sábado, 8 de octubre de 2016

¡El secreto del Secreto!

Todo el mundo ha escuchado hablar alguna vez de “El Secreto". Quien lo haya intentado aplicar se habrá llevado una tremenda decepción al comprobar un mes, seis meses o un año más tarde que no funciona, al menos no con el bombo conque lo anuncian. Hay que reconocer que hay un fondo de verdad en ello, porque el fundamento de la idea no es otro que el de la vida misma, pero lo han manipulado para convertirlo en un negocio editorial.
Empecemos por el nombre: “El secreto”. De secreto no tiene nada. Si lo fuera no se difundiría como lo ha hecho. Ha dejado de ser secreto.
Es verdad que somos creativos y que lo que se piensa mucho se termina manifestando, pero sólo relativamente; las cosas requieren su tiempo para cuajar. Además, hay mucha gente pensando que también influye en tu resultado porque no estamos separados. Todo es una combinación de factores, los más desconocidos, que hace que lo que pides resulte difícil de cumplir, cuando no se manifiesta de otra manera. Así que no pierdas el tiempo probando de esta manera o de la otra, o siguiendo tal y cual recomendación.
Te voy a decir el secreto del Secreto. El hecho de desear algo genera tiempo y aleja lo que quieres de ti porque piensas desde la carencia. Si en verdad quieres manifestar algo, no lo quieras manifestar. Es más importante dedicarse a estar presente en el aquí y ahora. Desde el momento presente te sitúas en el lugar más apropiado para generar un estado de paz profundo, más satisfactorio que colmar ningún deseo. Y con seguridad, que cualquier cosa que pienses levemente en ese silencio interior tendrá muchas más probabilidades de que se manifieste que todo lo que trates de pensar si andas con mucho ruido en la cabeza, porque en el silencio interior, un solo pensamiento es un eco resonando en el estado de potencialidad pura. Ya sabes: "Busca primero el reino de Dios y todo lo demás se te dará por añadidura"
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miércoles, 5 de octubre de 2016

Observarse a uno mismo

Ayer estuve feliz pero hoy me siento triste, melancólico. Unos días me siento de una manera y otros días me siento de otra ¿Importa realmente cómo te sientas? Muchas personas le dan mucha importancia a los sentimientos. Si te ven carilargo te dicen inmediatamente que no te pongas así, que cambies la cara, y se empiezan a preocupar y a preguntarte qué te pasa.
Los sentimientos responden casi siempre a que, o bien hemos imaginado algo, o bien nos hemos preguntado y respondido algo sin darnos cuenta; y en ambos casos es porque no estamos suficientemente pendientes de nuestros pensamientos, atentos a nosotros mismos.
Muchas veces estás cabreado y no sabes por qué lo estás. Otras estás triste y no sabes por qué lo estás, y así con muchos otros estados anímicos, pero casi siempre es un malestar de fondo, un descontento ¿verdad? Sin duda has divagado en algún momento y has llegado a una conclusión negativa sin darte cuenta y por eso te sientes mal.
Realmente no importa tanto como te sientas sino vigilar, observarte a ti mismo, estando atento a cómo te sientes. A mí a veces me gusta estar triste y disfruto observándome yo mismo, en silencio profundo. Me encanta observarme y observar al mismo tiempo con melancolía como cae la tarde y los últimos rayos de sol anaranjados van desapareciendo de las copas de los árboles, de lo alto de los edificios y las montañas.
Otras veces me siento malhumorado y sé exactamente por qué, por un pensamiento que tuve, pero no lucho contra esa rabia ni contra mí mismo; no trato de ocultarla sino que la observo y dejo que salga, que se vaya disolviendo poco a poco y me tengo que decir: "paciencia, esto también pasará". Cuando me ocurre esto último tengo por norma no tomar ninguna decisión.
Cuando me siento mal, en general, me tengo prohibido realizar nada que no haría normalmente; no tomo decisiones de ningún tipo y procuro abrir la boca lo menos posible. No se toman buenas decisiones cuando uno no se encuentra emocionalmente bien ni se dicen cosas buenas; menos aún, no se puede esperar hacer nada cabal cuando estás fuera de ti mismo. Entonces es mejor esperar.
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jueves, 29 de septiembre de 2016

