lunes, 10 de diciembre de 2018

Lección 285 de Un Curso de Milagros

Hoy mi santidad brilla clara y radiante

1. Hoy me despierto lleno de júbilo, sabiendo que sólo han de acontecerme cosas buenas procedentes de Dios. Eso es todo lo que pido, y sé que mi ruego recibirá respuesta debido a los pensamientos a los que va dirigido. Y en el instante en que acepte mi santidad, lo único que pediré serán cosas dichosas. Pues, ¿qué utilidad tendría el dolor para mí, para qué iba a querer el sufrimiento, y de qué me servirían el pesar y la pérdida si la demencia se alejara hoy de mí y en su lugar aceptara mi santidad?
2. Padre, mi santidad es la Tuya. Permítaseme regocijarme en ella y recobrar la cordura mediante el perdón. Tu Hijo sigue siendo tal como Tú lo creaste. Mi santidad es parte de mí y también de Ti. Pues, ¿qué podría alterar a la Santidad Misma?

* * * 
Reflexión: El sufrimiento tiene su morbo y no es fácil de abandonar. El ego lo busca inconscientemente (y a veces de manera consciente) porque vive de ese sufrimiento y de todo lo que es negativo. El que más y el que menos ha estado enganchado a alguna cosa o situación tóxica alguna vez en su vida. El ego es más que una de esas "cosas", pues es la causa principal y lo que nos mantiene aquí; lo que ocurre es que al ser cosa común tener un ego, se ve normal, forma parte de la personalidad, y cuando se manifiesta de manera muy marcada entonces hablamos que fulano es de tal manera, que mengano es de la otra o que a zutano se le ha ido la olla. El ego es una enfermedad mental, y hasta que no te convenzas de que tienes que sanar de él para ser dichoso, seguirás jugando a su locura. 

Pero debajo de la capa del ego espera tu salvación. Tu santidad es la única alternativa válida al ego, pero tienes que limpiar toda la morralla de pensamientos que lo conforma impidiéndote llegar hasta ella. Imagina que quieres ver tu santidad clara y radiante y que portas unas gafas sucias, tu base de referencia, el ego. Para verla puedes hacer dos cosas: limpiar las gafas o quitártelas directamente. A nadie le entusiasma la idea pues, el hecho de desprenderse de las gafas (que dicho sea de paso nos hace sentir especiales) para ver la verdad pura y dura de repente, ¡atemoriza!. Pero puedes optar por una solución "progresiva" que consiste en ir limpiando las lentes un poquito todos los días. Con el ejercicio de hoy seguimos limpiando las gafas con un pañito de perdón (metafóricamente hablando).

No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. Lo único que es urgente es desencajar a tu mente de la posición fija que ha adoptado aquí. Ello no te dejará desamparado ni desprovisto de un marco de referencia. El período de desorientación, que precede a la transición en sí, es mucho más corto que el tiempo que tardaste en fijar tu mente tan firmemente en las ilusiones. 
(T-16.VI.8.1:5)

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sábado, 8 de diciembre de 2018

Lección 284 de Un Curso de Milagros

Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor

1. Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correctamente. El dolor es imposible. No hay pesar que tenga causa alguna. Y cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño. Ésta es la verdad, que al principio sólo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces, se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. Más tarde se considera seriamente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad. Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor. Y hoy deseo ir más allá de las palabras y de todas mis reservas, y aceptar plenamente la verdad que reside en ellas.
2. Padre, lo que Tú me has dado no puede hacerme daño, por lo tanto, el sufrimiento y el dolor son imposibles. Que mi confianza en Ti no flaquee hoy. Que acepte como Tu regalo únicamente aquello que produce felicidad y que acepte como la verdad únicamente aquello que me hace feliz.
* * * 
Reflexión: La clave en el título de la lección hoy es que te recuerda que tienes el poder de decidir. Eso no significa que puedas elegir lo que va a pasar en tu vida. Aunque aparente ser lo contrario, no dispones de una voluntad propia separada de la vida misma para decidir que ocurran las cosas que tú quieras. Eso sí, puedes decidir plenamente como tomarlas, lo cual tiene que ver con lo que piensas acerca de ellas y los sentimientos que te generan. 

