jueves, 18 de octubre de 2018

Lección 262 de Un Curso de Milagros

No dejes que hoy perciba diferencias

1. Padre, tienes un solo Hijo. Y es a él a quien hoy deseo contemplar. Él es Tu única creación. ¿Por qué habría de percibir miles de formas en lo que sigue siendo uno solo? ¿Por qué habría de darle miles de nombres, cuando con uno solo basta? Pues Tu Hijo tiene que llevar Tu Nombre, ya que Tú lo creaste. No permitas que lo vea como algo ajeno a su Padre o a mí. Pues él es parte de mí, así como yo de él, y ambos somos parte de Ti que eres nuestra Fuente. Estamos eternamente unidos en Tu Amor y somos eternamente el santo Hijo de Dios.
2. Nosotros que somos uno, queremos reconocer en este día la verdad acerca de nosotros mismos. Queremos regresar a nuestro hogar y descansar en la unidad. Pues allí reside la paz, la cual no se puede buscar ni hallar en ninguna otra parte.

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Reflexión: El ejercicio de hoy vuelve a tocar el tema del cuerpo de igual modo que lo hizo el ejercicio anterior, aludiendo a él de manera indirecta. Es, en definitiva, un recurso para trascenderlo (centrándonos así en lo que es y no en lo que no es), y una invitación a la curación de nuestra mente, la cual no consiste en dejar de ver cuerpos cerrando los ojos o desviando la mirada hacia otro lado cada vez que te encuentras con alguien cara a cara o con gente por la calle; no. A Cristo se le ve con la visión del entendimiento (Se le ve en la luz, diría el curso), con la visión de la mente recta. Observas al otro y sí, tu sentido visual te muestra un cuerpo, pero tu ya sabes que es sólo una apariencia. El Ser en ti no se deja confundir porque estando presente, es consciente de que ahí no hay nadie más, de que te estás observando a ti mismo. 

1. El Cristo en ti no habita en un cuerpo. Sin embargo, está en ti. De ello se deduce, por lo tanto, que no estás dentro de un cuerpo. Lo que se encuentra dentro de ti no puede estar afuera. Y es cierto que no puedes estar aparte de lo que constituye el centro mismo de tu vida. Lo que te da vida no puede estar alojado en la muerte, de la misma manera en que tú tampoco puedes estarlo. Cristo se encuentra dentro de un marco de santidad cuyo único propósito es permitir que Él se pueda poner de manifiesto ante aquellos que no le conocen y así llamarlos a que vengan a Él y lo vean allí donde antes creían estaban sus cuerpos. Sus cuerpos entonces desaparecerán, de modo que Su santidad pase a ser su marco.
2. Nadie que lleve a Cristo dentro de sí puede dejar de reconocerlo en ninguna parte. Excepto en cuerpos. Pero mientras alguien crea estar en un cuerpo, Cristo no podrá estar donde él cree estar. Y así, lo llevará consigo sin darse cuenta, pero no lo pondrá de manifiesto. Y de este modo no reconocerá dónde se encuentra. El hijo del hombre no es el Cristo resucitado. El Hijo de Dios, no obstante, mora exactamente donde el hijo del hombre está, y camina con él dentro de su santidad, la cual es tan fácil de ver como lo es la manifestación de su deseo de ser especial en su cuerpo.
3. El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma. Y aquí es donde Cristo suministra el remedio. Su propósito envuelve al cuerpo en Su luz y lo llena con la santidad que irradia desde Él. Y nada que el cuerpo diga o haga deja de ponerlo a Él de manifiesto. De este modo, el cuerpo lleva a Cristo, dulce y amorosamente, ante aquellos que no lo conocen, para así sanar sus mentes. Tal es la misión que tu hermano tiene con respecto a ti. Y tu misión con respecto a él no puede sino ser la misma.
(T-25.Introducción)

Y esta es otra lectura dentro del mismo capítulo que también recomiendo para acompañar el ejercicio de hoy:

