus errores desaparecerán.
3. Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. Es imposible que él mismo no haya elegido las cosas que le suceden. Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia. Y ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó, fuera del cual no existe nada. Si sufres es porque decidiste que tu meta era el pecado. Si eres feliz, es porque pusiste tu poder de decisión en manos de Aquel que no puede sino decidir a favor de Dios por ti. Éste es el pequeño regalo que le ofreces al Espíritu Santo, y hasta esto Él te da para que te lo des a ti mismo. Pues mediante este regalo se te concede el poder de liberar a tu salvador para que él a su vez te pueda dar la salvación a ti.
4. No resientas tener que dar esta pequeña ofrenda, pues si no la das seguirás viendo el mundo tal como lo ves ahora. Mas si la das, todo lo que ves desaparecerá junto con él. Nunca se dio tanto a cambio de tan poco. Este intercambio se efectúa y se conserva en el instante santo. Ahí, el mundo que no deseas se lleva ante el que sí deseas. Y el mundo que sí deseas se te concede, puesto que lo deseas. Mas para que esto tenga lugar, debes primero reconocer el poder de tu deseo. Tienes que aceptar su fuerza, no su debilidad. Tienes que percibir que lo que es tan poderoso como para construir todo un mundo puede también abandonarlo, y puede asimismo aceptar corrección si está dispuesto a reconocer que estaba equivocado.
5. El mundo que ves no es sino el testigo fútil de que tenías razón. Es un testigo demente. Tú le enseñaste cuál tenía que ser su testimonio, y cuando te lo repitió, lo escuchaste y te convenciste a ti mismo de que lo que decía haber visto era verdad. Has sido tú quien se ha causado todo esto a sí mismo. Sólo con que comprendieses esto, comprenderías también cuán circular es el razonamiento en que se basa tu "visión". Eso no fue algo que se te dio. Ése fue el regalo que tú te hiciste a ti mismo y que le hiciste a tu hermano. Accede, entonces, a que se le quite y a que sea reemplazado por la verdad. Y a medida que observes el cambio que tiene lugar en él, se te concederá poder verlo en ti mismo.
6. Tal vez no veas la necesidad de hacer esta pequeña ofrenda. Si ése es el caso, examina más detenidamente lo que dicha ofrenda representa. Y no veas en ella otra cosa que el absoluto intercambio de la separación por la salvación. El ego no es más que la idea de que es posible que al Hijo de Dios le puedan suceder cosas en contra de su voluntad, y, por ende, en contra de la Voluntad de su Creador, la cual no puede estar separada de la suya. Con esta idea fue con lo que el Hijo de Dios reemplazó su voluntad, en rebelión demente contra lo que no puede sino ser eterno. Dicha idea es la declaración de que él puede privar a Dios de Su poder y quedarse con él para sí mismo, privándose de este modo de lo que Dios dispuso para él. Y es esta descabellada idea la que has entronado en tus altares y a la que rindes culto. Y todo lo que supone una amenaza para ella parece atacar tu fe, pues en ella es donde la has depositado. No pienses que te falta fe, pues tu creencia y confianza en dicha idea son ciertamente firmes.
7. El Espíritu Santo puede hacer que tengas fe en la santidad, y darte visión para que la puedas ver fácilmente. Mas no has dejado libre y despejado el altar donde a estos dones les corresponde estar. Y donde ellos debieran estar, has colocado tus ídolos, los cuales has consagrado a otra cosa. A esa otra "voluntad" que parece decirte lo que ha de ocurrir, le confieres realidad. Por lo tanto, aquello que te demostraría lo contrario no puede por menos que parecerte irreal. Lo único que se te pide es que le hagas sitio a la verdad. No se te pide que inventes o que hagas lo que está más allá de tu entendimiento. Lo único que se te pide es que dejes entrar a la verdad, que ceses de interferir en lo que ha de acontecer de por sí y que reconozcas nuevamente la presencia de lo que creíste haber desechado.
