lunes, 25 de julio de 2016

No puedo dar lo que no tengo

La lección 187 de Un Curso de Milagros reza: “Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo”. Pero no creas que porque simplemente recites esta frase una y otra vez o la escribas muchas veces realmente estás bendiciendo al mundo. Puede que sí o puede que no. Las palabras solas no hacen nada, expresan una intención, pero no hacen nada si no van acompañadas de algo más. Son palabras muertas que se lleva el viento. 

Analicemos la frase. 

Es condición para bendecir al mundo que yo me bendiga primero a mí mismo; esto es, no se puede dar lo que no se tiene. Primero me tengo que bendecir yo. Si digo que “voy a arreglar el coche” pero no he aprendido mecánica antes, no voy a arreglar ningún coche. Es imposible. De igual modo, si yo no me he bendecido primero, si no me he liberado, si no he despertado a la Presencia, a mí Ser (y eso es lo que significa bendecirse a uno mismo), difícilmente podré bendecir al mundo. Todo serán intenciones. El que pueda entender que entienda.

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domingo, 17 de julio de 2016

El hartazgo nunca te dejará satisfech@

Suena contradictorio pero es así. Mientras tu vida esté saturada de cosas que hacer, nunca estarás satisfech@. Y eso es porque vivir afuera de uno mism@ es una buena manera de mantenerse alejado de lo que es esencial, que es vivir desde adentro de uno mism@, tu propio Ser, tu fuente. En el fondo, vivir hart@ de cosas que hacer es una actitud de huida, una distracción, un no querer verte y no comprenderte a ti mismo mirando afuera, regodeandote en el picor del sarnoso ego. Lo esencial es e-vidente, directo y simple, o como decía el Principito, es "invisible a los ojos" ¿Capishi?

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lunes, 4 de julio de 2016

Para salvar al mundo hay que sentirse bien

¿Has visto alguna de esas películas hollywoodienses donde salvan al mundo? Los protagonistas tienen que enfrentar una situación muy peligrosa de manera heroica, rodeados de muerte, destrucción y sufrimiento; siempre en un estado que procura de todo menos seguridad y tranquilidad. Al final suelen morir los malos que provocaron que casi la Tierra se fuera a tomar viento, pero si los protagonistas son realmente nobles, les perdonan la vida para dejar argumento a una segunda parte. Entonces, como reza la película de James Bond, el mundo nunca es suficiente, y los malos sin rehabilitar vuelven para vengarse, esta vez tratando de destruir todo el sistema solar.

La anterior se corresponde a una descripción fantástica de lo que es salvar el mundo, según el ego, en un cuento sin fin. Pero ¿y si te digo que tú también puedes salvarlo, pero que la acción y emociones en las que te verás envuelto no tienen nada que ver con ningún rollo peliculero?. Dice la lección 186 de UCdM que "De mí depende la salvación del mundo"...

... El perdón es una forma terrenal de amor, que, como tal, no tiene forma en el Cielo. No obstante, lo que aquí se necesite, aquí se concederá. Valiéndote de esta forma puedes desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor significará mucho más para ti cuando se haya restaurado en ti el estado de amorfía. La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. Ésa es tu función aquí". 
(L-186.14.2:6)

Desde un punto de vista de UCdM, salvar y perdonar al mundo es lo mismo. Perdonar no es en el sentido convencional que todos conocemos, sino en el de no conceder realidad a lo que nosotros consideramos tal, pensando sinceramente "esto no importa". ¿Cómo se puede lograr tal nivel de desapego y aplomo? ¡Con lo que está cayendo!. No es probable que se haga por las buenas ciertamente, sino más bien a las duras y las maduras. Quiero decir que uno puede haber recibido tantos golpes que ante la impotencia de no saber como escapar de ellos, uno llegue al punto de decir ¡basta ya!, y se cuestione seriamente (pero que muy seriamente) si no hay otra manera de vivir la vida. Aprendemos a perdonar cuando a base de sufrimiento nos cuestionamos su sentido. Es por ello que el sufrimiento tiene un gran potencial iluminador.