4. (...) No confundas la forma con el contenido, pues la forma no es más que un medio para el contenido. Y el marco no es sino un medio para sostener el cuadro de manera que éste se pueda ver. Pero el marco que oculta al cuadro no sirve para nada. No puede ser un marco si eso es lo que ves. Sin el cuadro, el marco no tiene sentido, pues el propósito de éste es realzar el cuadro, no a sí mismo.
5. ¿Quién colgaría un marco vacío en la pared y se pararía delante de él contemplándolo con la más profunda reverencia, como si de una obra maestra se tratase? Mas si ves a tu hermano como un cuerpo, eso es lo que estás haciendo. La obra maestra que Dios ha situado dentro de este marco es lo único que se puede ver. El cuerpo la contiene por un tiempo, pero no la empaña en absoluto. Mas lo que Dios ha creado no necesita marco, pues lo que Él ha creado, Él lo apoya y lo enmarca dentro de Sí Mismo. Él te ofrece Su obra maestra para que la veas. ¿Preferirías ver el marco en su lugar y no ver el cuadro?
6. El Espíritu Santo es el marco que Dios ha puesto alrededor de aquella parte de Él que tú quisieras ver como algo separado. Ese marco, no obstante, está unido a su Creador y es uno con Él y con Su obra maestra. Ése es su propósito, y tú no puedes convertir el marco en el cuadro sólo porque elijas ver el marco en su lugar. El marco que Dios le ha proporcionado apoya únicamente Su propósito, no el tuyo separado del Suyo. Es ese otro propósito que tienes lo que empaña el cuadro, y lo que, en lugar de éste, tiene al marco en gran estima. Mas Dios ha ubicado Su obra maestra en un marco que durará para siempre, después de que el tuyo se haya desmoronado y convertido en polvo. No creas, no obstante, que el cuadro será destruido en modo alguno. Lo que Dios crea está a salvo de toda corrupción y permanece inmutable y perfecto en la eternidad.
7. Acepta el marco de Dios en vez del tuyo y verás la obra maestra. Contempla su belleza, y entiende la Mente que la concibió, no en carne y hueso, sino en un marco tan bello como Ella Misma. Su santidad ilumina la impecabilidad que el marco de las tinieblas oculta, y arroja un velo de luz sobre la faz del cuadro que no hace sino reflejar la luz que desde ella se irradia hacia su Creador. No creas que por haberla visto en un marco de muerte esta faz estuvo jamás nublada. Dios la mantuvo a salvo para que pudieses contemplarla y ver la santidad que Él le otorgó.
(T-25.II.4:7)
Recuerda que siempre verás lo que quieras ver. Es una ley inexorable. Y lo que veas dará testimonio de ti mismo.
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martes, 16 de octubre de 2018

Lección 261 de Un Curso de Milagros

Dios es mi refugio y seguridad

1. Me identificaré con lo que creo es mi refugio y mi seguridad. Me veré a mí mismo allí donde percibo mi fuerza y pensaré que vivo dentro de la ciudadela en la que estoy a salvo y en la que no puedo ser atacado. No dejes que hoy busque seguridad en el peligro ni que trate de hallar mi paz en ataques asesinos. Vivo en Dios. En Él encuentro mi refugio y mi fortaleza. En Él radica mi Identidad. En Él reside la paz eterna. Y sólo allí recordaré Quién soy realmente.
2. No dejes que vaya en pos de ídolos, Padre mío, pues lo que deseo es estar Contigo en casa. Elijo ser tal como Tú me creaste y encontrar al Hijo que Tú creaste como mi Ser.

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Reflexión: La lección de hoy hace una alusión al cuerpo de manera furtiva, evitando nombrarlo en ningún momento. ¿Por qué habría de hacerlo si, como afirma el curso, el cuerpo no existe? Tiene su lógica no hablar de lo inexistente, pues lo que no existe es solamente un símbolo. ¿Y para qué sirve un símbolo? Como instrumento temporal mientras cumple su propósito, nada más.