La iluminación es un cuento

Por fortuna, el despertar a la consciencia en la mayoría de las personas, pareciera producirse leeentamente. Digo “pareciera” porque sólo lo parece. La consciencia siempre está ahí, escondida tras la mente, aguardando pacientemente que se diluyan los pensamientos; que se despeje el cielo de la mente para que salga el sol, aunque hay un pequeño porcentaje de personas que experimentan ésto de manera súbita. Así de golpe, la iluminación te puede matar del susto, puede que no lo soportes y te vuelvas loco de remate. Es parecido a la famosa fábula de la rana: Cuando una rana (o un sapo) cae dentro de una cazuela con agua muy, muy caliente, ésta salta inmediatamente afuera, si no, tanto sofoco la mata; la rana no soporta un cambio tan brusco. Por eso empezaba diciendo este párrafo "por fortuna". Escogí también la rana (o el sapo), que es un animal muy de fábula, de laboratorio y ensayo para este post porque la iluminación nos parece tan lejana que no deja de parecer un cuento, un mito que muchos quisieran probar y ensayar en un laboratorio.
Decía que creo que es mejor iluminarse despacito. Siguiendo con la fábula, con la misma rana (o sapo) y la misma cazuela pero puestos ambos a fuego lento: La temperatura va subiendo poco a poco y la rana, dentro, no se da realmente cuenta hasta que ya es tarde; si ahora quiere salir ya no puede porque ha entrado en zona de confort y no hay marcha atrás; se ha acostumbrado. Igualmente te vas iluminando, vas teniendo y estirando las cada vez más y más experiencias de presencia o atención plena, interrumpidas por cada vez menos pensamientos del molesto ego que no deja de incordiar, y que en algunos momentos se resistirá como gato (o gata) panza arriba; hasta que un día, sin darte cuenta, te has convertido en un rana-buda ¡Te has frito de consciencia literalmente! ¡También les has cortado las uñas al gato! Afuera nada ha cambiado. Ni siquiera huele a rana cocida ni a gato encerrado, porque sigues llevando tu vida normal y vives en el mismo sitio; a lo sumo la gente que te rodea dice que eres, o te has vuelto, un poco raro. En verdad eres un extraño ser cocinado, una mezcla de rana-buda y gato amansado.
Los adultos tenemos una gran devoción y atracción por los seres iluminados o grandes maestros de la humanidad, un anhelo por ser como ellos; el mismo o más que teníamos de pequeños por las ranas, los gatos, los príncipes y las princesas encantados de los cuentos de hadas, quizás basado en el conocimiento subconsciente de que también nosotros podemos alcanzar esos estados "mágicos" (en el caso de los cuentos, el estado de encantamiento que no de estancamiento) Esa admiración también es debida, en gran parte, a la capacidad que tienen todos estos personajes de resolver problemas físicos contra natura (hacer milagros o romper hechizos maléficos) o de encontrar soluciones a preguntas o situaciones paradójicas con gran muestra de sabiduría (que le pregunten si no al gato con botas), pero sobre todo de vivir felices y comer perdices por el resto de sus días.
Sin embargo, y como decía antes, muy probablemente, después de iluminarte sigas viviendo en el mismo sitio, rodeado de la misma gente y con los mismos problemas. Siguen existiendo asuntos que resolver y tareas que realizar, pero ya no los ves ni los haces de la misma manera; ahora todo es mucho más fácil. Por eso hay un dicho zen que dice: antes de iluminarme, sacar agua del pozo, cortar leña (y cazar ranas) pero sin saber del todo para qué. Después de iluminarte, sacar agua del pozo, cortar leña (y atrapar ranas), pero conscientemente. Ahora sabes que el agua sirve para llenar el cazo de agua que calentarás con la leña que cortas para poner adentro a tu rana ¡todo está conectado! Haciendo una analogía con el cuento de hadas, la princesa (o el príncipe), que es la iluminación, te ha besado y te has transformado en todo lo que puedes ser: un rana-buda (o un sapo-buda), una princesa o un príncipe. ¿Y acaso no lo somos si todos somos hijos del Único Rey?
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domingo, 25 de septiembre de 2016