Todo lo que sucede y cómo sucede (la forma que adopta la vida a tu alrededor) es totalmente insustancial porque es el sueño de la mente mayor dormida, de la que sí, es verdad, tu eres parte. Tú eres el soñador soñándose a sí mismo restringido a tu personaje quien se siente enclaustrado en un cuerpo el cual es tu punto de vista y tu medio de interacción. El dolor y el placer en él dan fe de su existencia. 

El dolor exige atención, quitándosela así al Espíritu Santo y centrándola en sí mismo. Su propósito es el mismo que el del placer, pues ambos son medios de otorgar realidad al cuerpo. Lo que comparte un mismo propósito es lo mismo. Esto es lo que estipula la ley que rige todo propósito, el cual une dentro de sí a todos aquellos que lo comparten. El placer y el dolor son igualmente ilusorios, ya que su propósito es inalcanzable. Por lo tanto, son medios que no llevan a ninguna parte, pues su objetivo no tiene sentido. Y comparten la falta de sentido de que adolece su propósito.
(T-27.VI.1.3:9)

Desde la ubicación que crees ocupar en el cuerpo proyectas deseos y luego realizas interpretaciones en base a tus creencias, con lo que haces que las cosas que parecen sucederte cobren realidad y te duelan o te causen alegría, sin darte cuenta que es así que tú decides sentirlo. Mientras permaneces dormido sigues inconscientemente este juego de ilusión de la mente mayor, renegando de tu poder el cual has olvidado, y privándote tú mismo de la libertad y la dicha que te puede ofrecer la verdad.

Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.
(T-22.II.1.5:6)

Darte cuenta de que puedes elegir lo que sientes es un gran avance en tu desarrollo personal porque habrás adquirido poder sobre tus sentimientos, pudiéndote comportar con cierto dominio de ti mismo donde otros son víctimas de sus emociones. Pero a pesar de que adquieras esa habilidad y de que por ello te sientas especial, si no despiertas seguirás atrapado en el sueño y siendo víctima de la vida, pues ésta se abalanzará finalmente sobre ti con su último zarpazo. 

Pero tratar de ser especial siempre te ocasionará dolor. Pues es una meta que se opone a la salvación, y, por lo tanto, va en contra de la Voluntad de Dios.
(T-24.II.2.7:8)

Lo que es fundamental es que puedas advertir que puedes elegir a qué parte de la mente quieres seguir, si a la mente dormida tejedora de sueños (ego), o a la mente recta (E.S.). Sólo esta última te puede liberar de la esclavitud de los conflictos que el mundo te trae y de la muerte. 

Lo que a ti te hace dichoso le causa dolor al ego, y mientras tengas dudas con respecto a lo que eres, seguirás confundiendo la dicha con el dolor. Esta confusión es la causa del concepto de sacrificio. Obedece al Espíritu Santo, y estarás renunciando al ego. Pero no estarás sacrificando nada. Al contrario, estarás ganándolo todo. Si creyeses esto, no tendrías conflictos.
(T-7.X.3)

La lección de hoy te dice que hagas uso de tu poder de elección observando los pensamientos que en tu mente errónea te causan dolor para descartarlos como lo que son, ilusiones; lo anterior ubicándote en tu mente recta, que es lo que es verdad en ti pues lo compartes con Dios.

El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo. No importa cuál sea la forma del ataque, eso sigue siendo verdad. No importa quién desempeñe el papel de enemigo y quién el de agresor, eso sigue siendo verdad. No importa cuál parezca ser la causa de cualquier dolor o sufrimiento que sientas, eso sigue siendo verdad. Pues no reaccionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando. No importa cuán odiosas y cuán depravadas sean, no podrían tener efectos sobre ti a no ser que no te dieses cuenta de que se trata tan sólo de tu propio sueño.
(T-27.VIII.10)

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jueves, 6 de diciembre de 2018