8. Accede, aunque sólo sea por un instante, a dejar tus altares libres de lo que habías depositado en ellos, y no podrás sino ver lo que realmente se encuentra allí. El instante santo no es un instante de creación, sino de reconocimiento. Pues el reconocimiento procede de la visión y de la suspensión de todo juicio. Sólo entonces es posible mirar dentro de uno mismo y ver lo que no puede sino estar allí, claramente a la vista y completamente independiente de cualquier inferencia o juicio. Deshacer no es tu función, pero sí depende de ti el que le des la bienvenida o no. La fe y el deseo van de la mano, pues todo el mundo cree en lo que desea.
9. Ya hemos dicho que hacerse ilusiones es la manera en que el ego lidia con lo que desea para tratar de convertirlo en realidad. No hay mejor demostración del poder del deseo, y, por ende, de la fe, para hacer que sus objetivos parezcan reales y posibles. La fe en lo irreal conduce a que se tengan que hacer ajustes en la realidad para que se amolde al objetivo de la locura. El objetivo del pecado induce a la percepción de un mundo temible para justificar su propósito. Verás aquello que desees ver. Y si la realidad de lo que ves es falsa, lo defenderás no dándote cuenta de todos los ajustes que has tenido que hacer para que ello sea como lo ves.
10. Cuando se niega la visión, la confusión entre causa y efecto es inevitable. El propósito ahora es mantener la causa oculta del efecto y hacer que el efecto parezca ser la causa. Esta aparente autonomía del efecto permite que se le considere algo independiente, y capaz de ser la causa de los sucesos y sentimientos que su hacedor cree que el efecto suscita. Anteriormente hablamos de tu deseo de crear a tu propio creador, y de ser el padre y no el hijo de él. Éste es el mismo deseo. El Hijo es el efecto que quiere negar a su Causa. Y así, él parece ser la causa y producir efectos reales. Pero lo cierto es que no puede haber efectos sin causa, y confundir ambas cosas es simplemente no entender ninguna de las dos.
11. Es tan esencial que reconozcas que tú has fabricado el mundo que ves, como que reconozcas que tú no te creaste a ti mismo. Pues se trata del mismo error. Nada que tu Creador no haya creado puede ejercer influencia alguna sobre ti. Y si crees que lo que hiciste puede dictarte lo que debes ver y sentir, y tienes fe en que puede hacerlo, estás negando a tu Creador y creyendo que tú te hiciste a ti mismo. Pues si crees que el mundo que construiste tiene el poder de hacer de ti lo que se le antoje, estás confundiendo Padre e Hijo, Fuente y efecto.
12. Las creaciones del Hijo son semejantes a las de su Padre. Mas al crearlas, el Hijo no se engaña a sí mismo pensando que él es independiente de su Fuente. Su unión con Ella es la Fuente de su capacidad para crear. Aparte de esto no tiene poder para crear, y lo que hace no significa nada, no altera nada en la creación, depende enteramente de la locura de su hacedor y ni siquiera podría servir para justificarla. Tu hermano cree que él fabricó el mundo junto contigo. De este modo, niega la creación, y cree, al igual que tú, que el mundo que fabricó lo engendró a él. De este modo, niega haberlo fabricado.
13. Mas la verdad es que tanto tú como él fuisteis creados por un Padre amoroso, que os creó juntos y como uno solo. Ve lo que "prueba" lo contrario, y estarás negando toda tu realidad. Reconoce en cambio que fuiste tú quien fabricó todo lo que aparentemente se interpone entre tú y tu hermano y os mantiene separados al uno del otro, y a los dos de vuestro Padre, y tu instante de liberación habrá llegado. Todos los efectos de eso que hiciste desaparecerán porque su fuente se habrá puesto al descubierto. La aparente autonomía de su fuente es lo que te mantiene prisionero. Ése es el mismo error que pensar que eres independiente de la Fuente mediante la cual fuiste creado, y que nunca has abandonado.