"¿No te das cuenta de que todo tu sufrimiento procede de la extraña creencia de que eres impotente?"
(T-21.VII.1.1)

Lo de sentirse impotente en la frase anterior no se refiere a querer y no poder hacer nada con respecto a algo, sino que hace mención a que somos demasiado permisivos con nuestra mente, nuestros pensamientos y emociones, y eso nos hace creer que somos vulnerables y, por lo tanto, víctimasEs verdad que las cosas suceden, quieras o no, escapando la mayoría de las veces a nuestro control y entendimiento, pero siempre tenemos el poder de elegir qué sentir al respecto; aunque nuestra laxitud mental hace que no lo parezca. 

Es verdad que el sistema en el que vivimos nos ha enseñado a darle prioridad a los hechos por delante de la manera en que los percibimos, de modo que así es como nos dejamos manipular por las emociones, sobre todo por el miedo. Enloquecemos emocionalmente cuando sucede algo que nos produce miedo. Por otro lado también hemos escuchado demasiadas veces que si no sentíamos nada en algunas ocasiones especiales, que si algo no nos provocaba determinadas emociones, éramos fríos, puede que unos monstruos y que no teníamos corazón. ¡Tonterías!

No quiero mezclar sentimientos y emociones. Yo entiendo que la emoción es energía fuera de control y nos enajena. El sentimiento es más una emoción controlada en la que nos podemos observar. Dicho de otra manera, el sentimiento es más inteligencia emocional pues te permites darle forma y expresarlo (¡que se lo digan sino a los poetas!), aceptando e incluso entendiendo aquello que lo causa. Controlar tus emociones y sentimientos te permite conducirte hasta tus pensamientos más profundos y al motivo por el que los piensas. Eso concede un gran autodominio y poder personal.

Y ahora, sabiendo que eres poseedor de ese autodominio, de que no eres impotente, ¿quién quiere sentirse mal?. Es más, ¿para qué sirve sentirse mal?. ¿No es mejor sentirse bien?. Siempre has querido ser feliz y ahora descubres que depende enteramente de ti, de tu actitud, así que ves lo que sucede afuera en el mundo y ya no lo juzgas, lo aceptas como es, y lo perdonas. Has descubierto que perdonar y sentirse bien van juntos. Se derrumbó el mito de que para salvar el mundo tienes que sufrir y pasar por pruebas indecibles, y que sólo el dolor te hará acreedor de la felicidad. ¡Menuda milonga!. Esa es la justificación del ego sólo para salvarse él mismo, pues su manera de sobrevivir es arrasado en lágrimas y desolación bajo promesas de un renacimiento más fuerte dispuesto para la cruel venganza.

La verdadera salvación del mundo nunca puede ser dramática, pues no puede ser que pase a través del mito del sacrificio, ni por encima del cadaver o las cenizas de nadie, por muy justo o necesario que parezca. Como dice UCdM:

La ira nunca está justificada. El ataque no tiene fundamento.
(T-30.VI.1.1:2)

La verdadera salvación sólo ocurre cuando te sientes tan bien de ánimo que puedes perdonar con un sonrisa interior, ya que nada de lo que sucede en tu mundo te puede perturbar en absoluto. 

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viernes, 25 de marzo de 2016

La vida no te juzgará por tu honestidad sino por tu valentía

En un sitio leí el título de este mismo artículo y me quedé pensando sobre su significado, de hecho muy intrigado. No lo entendía. Cuando hablamos de juicios inmediatamente se nos viene al recuerdo el juramento con la mano sobre la Biblia y la frase “juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Estamos hablando de ser honestos, pero ¿dónde queda aquí la valentía? Quizás en tu capacidad para decir la verdad. Hay que ser valiente para ser honesto.