Lo que te da a entender la lección de hoy es que la identificación con el cuerpo no constituye ningún refugio seguro porque siempre está expuesto al cambio, al peligro, a los ataques y a su desaparición. 

¿Qué sentido tiene buscar refugio en lo que se construyó precisamente para fomentar el peligro y el miedo? ¿Por qué recargarlo con más cerraduras, cadenas o pesadas anclas, cuando su debilidad no reside en ello mismo, sino en la fragilidad de la brecha insubstancial sobre la que se erige? ¿Qué seguridad te puede ofrecer algo que descansa sobre una sombra? ¿Edificarías tu casa sobre algo que pudiera derrumbarse con el peso de una pluma?
(T-28.VII.6)

Con el instante santo pasas de identificarte con el cuerpo a identificarte con tu Ser. 

Es posible porque tú lo deseas. En la súbita expansión de conciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresistible atractivo del instante santo. Te exhorta a que seas tú mismo, en la seguridad de su abrazo. Ahí se te libera de todas las leyes de la limitación y se te da la bienvenida a la mentalidad receptiva y a la libertad. Ven a este lugar de refugio, donde puedes ser tú mismo en paz. No mediante la destrucción ni mediante un escape, sino simplemente mediante una serena fusión. Pues la paz se unirá a ti allí sencillamente porque has estado dispuesto a abandonar los límites que le habías impuesto al amor, y porque te uniste a él allí donde mora y adonde te condujo, en respuesta a su dulce llamada a que estés en paz.
(T-18.VI.14)

Y con la visión de "los demás" como quienes son en realidad, tus hermanos en Cristo, refuerzas tu identificación como Hijo de Dios. 

Tu hogar está edificado sobre la salud de tu hermano, sobre su felicidad e impecabilidad, así como sobre todo lo que su Padre le prometió. Ningún pacto secreto que hayas hecho en lugar de eso ha estremecido en lo más mínimo los Cimientos de este hogar. El viento podrá soplar sobre él y la lluvia azotarlo, pero sin consecuencia alguna. El mundo será arrastrado, pero este hogar permanecerá en pie para siempre, pues su fuerza no reside sólo en él. Es un arca de seguridad, que descansa sobre la promesa que Dios le hizo a Su Hijo de que él siempre moraría a salvo en Él. ¿Qué brecha podría interponerse entre la seguridad de este refugio y su Fuente? Desde aquí se puede ver al cuerpo como lo que es, sin atribuirle más o menos valor del que tiene como medio para liberar al Hijo de Dios a fin de que pueda regresar a su hogar. Y con este santo propósito se convierte por un tiempo en un hogar de santidad, ya que comparte la Voluntad de tu Padre contigo.
(T-28.VII.7)

El instante santo y la visión santa de tu hermano se dan la mano para ofrecerte el refugio y la seguridad que Dios nunca te ha quitado y ha guardado a salvo para ti desde el origen del tiempo.

La lección de hoy tiene su equivalente en la parábola del hombre que construyó su casa sobre la roca. Si gustas, te invito a que veas el vídeo de Valivan en el siguiente enlace mientras meditas todo este contenido: 


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domingo, 14 de octubre de 2018

La Pesca Milagrosa

Este post lo he asociado al ejercicio 260 de UCdM el cual habla de Dios como nuestra Fuente. También creo que resumen el propósito de toda la segunda parte de los ejercicios, que empezaron con la lección 221. La pregunta clave aquí es: "¿Cómo llegamos a la Fuente?". Voy a servirme del siguiente pasaje de los evangelios para explicar lo que quiero, dándole una interpretación que quizás nadie haya hecho con anterioridad.