Los enlaces prometidos son: Lección 152 y el post Perdonar a dios. Hay alguno más pero ésto es más que suficiente. 
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Lección 252 de Un Curso de Milagros

El Hijo de Dios es mi Identidad

1. La santidad de mi Ser transciende todos los pensamientos de santidad que pueda concebir ahora. Su refulgente y perfecta pureza es mucho más brillante que cualquier luz que jamás haya contemplado. Su amor es ilimitado, y su intensidad es tal que abarca dentro de sí todas las cosas en la calma de una queda certeza. Su fortaleza no procede de los ardientes impulsos que hacen girar al mundo, sino del Amor ilimitado de Dios Mismo. ¡Cuán alejado de este mundo debe estar mi Ser! Y, sin embargo, ¡Cuán cerca de mí y de Dios!
2. Padre, Tú conoces mi verdadera Identidad. Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo, para que pueda despertar a la verdad en Ti, y saber que se me ha restituido el Cielo.

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Reflexión: La santidad o la cualidad de Ser es algo que va más allá de este mundo. Como dice la lección "trasciende todos los pensamientos" que podamos tener acerca de ella, así que, o se experimenta o no se sabrá de que estamos hablando. Toda las palabras que la describen en la lección no son más que un recurso poético que apenas se le acerca (refulgente, pureza, ilimitado...), ensalzándola y comparando, por contraste, su belleza con lo mundano (¡cuán alejado y cuan cerca a la vez!). Esta lectura introductoria nos ayuda a conectarnos con lo sublime en nosotros, así que nos aquietamos y en silencio pedimos que se nos revele lo que nuestros pensamientos nunca nos podrán revelar, hasta quedar sumergidos en nuestra verdadera identidad.

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domingo, 7 de octubre de 2018

Lección 251 de Un Curso de Milagros

No necesito nada más que la verdad

1. Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo. Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito. Jamás necesité nada de lo que antes buscaba, y ni siquiera lo quería. No reconocía mi única necesidad. Pero ahora veo que solamente necesito la verdad. Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin. Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar. Ahora dispongo de todo cuanto podría querer. Y ahora, por fin, me encuentro en paz.
2. Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.
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Reflexión: Todos los problemas que creemos padecer proceden de una primera creencia (la separación o el error fundamental) que nos llevó a vivir permanentemente en el engaño. Esos problemas fueron plasmados en todo un orden de necesidades que son tratados de solucionar por separado, sin saber que todos tienen el mismo origen. Por eso miras la historia del hombre y compruebas que siempre se repite, si bien con distintos personajes y en diferentes contextos, pero los problemas son siempre los mismos. Nunca quedan solucionados del todo porque si lo fueran ya hubieran desaparecido completamente junto con el mundo, pero vuelven a aparecer una y otra vez.

Sólo la verdad corrige porque unifica el orden de necesidades que creemos tener surgidas a raíz del engaño, diluyendo directamente su causa. Pero la verdad absoluta no se puede alcanzar, digamos, de un salto, pasando por encima de toda la mentira que hay por medio. Hay que limpiar el camino intermedio (los llamados niveles de abajo a arriba). No se puede dejar ninguna mentira parcial atrás. Imagina que tienes que barrer una escalera mientras subes. Si dejas un peldaño sucio atrás la escalera no queda perfectamente limpia. Eso es por lo que aunque yo diga aquí la verdad, que es que el error fundamental es la separación de Dios, y tú lo comprendas perfectamente a nivel intelectualmente, eso no es suficiente para arreglar tus necesidades pues tienes que comprenderlo también en el nivel espacio-tiempo, esto es, en el nivel práctico o de la experiencia hasta integrarlo.

Este mundo es un mundo basado en el engaño y el miedo, y su único propósito razonable es escapar de él. Las necesidades están basadas en esas dos creencias, pero la única necesidad real es la de la verdad, la cual deshace las dos creencias anteriores. Así que en la medida en que ambas creencias son sometidas a prueba (sometiendo a prueba tus necesidades) éstas se van cayendo y la verdad va asomando por si misma, pues siempre ha estado ahí. Los milagros se puede equiparar entonces al efecto de subir un peldaño tras otro por la escalera hacia la verdad (el despertar), y el amor como la fuerza impulsora.