Lección 283 de Un Curso de Milagros

Mi verdadera Identidad reside en Ti

1. Padre, forjé una imagen de mí mismo, y a eso es a lo que llamo el Hijo de Dios. Mas la creación sigue siendo como siempre fue, pues Tu creación es inmutable. No quiero rendirle culto a ningún ídolo. Yo soy aquel que mi Padre ama. Mi santidad sigue siendo la luz del Cielo y el Amor de Dios. ¿Cómo no va a estar a salvo lo que Tú amas? ¿No es acaso infinita la luz del Cielo? ¿No es Tu Hijo mi verdadera Identidad, toda vez que Tú creaste todo cuanto existe?
2. Ahora todos somos uno en la Identidad que compartimos, ya que Dios nuestro Padre es nuestra única Fuente, y todo lo creado forma parte de nosotros. Y así, le ofrecemos nuestra bendición a todas las cosas y nos unimos amorosamente al mundo, el cual nuestro perdón ha hecho que sea uno con nosotros.
* * * 
Reflexión: El concepto de algo no es ese algo. El dedo que apunta a la luna no es la luna. Sin duda esta confusión es el principal obstáculo a la hora de lidiar con lo que persigue el curso que no es más que recordar quienes somos, de ahí el propósito de los ejercicios los cuales tratan de elevar nuestro entendimiento del Hijo de Dios desde el simple concepto teórico del ego, hasta la consecución de la iluminación y el recuerdo de la realidad. Ni lo que es la realidad ni lo que es el Hijo de Dios es algo que el ego pueda comprender.

El ego no entiende lo que es la mente y, por lo tanto, no entiende lo que eres tú. Su existencia, sin embargo, depende de tu mente porque el ego es una creencia tuya. El ego es una confusión con respecto a tu identidad. 
(T-7.VIII.4.5:7)

La comprensión de tu identidad pasa por despejar la mente de creencias que sólo añaden confusión cuando quieres recordar. Al ir eliminando dichas creencias se socavan las bases del ego el cual sentirá un gran vacío y mucho miedo. La situación entonces requerirá del uso de la fe pues vamos abandonando los apoyos del ego para apoyarnos cada vez más en la guía invisible de Aquel que sabe (E.S.). Entonces se empiezan a producir señales (milagros), ventanas en la dimensión espacio-temporal de tu mente que te empiezan a mostrar lo que es verdad en ti, tu identidad. Tu fe se incrementa entonces más y más.

Ten por seguro que nunca perdiste tu Identidad, ni tampoco las extensiones que la mantienen en un estado de plenitud y de paz. Los milagros son expresiones de esta certeza. Son a la vez reflejos de tu correcta identificación con tus hermanos, así como de tu conciencia de que esta identificación se conserva mediante la extensión.
(T-7.IX.7.1:3)

La separación existente entre ilusión (estado de disociación) y realidad, o lo que es lo mismo, entre el ego y tu verdadera identidad, es una nube compuesta de pensamientos y creencias que se alzan como un muro dentro de tu mente. Crees que ese muro te protege de lo que hay al otro lado, y el miedo que sientes es lo que te impide estar en paz aquí. Nunca te atreverás a cruzarlo si crees que del otro lado vas a estar peor que dónde estás.

¿Podrías estar en paz estando separado de tu identidad? La disociación no es una solución: es algo ilusorio. Los ilusos creen que la verdad los va a agredir, y no la reconocen porque prefieren lo ilusorio. Al juzgar a la verdad como algo indeseable, perciben entonces sus propias ilusiones, las cuales obstruyen el conocimiento.
(T-8.V.1.1:4)

Si quieres recordar tu identidad tienes que atreverte a desmontar creencia a creencia ese muro divisor. Una de las más importantes, si no la más, que conforman la base de dicho muro es la de la separación. Debes dejar de sentirte separado y desconectado de los "otros" pues no hay "otros". 