La pesca milagrosa

Lucas 5:1-11

 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios.
Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes.
Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.
Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él,
10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

Cuando se quiere pescar con cierta garantía se suele emplear como herramienta una red para capturar la mayor cantidad de peces que dispersos pululan por aquí y por allá, a veces en grupo, pero otras veces yendo en muchas direcciones. Hazte a la idea de que esos peces son tus propios pensamientos. Así que lanzamos la red para atrapar peces (pensamientos) y luego tiramos de ella para recogerlos reduciendo su espacio vital hasta que quedan atrapados en una sola bolsa compacta, un paquete que vamos izando poco a poco, el cual es como un pensamiento único más grande, el pensamiento de Dios. Con este símil quiero que pases a imaginar que pasamos de ser pecadores a pescadores.

El sueño del mundo y el ego (luego fragmentado en infinidad de egos) provienen de los pensamientos del Hijo de Dios los cuales nacieron con el Big Bang para multiplicarse y extenderse en un desorden cada vez mayor. De hecho la ciencia ha confirmado que el universo sigue expandiéndose. Los ejercicios de UCdM que estamos haciendo pretenden invertir ese proceso de expansión y caos el cual ocurre a escala cósmica, para volverlo uno de contracción y puesta en orden a escala individual. Por eso Dios, directa o indirectamente como pensamiento único, es siempre el objeto de nuestra práctica. Aunque el pensamiento de Dios no es Dios, no sólo apunta a Él, también simplifica, disciplina y unifica nuestro pensamiento el cual, puesto en manos del Espíritu Santo (E.S.), deja de ser poco a poco desordenado y escabroso (erróneo) para convertirse en pensamiento recto conforme avanzamos en la práctica de los ejercicios. Cuando lo hallamos conseguido, Dios dará finalmente el último paso. 

En la lectura del evangelio, el Cristo en nosotros habla a través del E.S., que es quien dirige el trabajo de la pesca diciendo dónde y cuando hay que echar las redes. Por otro lado, Simón Pedro, primero con su incredulidad y luego con su temor, representa al ego. Así que Jesús sube a una de esas barcas donde estaba Simón Pedro, acto que simboliza el bautizo o dar la bienvenida al Espíritu Santo en nosotros. Simón Pedro es cualquiera de nosotros como persona, y está preocupado porque quiere ganarse la vida. Ha tenido poca fortuna en los intentos de pesca anteriores y en su desesperación recurre a Jesús pidiéndole consejo: "En tu palabra echaré la red". Luego que ocurre el milagro, incrédulo y temeroso se arroja a los pies de Jesús porque se siente cuestionado bajo la mirada de todos los demás pescadores. Simón Pedro no se lo termina de creer y le dice a Jesús: "Apártate de mí porque soy un pecador". Es como si dijera: "Me has ridiculizado a la vista de todos los demás. Mejor piérdete y sal de mi vida". Así es nuestro ego, el cual presentará mucha resistencia en el proceso de realizar los ejercicios del curso, pues se sentirá cuestionado y amenazado en cuanto su pensamiento vaya perdiendo fuerza y ámbito de acción. El remate es la contestación de Jesús quien se dirige realmente a la parte de nuestra mente tomadora de decisiones; dice: "No temas". Es el E.S. que nos viene a decir: "deja el temor a un lado, deja el pensamiento de pecado atrás pues no eres ni un pecador ni un ego. Sígueme a mí para hacerte pescador de pensamientos". El E.S. sabe lo que hace, Él nos guía y nos conducirá finalmente a casa.

Ocurre un milagro, o una pesca milagrosa, cada vez que hacemos una corrección en nuestro pensamiento erróneo, dejando nuestro ego atrás para despertar a nuestra mente recta; y con cada milagro vamos recogiendo redes y acercándonos más a nuestra Fuente, tal como habla el ejercicio 260.

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Lección 260 de Un Curso de Milagros

Que recuerde que Dios me creó

1. Padre, yo no me creé a mí mismo, aunque en mi demencia creí que así había sido. No obstante, en cuanto que Pensamiento Tuyo, no he abandonado mi Fuente y sigo siendo parte de Aquel que me creó. Tu Hijo, Padre mío, Te llama hoy. Que recuerde que Tú me creaste. Que recuerde mi Identidad. Y que deje que mí impecabilidad vuelva a alzarse ante la visión de Cristo, a través de la cual deseo hoy contemplar a mis hermanos y contemplarme a mí mismo.
2. Ahora recordamos nuestra Fuente, y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad. Somos en verdad santos porque nuestra Fuente no conoce el pecado. Y nosotros que somos Sus Hijos, somos semejantes los unos a los otros, y semejantes a Él.