Big Bang y Agüjeros Negros

Con el Big Bang dio inicio el universo en una gran proyección, una macro-ilusión motivada por el deseo de la gran mente universal. Si estás poseído por el deseo, eres como un big bang: vas por la vida estirándote por aquí y por allá, consiguiendo esto y lo otro, encandilando a los demás, pero cada vez con menos fuerza; aprietas menos y vas dejando atrás espacios de inmenso vacío y oscuridad. Siempre te queda faltando, puesto que cuanto más consigues, más te invade una sensación tremenda de carencia. La expansión hacia afuera necesita mucho empuje, mucha energía, mucho esfuerzo, y llegado un punto, lo empiezas a sentir, te falla la vitalidad, te agotas y te apagas.
No tienes que esperar a que se te acaben las pilas. Si te vuelves como un agujero negro ya no vas a ir por ahí tratando de comerte el mundo, sino que simplemente te aquietas más y más y pasas desapercibido. Has apagado tu máquina de hacer deseos y dejas de correr tras ellos. Te centras en tu SER. Entonces puede ocurrir una cosa muy curiosa (yo la he experimentado). Comienzas a aumentar tu poder de atracción, gradualmente, poco a poco. Lo que antes perseguías y se te esfumaba, ahora se te acerca solo porque has potenciado tu energía y su radio de acción, y termina cayendo dentro de tu campo gravitatorio, como por arte de magia.

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martes, 20 de septiembre de 2016

La iluminación es soltar

Si tienes floja la bombilla del techo y no alumbra, tienes que coger un taburete o una escalera para subirte en ellos y roscarla. Pero cuando lo has hecho y te bajas, no te llevas el taburete o la escalera debajo del brazo por si te vuelven a hacer falta, sino que los dejas en donde los cogiste ¡Hay quien no! Eso es lo que nos sucede a la mayoría de los que andamos el camino espiritual. Algunos hemos apretado la bombilla, pero no nos damos cuenta que ilumina porque nuestra atención todavía sigue puesta en el taburete o las escaleras. Nos hemos apegado a ellos. Hay luz pero no la vemos ¿Por qué? Porque seguimos pensando en los medios auxiliares de los que nos hemos servido, llámense enseñanzas, maestros, remedios, escaleras, taburetes y demás.
Es muy difícil desplazarse con todo eso, tropezándose con todo por todas partes. No te voy a decir que lo dejes ahora, pero cuando rendido llegues al hartazgo, suéltalo sin apego ¡Es un estorbo! Suelta las enseñanzas, suelta los métodos, suelta los libros, suelta a tus maestros, aparta el taburete y regala las escaleras. Ellos no son la iluminación, sólo apuntan hacia ella. Déjalos ir... y verás.
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sábado, 17 de septiembre de 2016

La Alpujarra despierta pasión (III)

(continuación de la Alpujarra despierta pasión I y II)
Quiero escribir aquí una últimas palabras para Onofre ¡Mi gran amigo! Murió de olvido, bueno, de asfixia, escondido. Se metió en un baúl con tanto ahínco que nunca más se acordó de abrirlo.
Tu muerte no ha sido en vano. Has de saber que el dueño de la burra no quería hacerte daño; al revés, quería abrazarte porque de la depresión, tú la metiste y a ella la sacaste. Ahora, después de tu partida, la pobre burra ha vuelto a la misma... situación ¡Está perdida!
Señor, recibe a mi amigo Onofre con la misma pasión conque vivió la vida. 
Onofre, ¡La burra, tus vacas y cabras no te olvidan!

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martes, 13 de septiembre de 2016

¿En qué consiste el trabajo espiritual?

No voy a escribir un artículo largo. No tiene sentido. Voy a ir al grano, a lo que importa para no perdernos en divagaciones inútiles, porque de no divagar se trata. Toma nota. Es muy simple, tan simple que no lo vas a creer. Tan simple que lo rechazarás porque es un puro compromiso de constancia y disciplina, pero la disciplina no agrada, no gusta. Muchos son los llamados y pocos los que se eligen a sí mismos.
Básicamente, el trabajo espiritual consiste en ir al centro de uno mismo, en observarse, y cada vez que te sorprendas divagando, pensando en el pasado o el futuro, dejar ir esos pensamientos y entrar en estado de Presencia o Atención Plena, una y otra vez, indefinidamente, una y otra vez. Eso es todo. Estar aquí y ahora. Y todo lo demás ya llegará por añadidura.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...