Recuerda siempre que tu Identidad es una Identidad compartida, y que en eso reside Su realidad.
(T-9.IV.1.6)

Al igual que tú, tu hermano cree que él es un sueño. No compartas con él su ilusión acerca de sí mismo, pues tu identidad depende de su realidad. Piensa en él más bien como una mente en la que todavía persisten las ilusiones, pero con la que tienes una relación fraternal.
(T-28.IV.3.1:3)

En la relación santa el muro separador ha desaparecido porque realizas la función que el E.S. te asignó cuando viniste aquí, la cual es perdonar. Ya hemos dicho que perdonar es pasar por alto lo ilusorio, corregir en tu mente la percepción errónea en favor de la verdad.

Aquellos que se han unido a sus hermanos han abandonado la creencia de que su identidad reside en el ego. Una relación santa es aquella en la que te unes con lo que en verdad forma parte de ti.
(T-21.IV.3.4:5)

Identidad y función son una misma cosa, y mediante tu función (perdonar) te conoces a ti mismo.
(T-27.II.10.6)


Al perdonar corregirás tu mente errónea o dormida, para darte cuenta de que tu verdadera identidad ha residido siempre en tu mente sana o mente crística, la cual compartes con el E.S.

Cuando percibas que la corrección es lo mismo que el perdón, sabrás también que la Mente del Espíritu Santo y la tuya son una. Y de esta manera, habrás hallado tu propia Identidad.
(T-27.II.12.2:3)

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martes, 4 de diciembre de 2018

Lección 282 de Un Curso de Milagros

Hoy no tendré miedo del amor

1. Sólo con que pudiese comprender esto hoy, el mundo entero se salvaría. Pues es la decisión de abandonar la locura y de aceptarme tal como Dios Mismo, mi Padre y mi Fuente, me creó. Es la resolución de no seguir dormido en sueños de muerte, mientras la verdad sigue viviendo eternamente en el júbilo del amor. Y es asimismo la resolución de reconocer al Ser que Dios creó como el Hijo que Él ama, el Cual sigue siendo mi única Identidad.
2. Padre, Tu Nombre, al igual que el mío, es Amor. Ésa es la verdad. ¿Y es posible acaso cambiar la verdad dándole simplemente otro nombre? El nombre del miedo es simplemente un error. Que hoy "no" tenga miedo de la verdad.(*)
(*)Nota: En la versión española del curso existe una errata o error de traducción del inglés pues dice: "Que hoy tenga miedo de la verdad" cuando lo que quiere decir es que no se tenga miedo a la verdad.

* * *
Reflexión: No puedes entender la lección de hoy si no conoces antes lo que es el amor. Por supuesto me que refiero al verdadero amor. Pero ¿qué es el amor?. El amor es un estado de conciencia que te permite ver la verdad, sin culpa y sin miedo. El amor también eres tú, tu auténtico ser, lo indescriptible de ti. Quizás te cueste comprenderlo tal como lo he explicado. A veces resulta más fácil explicar lo que "no es" para entender lo que "sí es", así que voy a hacerlo nuevamente aclarando lo que "no es amor". 

El amor no es ningún tipo de fantasía o ilusión acerca de ti, de otros o de algo. Lo que te puede causar miedo, decepción, odio o expectativas no es amor. Sé que para muchos puede sonar decepcionante o extraño, pero es así:

¿No te gustaría poder pasar del miedo al amor? Pues tal parece ser la travesía. El amor te llama, pero el odio quiere retenerte. No escuches la llamada del odio ni veas ninguna fantasía. Pues tu compleción radica en la verdad y sólo en la verdad. En cada llamada del odio y en cada fantasía que surge para demorarte, ve sólo la petición de ayuda que se eleva incesantemente desde ti a tu Creador. ¿Cómo no habría Él de responder si tu compleción supone la Suya? Él te ama sin ilusión alguna, tal como tú no puedes sino amar también. Pues el amor está totalmente exento de ilusiones, y, por lo tanto, libre de miedo.
(T-16.IV.11.1:9) 

Lo siguiente que voy a explicar quizás te pueda sonar aún más sorprendente (incluso blasfemo) que lo anterior porque todos hemos escuchado decir hasta la saciedad que Dios entregó a Su Hijo en la cruz por amor al mundo y por nuestra salvación. Un Curso de Milagros contradice lo anterior porque, en primer lugar, Dios es completamente ajeno a este mundo y por lo tanto, no pudo entregar a nadie. En segundo lugar, el amor no tiene nada que ver con el sacrificio, sino todo lo contrario.