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Reflexión: En cada lección ponemos a Dios en nuestro pensamiento, aunque el pensamiento de Dios no es Dios. Hoy lo hacemos recordando que Dios nos creó pues Él es nuestra Fuente. Recordamos también que nuestro propósito es "regresar" a Dios (regresar entre comillas porque nunca nos fuimos de Él pero creímos hacerlo). ¿Cómo regresar a Él?. Para no distraerte del propósito de la lección de hoy, he preferido escribirlo aparte. Lo encontrarás en el post titulado "La pesca milagrosa".

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viernes, 12 de octubre de 2018

Lección 259 de Un Curso de Milagros

Que recuerde que el pecado no existe

1. El pecado es el único pensamiento que hace que el objetivo de alcanzar a Dios parezca irrealizable. ¿Qué otra cosa podría impedirnos ver lo obvio, o hacer que lo que es extraño y distorsionado parezca más claro? ¿Qué otra cosa sino el pecado nos incita al ataque? ¿Qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente de la culpabilidad y exigir castigo y sufrimiento? ¿Y qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente del miedo, al eclipsar la creación de Dios y conferirle al amor los atributos del miedo y del ataque?
2. Padre, hoy no quiero ser presa de la locura. No tendré miedo del amor ni buscaré refugio en su opuesto. Pues el amor no puede tener opuestos. Tú eres la Fuente de todo lo que existe. Y todo lo que existe sigue estando Contigo, así como Tú con ello.

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Reflexión: Hoy entramos a revisar la principal creencia errónea, el pecado, la cual originó la culpa que originó el miedo al castigo y que dio lugar al mundo tal como lo experimentamos. En realidad, todas las creencias son erróneas por cuestión de lo que son, pero unas nos mantienen lejos de la verdad y otras nos acercan a ella. Éstas tres (pecado, culpa y miedo) son las que más nos alejan de la verdad. La creencia en el pecado (el pensamiento "Yo" y el nacimiento del ego) es la causa primigenia del "alejamiento" de Dios y ha sido recogida en la literatura como la expulsión de Adam y Eva del paraíso. La paradoja es que la religión, haciéndonos un flaco favor, nos enseña que el pecado existe y que es la consecuencia de ir contra la Voluntad de Dios, con lo que nos aleja más de Dios. Es una creencia tan bien implantada que si no es la religión, la sociedad se encargará de recordárnosla. El curso la niega tajántemente (y la lógica, si lo piensas, también) pues dice que es imposible ir contra la Voluntad de Dios; es imposible no cumplir Su Voluntad, pero podemos creer que lo hacemos. Ese fue el problema, que creímos poder ir contra la Voluntad del Padre cuando se nos ocurrió la alocada idea (ilusoria) de que podíamos separarnos de Él, pero si Él es omnipotente y omnipresente eso no puede nunca llegar a suceder de ninguna manera. Así que de lo que se trata es de restaurar nuestra cordura y con ella nuestro estado de inocencia liberando a nuestra mente de la creencia en el pecado, en la culpa y el miedo al castigo. Hoy, totalmente convencidos, recordamos la inexistencia del pecado, da igual la autoridad de quien nos venga a decir lo contrario, pues la creencia en él es la barrera que nos separa de Dios, Quien no nos juzga ni nos condena ni quiere que suframos. Él siempre nos acoge con Amor infinito.

Para hoy recomiendo la siguiente lectura adicional que puedes encontrar en el libro de ejercicios.