1. Tú que quieres la paz sólo la puedes encontrar perdonando completamente. Nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que tú has fabricado es muy evidente. De hecho, ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que crees que estarías mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de la "separación", que es lo que significa la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particular de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres.
2. La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto.
3. La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias.
4. El verdadero propósito de este mundo es usarlo para corregir tu incredulidad. Nunca podrás controlar por ti mismo los efectos del miedo porque el miedo es tu propia invención, y no puedes sino creer en lo que has inventado. En actitud, pues, aunque no en contenido, eres como tu Creador, Quien tiene perfecta fe en Sus creaciones porque Él las creó. Creer en algo produce la aceptación de su existencia. Por eso puedes creer lo que nadie más piensa que es verdad. Para ti es verdad porque tú lo fabricaste.
5. Todos los aspectos del miedo son falsos porque no existen en el nivel creativo y, por lo tanto, no existen en absoluto. En la medida en que estés dispuesto a someter tus creencias a esta prueba, en esa misma medida quedarán corregidas tus percepciones. En el proceso de separar lo falso de lo verdadero, el milagro procede de acuerdo con lo siguiente: El amor perfecto expulsa el miedo. Si hay miedo, es que no hay amor perfecto. Más: Sólo el amor perfecto existe. Si hay miedo, éste produce un estado que no existe. Cree esto y serás libre. Sólo Dios puede establecer esta solución y esta fe es Su don.
(T-1.VI.1:5)
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viernes, 5 de octubre de 2018

Lección 250 de Un Curso de Milagros

Que no vea ninguna limitación en mi

1. Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía.
2. Él es Tu Hijo, Padre Mío. Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones. Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.

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Reflexión: En lecciones anteriores se dijo que ves lo que quieres ver, aunque se trata de una decisión que tomamos sin darnos cuenta. Pero ahora, como estudiantes del curso eso ha cambiado ya que sabemos que el poder de decidir reside en saber que puedes hacerlo (en la visión), pues puedes decidir lo que quieres ver, y puedes hacerlo decidiéndote por la única alternativa válida a pesar de que parezca que existen dos. Éstas son: entre lo que es verdad o lo que es ilusión; entre lo que es eterno o lo que es perecedero; entre el espíritu inmortal y la santidad o el pecado y el cuerpo mortal. Cuando eliges ver lo que es ilusorio, cambiante, pecaminoso y/o mortal, estás eligiendo desde tu ego, identificado con tu cuerpo, la alternativa que no es válidalo que es falso, por lo que no estás eligiendo nada en absoluto. Y cuando decides ver lo que es verdad, lo eterno, la santidad y lo inmortal, estás eligiendo la única alternativa que sí que es válida.

Saber que ves lo que quieres ver no sólo te permite elegir sino que también te permite saber cómo te estás considerando a ti mismo al examinar cómo ves a tu hermano. Siempre se cumple la ley "dar es lo mismo que recibir" porque como lo veas a él te verás a ti mismo. Pregúntante entonces cómo le ves. ¿Le estás imponiendo límites?. Si lo ves limitado a un cuerpo estás perdiendo tu día y tú mismo no estás yendo a ninguna parte. Alégrate de poder elegir de nuevo y poder cambiar tu visión de él. Eso es lo que se te pide hoy para poderte ver tú también sin limitación alguna. 

Lo poco que el cuerpo mantiene cercado se convierte en el yo; el cual se conserva mediante el sacrificio de todo lo demás. Y todo lo demás no puede sino perder esta pequeña parte y permanecer incompleto a fin de mantener intacta su propia identidad. En esta percepción de ti mismo la pérdida del cuerpo sería ciertamente un sacrificio. Pues ver cuerpos se convierte en la señal de que el sacrificio es limitado y de que aún queda algo que es exclusivamente para ti. Y para que esa ínfima parte te pertenezca, se demarcan límites en todo lo que es externo a ti, así como en lo que crees que es tuyo. Pues dar es lo mismo que recibir. Y aceptar las limitaciones de un cuerpo es imponer esas mismas limitaciones a cada hermano que ves. Pues sólo puedes ver a tu hermano como te ves a ti mismo.