El sacrificio es un elemento tan esencial en tu sistema de pensamiento, que la idea de salvación sin tener que hacer algún sacrificio no significa nada para ti. Tu confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que te resulta imposible concebir el amor sin sacrificio. Y de lo que debes darte cuenta es de lo siguiente: el sacrificio no es amor, sino ataque. Sólo con que aceptases esta idea, tu miedo al amor desaparecería. Una vez que se ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad. Pues si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane. Y la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué. 
(T-15.X.5.7:13)

El sacrificio produce miedo y el miedo va contra el amor. Es como ir a que te empasten una muela y pedirle al dentista que no te ponga anestesia porque la vas a salvar y tienes que sufrir por ello. O es también como aferrarte indefinidamente a una relación donde sufres de malos tratos porque crees que tu sufrimiento te va a redimir. Ambos ejemplos son una muestra de locura pues generan culpa en quien provoca el dolor y miedo en quien lo sufre. El sufrimiento es realmente innecesario y es una fuente de alimentación para el ego quien se nutre de la culpabilidad y el temor que genera. Si soportas, toleras o incluso si ves bien el sufrimiento es porque todavía te atrae más la culpabilidad y el dolor que el amor. No sabes lo que es el verdadero amor.

La atracción de la culpabilidad hace que se le tenga miedo al amor, pues el amor nunca se fijaría en la culpabilidad en absoluto. La naturaleza del amor es contemplar solamente la verdad -donde se ve a sí mismo- y fundirse con ella en santa unión y en compleción. De la misma forma en que el amor no puede sino mirar más allá del miedo, así el miedo no puede ver el amor. Pues en el amor reside el fin de la culpabilidad tan inequívocamente como que el miedo depende de ella. El amor sólo se siente atraído por el amor. Al pasar por alto completamente a la culpabilidad, el amor no ve el miedo. Al estar totalmente desprovisto de ataque es imposible que pueda temer. El miedo se siente atraído por lo que el amor no ve, y ambos creen que lo que el otro ve, no existe. El miedo contempla la culpabilidad con la misma devoción con la que el amor se contempla a sí mismo. Y cada uno de ellos envía sus mensajeros, que retornan con mensajes escritos en el mismo lenguaje que se utilizó al enviarlos.
(T-19-IV.A.i10)

Así que, si tienes miedo, vives en y para las ilusiones por lo que no podrás amar. Por eso es que la lección de hoy dice que no debes tener miedo al amor.

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domingo, 2 de diciembre de 2018

Lección 281 de Un Curso de Milagros

Nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño

1. Padre, Tu Hijo es perfecto. Cuando pienso que algo o alguien me ha hecho daño, es porque me he olvidado de quién soy y de que soy tal como Tú me creaste. Tus Pensamientos sólo pueden proporcionarme felicidad. Si me siento triste, herido o enfermo, es porque he olvidado lo que Tú piensas, y he implantado mis absurdas ideas en el lugar donde a Tus Pensamientos les corresponde estar, y donde están. Nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño. Los Pensamientos que pienso Contigo sólo pueden bendecir, y sólo ellos son verdad.
2. Hoy no me haré daño a mí mismo. Pues me encuentro mucho más allá de cualquier dolor. Mi Padre me puso a salvo en el Cielo y vela por mí. Y yo no quiero atacar al Hijo que Él ama porque lo que Él ama es también objeto de mi amor.

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Reflexión: Echar la culpa a "los demás" de tus males y sufrimientos es la mejor manera de perpetuarlos, manteniendo vigente la creencia en la separación e impidiendo tu crecimiento y despertar. De esta manera el ego consigue su propósito de parasitarte bajo sus pensamientos haciendo que te resulte imposible de creer que no exista la injusticia y que tú no seas víctima del mundo.