4. ¿Qué es el pecado?
1. El pecado es demencia. Es lo que hace que la mente pierda su cordura y trate de que las ilusiones ocupen el lugar de la verdad. Y al estar loca, la mente ve ilusiones donde la verdad debería estar y donde realmente está. El pecado dotó al cuerpo con ojos, pues, ¿qué iban a querer contemplar los que están libres de pecado? ¿Para qué iban a querer la vista, el sonido o el tacto? ¿Qué iban a querer oír o intentar asir? ¿Qué necesidad iban a tener de los sentidos? Usar los sentidos es no saber. Y la verdad sólo se compone de conocimiento y de nada más.
2. El cuerpo es el instrumento que la mente fabricó en su afán por engañarse a sí misma. Su propósito es luchar. Mas el objetivo por el que lucha puede cambiar. Y entonces el cuerpo lucha por otro objetivo. Lo que ahora persigue lo determina el objetivo que la mente ha adoptado para substituir a la meta de engañarse a sí misma que antes tenía. La verdad puede ser su objetivo, tanto como las mentiras. Y así, los sentidos buscarán lo que da fe de la verdad.
3. El pecado es la morada de las ilusiones, las cuales representan únicamente cosas imaginarias procedentes de pensamientos falsos. Las ilusiones son la "prueba" de que lo que no es real lo es. El pecado "prueba" que el Hijo de Dios es malvado, que la intemporalidad tiene que tener un final y que la vida eterna sucumbirá ante la muerte. Y Dios Mismo ha perdido al Hijo que ama, y de lo único que puede valerse para alcanzar Su Plenitud es la corrupción; la muerte ha derrotado Su Voluntad para siempre, el odio ha destruido el amor y la paz ha quedado extinta para siempre.
4. Los sueños de un loco son pavorosos y el pecado parece ser ciertamente aterrador. Sin embargo, lo que el pecado percibe no es más que un juego de niños. El Hijo de Dios puede jugar a haberse convertido en un cuerpo que es presa de la maldad y de la culpabilidad, y a que su corta vida acaba en la muerte. Mientras tanto, su Padre ha seguido derramando Su luz sobre él y amándolo con un Amor eterno que sus pretensiones no pueden alterar en absoluto.
5. ¿Hasta cuándo, Hijo de Dios, vas a seguir jugando el juego del pecado? ¿No es hora ya de abandonar esos juegos peligrosos? ¿Cuándo vas a estar listo para regresar a tu hogar? ¿Hoy quizá? El pecado no existe. La creación no ha cambiado. ¿Deseas aún seguir demorando tu regreso al Cielo? ¿Hasta cuándo, santo Hijo de Dios, vas a seguir demorándote, hasta cuándo?

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jueves, 11 de octubre de 2018

Lección 257 de Un Curso de Milagros

Que no me olvide de mi propósito

1. Si me olvido de mi objetivo no podré sino estar confundido e inseguro acerca de quién soy, y así, mis acciones no podrán sino ser conflictivas. Nadie puede estar al servicio de objetivos contradictorios, y servirlo bien. Tampoco puede desenvolverse sin que se abata sobre él una profunda angustia y depresión. Resolvamos hoy, por lo tanto, recordar lo que queremos realmente, para así unificar nuestros pensamientos y acciones de manera que tengan sentido y para llevar a cabo únicamente lo que Dios quiere que hagamos este día.
2. Padre, el perdón es el medio que Tú has elegido para nuestra salvación. No permitas que nos olvidemos hoy de que no tenemos otra voluntad que la Tuya. Y así, nuestro propósito tiene asimismo que ser el Tuyo si queremos alcanzar la paz que Tú has dispuesto para nosotros.
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Reflexión: Esta lección viene a ser una continuación de la anterior: Dios es mi único objetivo hoy, así que, que no me olvide de mi propósito.