(T-26.I.3)

Aquellos que quieren liberar a sus hermanos del cuerpo no tienen miedo. Pues han renunciado a los medios del pecado al elegir que se eliminen todas sus limitaciones. Puesto que desean ver a sus hermanos bajo el manto de la santidad, el poder de su creencia y de su fe ve más allá del cuerpo, facilitando la visión, no obstruyéndola. Pero antes de eso decidieron reconocer lo mucho que su fe había limitado su entendimiento del mundo, y desearon depositarla en otro lugar en caso de que se les ofreciese otro punto de vista. Los milagros que siguen a esta decisión nacen también de la fe. Pues a todos aquellos que eligen apartar su mirada del pecado se les concede la visión y se les conduce a la santidad.
(T-21.III.8)

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miércoles, 3 de octubre de 2018

Lección 246 de Un Curso de Milagros

Amar a mi Padre es amar a Su Hijo

1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.
2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre Mío. Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Voluntad. Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. Amén.
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Reflexión: 

"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas." 
Mateo 22:36-40

El camino hacia Dios parte de ti y pasa por tu Hermano inevitablemente. No puedes amar a Dios, odiarte tú y odiar a tu hermano porque ambos sois la misma creación de Dios. Y aunque creas que tú puedes amarte a ti mismo pero no amar a uno sólo de tus hermanos, tu amor por ti mismo no será amor, será egoísmo; y eso porque aún existe una base de miedo de dimensiones desconocidas oculta dentro de ti. Entonces es necesario desenterrarla observando lo que sientes y poniéndote bajo la guía del Espíritu Santo para que Él la deshaga.


Tal vez te preguntes por qué es tan crucial que observes tu odio y te des cuenta de su magnitud. Puede que también pienses que al Espíritu Santo le sería muy fácil mostrártelo y desvanecerlo sin que tú tuvieses necesidad de traerlo a la conciencia. Hay, no obstante, un obstáculo adicional que has interpuesto entre la Expiación y tú. Hemos dicho que nadie toleraría el miedo si lo reconociese. Pero en tu trastornado estado mental no le tienes miedo al miedo. No te gusta, pero tu deseo de atacar no es lo que realmente te asusta. Tu hostilidad no te perturba seriamente. La mantienes oculta porque tienes aún más miedo de lo que encubre. Podrías examinar incluso la piedra angular más tenebrosa del ego sin miedo si no creyeses que, sin el ego, encontrarías dentro de ti algo de lo que todavía tienes más miedo. No es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo. Lo que verdaderamente te aterra es la redención.
(T-13.III.1)

Lo que la Voluntad de Dios dispone es que ames al Hijo en su totalidad, pero esa Voluntad empieza por reconocerte tú como Su Hijo sabiendo que tu voluntad es la misma que la del Padre. Por eso no aceptes ser otra cosa. En esto no cabe excepciones.

Tú eres la Voluntad de Dios. No aceptes nada más como tu voluntad, pues, de lo contrario, estarás negando lo que eres. Niega lo que eres y atacarás, al creer que has sido atacado. Mas ve el Amor de Dios en ti y lo verás en todas partes porque está en todas partes. Ve Su abundancia en todos y sabrás que estás en Él junto con todos tus hermanos. Ellos forman parte de ti, tal como tú formas parte de Dios. Cuando no entiendes esto, te sientes tan solo como se siente Dios Mismo cuando Sus Hijos no lo conocen. La paz de Dios radica en entender esto. Sólo hay una manera de escaparse del pensamiento del mundo, del mismo modo en que sólo hubo una manera de adentrarse en él: entendiendo totalmente al entender la totalidad.
(T-7.VII.7)

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...