Sufrir es poner énfasis en todo lo que el mundo ha hecho para hacerte daño. En esto puede verse claramente la versión descabellada que el mundo tiene de la salvación. Al igual que en un sueño de castigo en el que el soñador no es consciente de lo que provocó el ataque contra él, éste se ve a sí mismo atacado injustamente, y por algo que no es él. Él es la víctima de ese "algo", una cosa externa a él, por la que no tiene por qué sentirse responsable en absoluto. Él debe ser inocente porque no sabe lo que hace, sino sólo lo que le hacen a él. Su ataque contra sí mismo, no obstante, aún es evidente, pues es él quien sufre. Y no puede escapar porque ve la causa de su sufrimiento fuera de sí mismo.
(T-27.VII.1)

¿Hay una salida a esta situación?. Sí, por supuesto. La vas a entender con un ejemplo. Imagina que estás sosteniendo una cerilla y que miras fijamente su llama, hipnotizad@. Das por hecho que es ella la que te está proveyendo de luz y calor, así que te niegas a soltarla, aunque te está quemando los dedos y te produce un tremendo dolor. Te sientes víctima de la vida porque ésta te hace sufrir para conseguir "lo que te hace falta". Tu hipnosis no te ha permitido darte cuenta de que estás bajo el sol. Él es el que te aporta lo que crees que viene de la cerilla.

Ahora se te está mostrando que sí puedes escapar. Lo único que necesitas hacer es ver el problema tal como es, y no de la manera en que lo has urdido. ¿Qué otra manera podría haber de resolver un problema que en realidad es muy simple, pero que se ha envuelto en densas nubes de complicación, concebidas para que el problema siguiera sin resolverse? Sin las nubes, el problema se vería en toda su elemental simplicidad. La elección, entonces, no sería difícil porque una vez que el problema se ve claramente, resulta obvio que es absurdo. Nadie tiene dificultad alguna en dejar que un problema sencillo sea resuelto si ve que le está haciendo daño y que se puede resolver fácilmente.
(T-27.VII.2)

Elévate por encima de todos los pensamientos del ego los cuales solo vienen a confundirte. Entonces podrás advertir que la solución se encuentra en una simple elección, pues es el aferrarte a tu victimismo lo que te causa tanto sufrimiento. Si algo te hace daño, suéltalo. Así de simple.

Sumérgete en la más profunda quietud por un instante. Ven sin ningún pensamiento de nada que hayas aprendido antes, y deja a un lado todas las imágenes que has inventado. Lo viejo y decrépito se derrumbará ante lo nuevo tanto si te opones a ello como si lo apoyas. Ninguna de las cosas que consideras valiosas y dignas de tus atenciones será atacada. Tampoco se atacará tu deseo de oír un llamamiento que jamás existió. Nada te hará daño en este santo lugar adonde vienes a escuchar en silencio y a aprender qué es lo que realmente quieres. Esto será lo único que se te pedirá aprender. Mas al oírlo, comprenderás que lo único que necesitas hacer es abandonar los pensamientos que ya no deseas y que nunca fueron verdad. 
(T-31.II.8)
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viernes, 30 de noviembre de 2018

Lección 280 de Un Curso de Milagros

¿Qué limites podría imponerle yo al Hijo de Dios?

1. Aquel que Dios creó ilimitado es libre. Puedo inventar una prisión para él, mas sólo en ilusiones, no en la realidad. Ningún Pensamiento de Dios ha abandonado la Mente de su Padre, ningún Pensamiento de Dios está limitado en modo alguno; ningún Pensamiento de Dios puede dejar de ser eternamente puro. ¿Puedo acaso imponerle límites al Hijo de Dios, cuando su Padre dispuso que fuese ilimitado y semejante a Él en libertad y amor?
2. Hoy quiero rendir honor a Tu Hijo, pues sólo así puedo encontrar el camino que me conduce hasta Ti. Padre, no le impondré límite alguno al Hijo que Tú amas y que creaste ilimitado. El honor que le rindo a él Te lo rindo a Ti, y lo que es para Ti es también para mí.