Vives en un sueño y ser capaz de recordar que estás soñando y a la vez de recordar quien realmente eres te abre la vía al despertar, pues es cuando recuerdas que puedes practicar el perdón que te sacará del sueño. Sin embargo, si estás muy atrapado en él creyéndote tu personalidad y tus creencias, no te acordarás de perdonar y seguirás atrapado. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Así que tienes que estar muy atento insistiendo en tu propósito para romper ese círculo vicioso. Hoy se te conmina a que no lo olvides y a que no pierdas de vista ninguna ocasión que se te presente para practicar el perdón.
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miércoles, 10 de octubre de 2018

Lección 256 de Un Curso de Milagros

Dios es mi único objetivo hoy

1. La única manera de llegar a Dios aquí es mediante el perdón. No hay otra manera. Si la mente no le hubiese concedido tanto valor al pecado, ¿qué necesidad habría habido de encontrar el camino que conduce a donde ya te encuentras? ¿Quién tendría aún incertidumbre? ¿Quién podría estar inseguro de lo que es? ¿Y quién podría seguir durmiendo entre espesas nubes de duda con respecto a la santidad de aquel que Dios creó libre de pecado? Aquí sólo podemos soñar. Pero podemos soñar que hemos perdonado a aquel en quien todo pecado sigue siendo imposible, y esto es lo que elegimos soñar hoy. Dios es nuestro objetivo, y el perdón, el medio por el que nuestras mentes por fin regresan a Él.
2. Y así es, Padre nuestro, como queremos llegar a ti por el camino que Tú has señalado. No tenemos otro objetivo que oír Tu Voz y hallar el camino que Tu sagrada Palabra nos ha señalado.
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Reflexión: Sólo tu deseo de no querer la paz te separa de ella, pues vives un sueño y tu deseo de permanecer aferrado a él es lo que te priva de la paz. La respuesta a tu sueño es el perdón, no entendido del modo que todo el mundo lo entiende, sino como el de no considerar nada real, no juzgándolo y no reaccionando a ello. El perdón del sueño forma parte del mismo sueño, pero es la única parte del sueño que te saca poco a poco de él, hacia el despertar en el que recordarás a Dios de Quien nunca te separaste. 

En el libro de ejercicios se encuentran varios textos aclarando los términos más significativos que utiliza el curso. Hoy acompaño el relativo al perdón como lectura aconsejada. 

1. ¿Qué es el perdón?
1. El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. Simplemente ve que no hubo pecado. Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados. ¿Qué es el pecado sino una idea falsa acerca del Hijo de Dios? El perdón ve simplemente la falsedad de dicha idea y, por lo tanto, la descarta. Lo que entonces queda libre para ocupar su lugar es la Voluntad de Dios.
2. Un pensamiento que no perdona es aquel que emite un juicio que no pone en duda a pesar de que es falso. La mente se ha cerrado y no puede liberarse. Dicho pensamiento protege la proyección, apretando aún más sus cadenas de manera que las distorsiones resulten más sutiles y turbias, menos susceptibles de ser puestas en duda y más alejadas de la razón. ¿Qué puede interponerse entre una proyección fija y el objetivo que ésta ha elegido como su deseada meta?
3. Un pensamiento que no perdona hace muchas cosas. Persigue su objetivo frenéticamente, retorciendo y volcando todo aquello que cree que se interpone en su camino. Su propósito es distorsionar, lo cual es también el medio por el que procura alcanzar ese propósito. Se dedica con furia a arrasar la realidad, sin ningún miramiento por nada que parezca contradecir su punto de vista.
4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. Simplemente observa, espera y no juzga. El que no perdona se ve obligado a juzgar, pues tiene que justificar el no haber perdonado. Pero aquel que ha de perdonarse a sí mismo debe aprender a darle la bienvenida a la verdad exactamente como ésta es.
5. No hagas nada, pues, y deja que el perdón te muestre lo que debes hacer a través de Aquel que es tu Guía, tu Salvador y Protector, Quien, lleno de esperanza, está seguro de que finalmente triunfarás. Él ya te ha perdonado, pues ésa es la función que Dios le encomendó. Ahora tú debes compartir Su función y perdonar a aquel que Él ha salvado, cuya inocencia Él ve y a quien honra como el Hijo de Dios.
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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...