De pequeño, se me insistía mucho en ser buena persona, honrado, honesto, pero no tanto en ser valiente, “un tío echao p’alante”. Aun así me gustaban más las películas de acción y de aventuras, como las de Tarzán, que esas otras aburridas donde el protagonista al final actuaba honestamente, como “Un millón en la basura” protagonizada por José Luis López Vázquez. También me gustaban más los dibujos de Vicky el Vikingo que los de Marco o Heidi. Cuando somos pequeños somos pura expectación, vivimos la vida misteriosamente y no tratamos de entender su significado. La vida es pura experimentación, y para experimentarla en toda su intensidad hace falta dinamismo y valentía al actuar, sin cabeza. Cuando eres pequeño lo que quieres es jugar mucho y no estudiar tanto; correr, esconderte, arrastrarte, dar volteretas, saltar balates, etc.; pero poco a poco los adultos te lavan el cerebro con frases como la de que “estás muy sucio”, “pareces un judas” y “tienes que prepararte y ser un hombre de bien”, “tienes que ganarte la vida el día de mañana”, y así te van aquietando, te maniatan el cerebro, te aplacan, te amoldan, te castran, te roban la vida que ya tienes para darte otra que no lo es; pero dentro de ti quedan reminiscencias de aquella época. El alma se puede ocultar pero no se puede destruir. La valentía a la que me refiero es precisamente la que se necesita para rescatar el alma.

Uno puede ser muy honesto, muy horrando pero si te quedas quieto y oculto por el miedo, probablemente seas un don nadie, un anónimo, un cero a la izquierda. Pero si eres valiente, actúas, te haces escuchar, sales del anonimato y la gente te busca para pedirte cosas. Jesús salió y se relacionó, pregonaba y hacía milagros. No se quedó oculto, guardando su sabiduría para sí mismo. Lo explicaba además con la parábola de los talentos: un señor sale de viaje y deja sus bienes a tres siervos, los tres son honestos, pero el que es premiado al final es el valiente, el que se atreve a invertir y multiplicar sus dones, entendidos éstos como la aptitud o potencial para despertar, mientras que el que tiene miedo y se guarda su potencial para sí, el perezoso, aunque honesto en su respuesta (tuve miedo) es un inútil que es echado a las tinieblas. En realidad es su actitud la que le mantiene en las tinieblas.

Tú puedes ser una persona más o menos honesta pero si no haces nada por despertar, si por comodidad te adaptas al mundo o si tienes miedo de él, si te crees todo lo que te cuentan, si te dejas gobernar y que otros te hagan la vida, a lo sumo quejándote de vez en cuando y nada más, esa misma nada no te servirá para nada; estarás desperdiciado tu vida. La honestidad por sí sola no resuelve nada, sólo reconoce hechos, situaciones, estados, como aquella famosa frase “sólo sé que no se nada”. La honestidad hay que acompañarla de algo más, de un desarrollo, de una experimentación. Uno trae un potencial al momento del nacimiento, tus dones y talentos, de los que habrás escuchado hablar como tus habilidades intelectuales o artísticas; pero yo no los entiendo así. Tu puedes desarrollar esos dones y talentos y seguir muy dormido, de hecho puedes “dormirte en los laureles” si los desarrollas exitosamente. Yo interpreto los dones y talentos como tu potencial, tu fuego interno para despertar, y si no pones ese potencial a trabajar, si no lo alimentas y lo atizas, no lo multiplicarás y no despertarás consciencialmente; “permanecerás en las tinieblas”. Por eso, no vale tanto la honestidad y los talentos mal entendidos como son las riquezas y todas las habilidades intelectuales y artísticas que hayas acumulado a lo largo de tu vida, tanto como la valentía para atreverse a multiplicar tu potencial, tu fuego interior para crear luz adentro y afuera de ti. Al final serás juzgado por esa valentía de la que hablo.


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lunes, 14 de marzo de 2016

Te tengo dos noticias

Tengo dos noticias. Una buena y otra mala. Empecemos por la mala, aunque el que sean buena o mala solo depende de tu punto de vista. Tú juzgarás al final.

La mala noticia es que el amor no existe. Lo que la gente llama amor no es otra cosa que la necesidad o la fantasía, porque necesidad y fantasía son absolutamente lo mismo. Fantaseamos porque creemos que nos hace falta algo. Por ejemplo, en las relaciones sucede lo siguiente: te quiero porque te necesito. Tú suples mi necesidad de compañía en mi soledad y yo la tuya. Tú suples mi ansia de sexo y yo a cambio te ofrezco seguridad material manteniéndote. Tú me haces creer que me importas diciéndome cuanto me quieres y yo te obedezco y te sigo como si fuera tu perro fiel. Y así un montón de distintas combinaciones y posibilidades en un juego de personalidades enfermizas que tratan de llenar sus carencias.