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Reflexión: ¿Qué es un pensamiento de Dios?. Un pensamiento de Dios no es pensar en Dios ni es ningún otro pensamiento de los que tú puedas tener. Un pensamiento de Dios eres tú, pero no tu personalidad ni tu cuerpo, no. El pensamiento de Dios es tu ser, lo que es eterno en ti y te hace invulnerable y eterno. El pensamiento de Dios es lo que es igual a Dios en ti. ¿Y puedes tú poner límites a lo que es igual a Dios siendo creación Suya?. Lo pregunto de otra manera: ¿Puedes limitar a Dios?. Sólo imaginariamente, en tus fantasías. Todos los días lo estás haciendo cuando te quejas o te sientes víctima, cuando te aburres, cuando piensas mal, cuando piensas que no puedes, cuando estás triste y te deprimes por cualquier cosa, cuando te enfadas, cuando te identificas con tu cuerpo y te sientes enfermo, etc. Como ves, siempre hay algún tipo de pensamiento del ego detrás de todas estas actitudes. Porque son tus propios pensamientos los que te limitan; pensamientos procedentes de tus creencias y a su vez causados por tus deseos. Lo único que te sigue limitando es tu deseo de ser lo que no eres.


El ego es el que exige límites, y éstos representan sus exigencias de querer empequeñecer e incapacitar.
(T-15.IX.4.3)

Has establecido límites. Lo que pides se te concede, pero no por el Dios que no conoce límites. Sólo tú te has limitado a ti mismo. 
(T-30.VIII.3.6:8)

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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Lección 279 de Un Curso de Milagros

La libertad de la creación garantiza la mía

1. Se me ha prometido el fin de los sueños porque el Amor de Dios no abandonó a Su Hijo. Únicamente en sueños parece él estar aprisionado, en espera de una libertad futura, si es que ésta ha de llegar. Pero en realidad sus sueños ya se acabaron, y la verdad ocupa su lugar. Ahora él es libre. ¿Por qué he de seguir esperando mi libertad encadenado, cuando ya he sido liberado de mis cadenas y Dios me ofrece la libertad ahora?
2. Hoy aceptaré Tus promesas y depositaré mi fe en ellas. Mi Padre ama a aquel a quien creó como Su Hijo. ¿Me negarías, entonces, los regalos que me hiciste?
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Reflexión: Recuerdo que una vez estaba en lo alto de un montaña de arena. De pronto observé como se producía un desplazamiento en uno de sus laterales y la arena empezó a hundirse bajo mis pies mientras yo caía. No sé cuanto tardé en llegar abajo pero parecieron transcurrir varios segundos. Al sentir un tremendo dolor, desperté pues me había caído de la cama golpeándome contra el suelo. No había tardado medio segundo en aterrizar pero en el sueño parecía que todo hubiera transcurrido mucho más despacio. Mi subconsciente, en cuanto sintió el vacío bajo mi cuerpo, tuvo tiempo de urdir todo el sueño. 

No existe un sólo nivel de sueño, pues el que tenemos por la noche está dentro de este otro sueño que todos nosotros llamamos realidad. Este fenómeno está muy bien descrito en la película "Origen" del director Christopher Nolan y protagonizada por Leonardo di Caprio, la cual te recomiendo que veas. 

Dentro de cada nivel de sueño el tiempo parece transcurrir mucho más lento que en el nivel que le precede. Si el nivel de sueño es éste, el que tú consideras "tu realidad", imagina que en el inmediato superior todo ocurriría en un abrir y cerrar de ojos. Pero lo que dice UCdM al respecto es que el nivel superior a éste no es otro nivel de sueño, sino la realidad misma y la eternidad. ¡Todo el sueño del mundo transcurre en un sólo instante de la eternidad pues la eternidad es "Ahora"!. Por eso la lección de hoy dice que tus sueños ya se han acabado, que ésto que estás viviendo en realidad ya ha sucedido, y que por eso puedes liberarte en cualquier momento de ello. No tienes que esperar a darte un batacazo y tener que sufrir un montón para despertar del sueño del mundo. Puedes ser libre ahora mismo pues la libertad de la creación (el Cielo libre de sueños y tiempo) garantiza tu propia libertad porque tú realmente nunca lo has abandonado.