Cuando vives atrapado en una personalidad solo puedes amar desde la carencia. La personalidad es la carencia misma, da igual que la llenes con mucha historia, con muchos títulos, con muchos libros escritos a tu espalda, con muchos amigos, con muchas actividades, con mucho dinero, etc. Nunca la puedes terminar de completar porque es un saco roto. Es también una especie de inercia porque es un estado de olvido, de enajenación, de locura, de sueño sin fin.

No vale la pena sufrir por amor. No vale la pena condicionar tu vida por amor. Por favor, no te rompas si alguien te dice que no te quiere, que no le interesas, que estás errando con él. Comprende que no importa, es un juego, sólo una ilusión.

Si el amor no existe, la buena noticia es que el Amor sí existe. El (verdadero) Amor es real, no es fantasía ni ilusión. Por eso, en este mundo irreal de fantasía, el Amor es incomprendido y rechazado, porque es muy difícil de verlo oculto bajo el gran manto de nuestra personalidad, nuestros pensamientos y nuestros prejuicios.

Sólo el Amor reconoce al Amor. El Amor reside junto a nuestra inocencia. El Amor es un estado de consciencia, de comprensión, de compasión, de sentir, de seer. El Amor no es motivo de intercambio por necesidades; simplemente se da porque emana de sí mismo y radia todo a su alrededor. Y al contrario que con el amor, sí que vale la pena sufrir por Amor, porque cuando sufres por Amor, despiertas más y te haces más grande en el Amor. Por ello merece la pena condicionar tu vida por Amor y romper con tu vieja vida de personalidades múltiples. Ya no te importará que te quieran. Lo que importará es que tú sí Ames.


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sábado, 6 de febrero de 2016

Los tres hombres y el río sagrado

Tres hombres, tras caminar perdidos muchas jornadas y muchas millas, llegaron al borde de un río sagrado. Estaban sudorosos y sedientos después de aquel tan largo viaje, así que pensaron en zambullirse dentro del agua. El primero que no se lo pensó, se despojó de todo lo que tenía y se lanzó de cabeza. El segundo, después de pensárselo un poco, se fue quitando sus pertenencias y las colgó bien visibles de la rama de un árbol para poder bañarse y guardar la ropa, no fuera que se las quitaran. El tercero que se lo pensó aún más, muy indeciso y temeroso creyó finalmente que sería mejor meterse en el agua con todo lo que llevaba puesto, equipaje incluido, pues estaba tan gordo que no le daría tiempo de salir corriendo si alguien le robaba lo que dejaba en la orilla.
El primer hombre, que salió completamente purificado y contento de aquel baño, sin pudor de ningún tipo, desnudo quemó sus ropas para empezar una nueva vida, allí junto aquel río, mientras bailaba alegre alrededor del fuego.
El segundo que también salió con el cuerpo lavado, sin embargo no le duró mucho porque de seguida volvió a vestir sus viejas y malolientes prendas; pensaba que aquel sitio no era adecuado para vivir y que tenía que seguir caminando hacia no se sabe dónde ni para qué.
El tercero desapareció en las profundidades arrastrado por la corriente y ahogado por tanto pesó.

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El reino de los cielos

El Reino de los Cielos se parece a un hombre que caminando con sus artilugios de pesca sobre un lago poco profundo, busca afanado qué comer. Cuando va para acá y para allá agitando las aguas no puede ver más allá de los reflejos del oleaje, y si acaso un leve atisbo del fondo enturbiado. Pero cuando se queda parado, cada vez más, las aguas se van tranquilizando hasta que llegan a un punto tal que se aquietan por completo, tornándose transparentes y lisas como el cristal. Entonces el hombre puede ver nítido a través de su superficie, hasta lo más profundo y conocer todos sus secretos. Y los peces de mil colores que antes huían y se le escapaban, ahora se le acercan y le besan los pies.

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El Viaje de Shimón

  Judea, año 14 d.C. Shimón emprende un viaje hacia Alejandría junto al enigmático Yeshúa, el rabino Eliab y el pragmático Jonatán. Allí co...