Adjunto algunos fragmentos del libro de texto cuya lectura apoyan la comprensión del ejercicio de hoy.

Tanto el tiempo como la eternidad se encuentran en tu mente, y estarán en conflicto hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eternidad.
(T-10.Introducción.1.2)

Pero la Expiación, en cuanto que plan que ya se ha completado, tiene una relación única con el tiempo. Hasta que la Expiación no se complete, sus diversas fases evolucionarán en el tiempo, pero la Expiación en su totalidad se encuentra al final del tiempo. En ese punto el puente de retorno ya se ha construido.
(T-2.II.6.8:10)

Dios en Su conocimiento no está esperando, pero a Su Reino le falta algo mientras tú esperes. Todos los Hijos de Dios están esperando tu retorno, tal como tú estás esperando el suyo. En la eternidad las demoras no importan, pero en el tiempo son ciertamente trágicas. Has elegido estar en el tiempo en vez de en la eternidad, y, por consiguiente, crees estar en el tiempo. Sin embargo, tu elección es a la vez libre y modificable. No te corresponde estar en el tiempo. Te corresponde estar únicamente en la eternidad, donde Dios Mismo te ubicó para siempre.
(T-5.VI.1)

El tiempo en sí es algo que tú elegiste. Si quieres recordar la eternidad, debes contemplar sólo lo eterno. Si permites que lo temporal te preocupe, estarás viviendo en el tiempo. Como siempre, tu elección estará determinada por lo que valores. El tiempo y la eternidad no pueden ser ambos reales porque se contradicen entre sí. Sólo con que aceptes lo intemporal como lo único que es real, empezarás a entender lo que es la eternidad y a hacerla tuya.
(T-10.V.14.4:9)

Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad. Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe. En él nada del pasado te puede afectar, y es en él donde te encuentras completamente absuelto, completamente libre y sin condenación alguna. Desde este instante santo donde tu santidad nace de nuevo, seguirás adelante en el tiempo libre de todo temor y sin experimentar ninguna sensación de cambio con el paso del tiempo.
(T-15.I.9.4:7)

Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar poder cambiar de parecer tan radicalmente, pregúntate a ti mismo: "¿Es mucho un instante?" ¿No le ofrecerías al Espíritu Santo un intervalo de tiempo tan corto para tu propia salvación? Él no te pide nada más, pues no tiene necesidad de nada más. Requiere mucho más tiempo enseñarte a que estés dispuesto a darle a Él esto, que lo que Él tarda en valerse de ese ínfimo instante para ofrecerte el Cielo en su totalidad. A cambio de ese instante, Él está listo para darte el recuerdo de la eternidad.
(T-15.I.11)

El tiempo es tu amigo sí lo pones a la disposición del Espíritu Santo. Él necesita muy poco para restituirte todo el poder de Dios. Aquel que transciende el tiempo por ti, entiende cuál es el propósito del tiempo. La santidad no radica en el tiempo, sino en la eternidad. Jamás hubo un solo instante en el que el Hijo de Dios pudiese haber perdido su pureza. Su estado inmutable está más allá del tiempo, pues su pureza permanece eternamente inalterable y más allá del alcance del ataque. En su santidad el tiempo se detiene, y deja de cambiar. Y así, deja de ser tiempo. Pues al estar atrapado en el único instante de la eterna santidad de la creación de Dios, se transforma en eternidad. Da el instante eterno, para que en ese radiante instante de perfecta liberación se pueda recordar la eternidad por ti. Ofrece el milagro del instante santo por medio del Espíritu Santo, y deja que sea Él Quien se encargue de dártelo a ti.
(T-15.I.15)

¿Cuánto tiempo se puede tardar en llegar allí donde Dios quiere que estés? Pues ya estás donde siempre has estado, y donde has de estar eternamente. Todo lo que tienes, lo tienes para siempre. 
(T-15.II.3.1:3)

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Lo que Crees que es Verdad

  Pero el camino hacia esa libertad interior apenas ha comenzado. Los jóvenes protagonistas emprenden un viaje aún más decisivo que el del ...